26 octubre, 2026

El Milenio

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“Munchausen» y la autogestión de una comedia histórica

Tras más de una década de amistad y trabajo compartido, Nicolás Torres y Maximiliano Sánchez dieron forma al grupo teatral “Munchausen" y estrenaron su primera producción original. Escrita, dirigida, protagonizada y producida íntegramente por ambos, la propuesta combina humor, absurdo y referencias históricas en una experiencia pensada para espectadores de todas las edades.

Por: Martín Aliaga, Ignacio Bustos y Matías de la Rúa 4° IMVA –  Juliana Atea y Frida Zacchino 4° IENM.


Llevar una obra de teatro al escenario implica mucho más que actuar. Detrás de cada función hay meses de escritura, ensayos, decisiones compartidas y un proceso creativo donde las ideas se transforman en personajes y escenas. Cuando, además, quienes suben al escenario son también quienes imaginan y dirigen el proyecto, el desafío se multiplica.

Ese fue el camino que emprendieron Nicolás Torres y Maximiliano Sánchez, dos actores que se conocieron en 2013, cuando ambos fueron convocados para participar en una misma obra. 

Años más tarde volvieron a coincidir en otro proyecto, esta vez en una obra escrita y dirigida por Sánchez, experiencia que terminó de consolidar el vínculo y dio lugar a la idea de armar un grupo teatral propio: Munchausen. 

La decisión estuvo atravesada en parte por el impacto que la pandemia tuvo sobre la actividad cultural. Con los escenarios cerrados durante un largo período y la incertidumbre sobre el regreso del público, ambos sintieron la necesidad de volver a crear cuando la actividad comenzó a reactivarse, según explicó el actor. 

A ese impulso se sumó otro motivo igual de importante: hacer el tipo de teatro que ellos mismos disfrutarían como espectadores. Al respecto, Torres rememoró que el objetivo fue “hacer algo que guste a los dos, algo que querramos ir al teatro a ver».

Desde allí, trabajaron en el nombre del grupo y se inspiraron en el Barón de Münchausen, un personaje histórico convertido en protagonista de relatos fantásticos, en el que la dupla encontró una referencia que dialoga con la identidad del proyecto. Admiradores del cine de Terry Gilliam y de sus películas, vieron en la adaptación que el director realizó sobre este personaje una fuente de inspiración. «Münch y Hausen, nuestros personajes, retoman al Münchausen con la locura y la extravagancia», explicó Torres.

Recientemente, el grupo estrenó en la Sala Cronopios su primera producción original, “Münch y Hausen Copistas», una obra escrita, dirigida, protagonizada y producida íntegramente por ambos.

El Milenio: La obra nos traslada a Viena de 1824 para mostrar a dos copistas musicales ¿De dónde surge este concepto histórico?

Nicolas Torres: Cuando decidimos escribir una obra, pensamos ¿de qué va a hablar? ¿Qué vamos a escribir? ¿Qué vamos a hacer? Pensamos en alguna temática que nos guste y a los dos nos gusta la música clásica y Beethoven. La biografía de Beethoven es media aburrida, medio obvia y difícil de hacer, pero aun así queríamos algo que tenga que ver con él y así surgió la idea de dos personas. Beethoven no sale en la obra, salen estos tipos, Klaus Münch y Maximilian Hausen, que son copistas, es decir que se dedican a hacer las 50 copias para la orquesta, ya que en esa época no había fotocopiadoras. Una vez que el compositor les da el manuscrito original, ellos hacen las copias para cada músico de la orquesta, para un estreno o un ensayo. Los tipos estos reciben por casualidades del destino, el manuscrito de la novena sinfonía antes de que se estrene y tienen la idea de robarla y de eso se trata la obra.

EM: ¿Qué tipo de experiencia escénicas, clima y tono de humor se va a encontrar una persona que va a ver Munch y Hausen? ¿Cuánto dura la obra? 

NT: La obra duró una hora y 4 minutos, que es lo que dura la novena sinfonía. Estuvimos dos años para escribir el texto y leímos biografías de Beethoven, la historia de su obra y análisis sobre cómo era la vida en Viena en 1820. La obra la puede ir a ver cualquiera, la va a entender y se va a reír porque tiene un poco de absurdo, un poco de grotesco, pero hay referencias que tienen que ver puntualmente con el metrónomo de Beethoven. Se cree que estaba mal calibrado y por eso él marcaba el tiempo mal en sus partituras. Obviamente que eso es algo que es un chiste que pasa y lo va a entender alguien que conoce la historia o que se dedica a la música, pero no por eso deja de ser algo usado de modo gracioso para que sea accesible para todos. El clima, la idea es jugar. Hay cuestiones históricas que tienen que ver con hechos reales; hay cuestiones ficticias; otras que tienen que ver con el absurdo; hay situaciones grotescas, entonces se busca el humor desde ahí y es a la vez tragicómica.

EM: Como actor, ¿qué fue lo más desafiante de interpretar en tu personaje de Klaus y qué aprendizaje personal te dejó este trabajo? 

NT: Lo más difícil no fue como actor, fue dirigir al mismo tiempo porque trabajás todo junto. La escenografía la hicimos nosotros, aprendimos a soldar, compramos las maderas, hicimos todo. Lo que es el vestuario nos ayudó una amiga que es diseñadora. Lo más difícil fue precisamente no estar en el rol solamente de actor, sino que es estar actuando y al mismo tiempo tratando de ver desde afuera o pensar desde el lugar de director cómo queda la escena, cómo se ve la imagen.

EM: Si tuvieras que describir la esencia de Münch y Hausen en una sola idea, ¿cuál sería?

NT: Contar una historia, volver a la idea de contarle al público y llevarlos en un viaje que sea una historia puntual. Mucho del teatro independiente a veces ronda con dinámicas y con dramaturgias que tienen que ver con vanguardias que rompen la idea clásica de la historia; no porque no la hagan, sino porque la rompen. Con Munch y Hausen dijimos «Volvamos a la historia clásica y tradicional, algo que pueda ver un adolescente de 15 años y que lo puede ver mi abuela de 90 y la disfrute lo mismo”. 

EM: ¿En qué próximo proyecto están trabajando? ¿Están escribiendo otra obra? 

NT: Maxi ya tiene una escrita, es una obra que ya se estrenó, que es de él y queremos ajustarla y modificarla para hacer un reestreno. Y yo ya estoy escribiendo otra obra nueva porque no queda otra. Tenés que estar con los tiempos que te lleva no solo escribir, sino después ensayar, producir y preparar hasta que estrenás. Si no estás constantemente haciendo, tenés una laguna de 2 años entre proyecto y proyecto y no es lo mejor; entonces para el año que viene ya estaría bueno tener otra obra.


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