27 octubre, 2026

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Villa Allende: La Bodeguita de Kike “El Cubano” al compás del son de la isla

Sinónimo de la salsa en Córdoba, Jorge Enrique Hernández Pacheco es el encargado de La Bodeguita de Kike el cubano, espacio gastronómico, con dos sedes, en el que se vive y disfruta de auténticas experiencias caribeñas. Así, la Docta se convierte en una en una ciudad mediterránea, con acento local.

Por: Nicolás Bedacarratx, Joaquín Loyber y Máximo Meana 4° IMVA – Rodrigo Soler González y Valentín Picco 4° IENM.


Jorge Enrique Hernández Pacheco llegó a Córdoba en la década del ´90 y luego de incursionar en varios trabajos, casi de casualidad, como dice, empezó a dedicarse a enseñar salsa cubana. Lo que comenzó como el pedido de algunas personas, terminó siendo el origen de un espacio -en el centro de la ciudad- donde puede aprender a bailar el ritmo tradicional de Cuba y disfrutar de la gastronomía.

Con el paso del tiempo, y ante la popularidad que tomó el lugar, La Bodeguita de Kike el cubano se instaló también el barrio Güemes, en el que atrae a otro tipo de público.

En su faceta de profesor de salsa, también lleva adelante un proyecto para la enseñanza de la danza caribeña a un grupo de personas no videntes, a partir de un método guiado por el oído y la voz, ayudándoles a independizarse del bastón y a disfrutar de la danza desde cero. Radicado en Villa Allende, sigue apostando a sus raíces y  emprendimientos, a los que les ha sumado el toque característico del cuarteto cordobés.

El Milenio: ¿Cómo fue ese primer encuentro con una ciudad y una cultura tan distinta a la que conocías?

Jorge Enrique Hernández Pacheco: Fue impactante porque Cuba no tiene nada que ver con Argentina. Es un país que se desarrolló hasta el año ‘59 y ahí se frisó. Llegué y me impactó todo desde que me bajé del avión, el desarrollo, la tecnología, la iluminación. Me vine a los 23 años y para mí fue difícil, sobre todo porque no tenía a nadie acá que me acompañara y me asesorara. Y la danza surgió; yo no sabía que podía vivir dando clase de salsa. La gente me preguntaba ¿Eres cubano?, ¿me puedes enseñar a bailar? Así fue que empecé, porque la gente me proponía que les diera clases de salsa y en ese momento  había muy pocos profes en Córdoba.

EM: ¿Cómo pasaste a ofrecer clases a vender una experiencia integral con comida cubana, coctelería y shows?

JEHP: Me iba bien en mis clases de salsa y empecé a dar más horas, al punto que tuve que dejar el trabajo en una imprenta que tenía. La gastronomía surgió porque en uno de los lugares en que daba clase el dueño me propuso que me hiciera cargo del bar. Entonces empecé con la comida también. Me costó un montón porque no sabía dar clases de salsa y tampoco sabía de gastronomía. Fui haciendo sobre errores, preguntando y le fui buscando la vuelta para crear mi producto. Cuando uno está enfocado en lo que quiere, en avanzar, en crecer, aprovecha las oportunidades.

EM: ¿Cuándo empieza a tomar forma La Bodeguita?

JEHP: La primera bodeguita la abrí hace 18 años. Primero me asocié con otro cubano que tenía un restaurante cubano y este señor tenía que cerrar el local, pero no tenía donde meter todas sus cosas. Yo le dije “vení, trae tus cosas, abrí el bar a la mañana, lo mío son las clases” y tratamos de trabajar el fin de semana para pagar los costos. Después él se va y me quedo solo, y empecé a hacer más fiestas los fines de semana. La del centro fue la primer Bodeguita. La onda hasta el día de hoy es comer una pizza e ir a la pista a bailar. La otra funciona desde 2020 y tiene más onda Güemes, que es el barrio donde está. Ahí la gente sí se sienta con una carta muchísimo más amplia a ver un espectáculo y después se queda bailando. El protagonista en ambas sucursales sigue siendo el baile, pero el público que va a uno no va al otro.

EM: ¿Cómo caracterizarías a cada público?

JEHP: El público que va a la bodeguita de Güemes es un público más cordobés, el que pasa por la vereda y a lo mejor tienen la añoranza de ir al caribe alguna vez. Entonces yo trato de trasladarlo un poquito ahí, y es más cachengue. Y el otro local es donde tengo la escuela de salsa, es más salsero. El salsero va directamente a bailar y el otro va a cenar, ver un espectáculo. Me gusta más el público común, que quiera aprender unos pasitos, divertirse. Yo apunto más a la diversión, creo que el éxito mío va más por ese lado, más terapéutico y no tan apuntado al bailarín profesional. En Cuba, la salsa es como el cuarteto acá, es para distraerte el fin de semana y bailar.

EM: ¿Qué significa ofrecer una experiencia caribeña auténtica en Córdoba?

JEHP: A uno la tierra le tira, como a los argentinos afuera. Uno tiene Cuba en la sangre. Empecé a organizar esas fiestas una vez al mes; trataba de modo obvio representar una noche cubana caribeña lo más auténtica posible. Después vi que le tenía que mezclar un poco lo cordobés. Entonces metía una, dos o tres salsas y después venía un cuarteto, una cumbia, trataba de fusionar los dos lugares y buscar ese equilibrio al paladar de la gente que le gustaba. Pienso que por ahí vino un poco mi identidad. Mi concepto siempre fue que la gente tiene que venir a divertirse y pasarla bien, sea cual sea la música, tratando de unir las dos culturas.

EM: ¿Cómo se integra el proyecto de salsa para personas no videntes en la identidad del negocio?

JEHP: Surgió naturalmente, genuinamente. No tenía en mis planes dar clase a los ciegos. Surgió porque una persona no vidente me llamó una vez para que le diera clases a un grupito y yo justo estaba en una reunión, no pude atender y cuando quise devolver la llamada, me aparecía como número desconocido. Me preguntaba cómo llamo a este chico, cómo lo localizo. Entonces me comuniqué con todas las instituciones donde van los ciegos y les dije que iba a dar un turno de salsa para no videntes con la intención de encontrar a esa persona. Después de hacer tanto ruido, junté un grupito de diez y como en la quinta clase uno me dice “yo fui el que te llamé». Fue algo que surgió y hoy tengo casi treinta personas con dificultades de visión en clase.

EM: ¿Cómo te proyectas a futuro?

JEHP: No sé. Tiene que fluir, yo soy de fluir. Yo le voy a poner las ganas para seguir haciendo esto que a mí me gusta. Yo espero verme donde estoy parado hoy y ojalá que se mantenga todo. Me veo bailando, dando clase de salsa en mi bar, así me veo. Yo le voy a poner toda la ficha para que todo siga saliendo bien.


Descubre más desde El Milenio

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde El Milenio

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo