26 octubre, 2026

El Milenio

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Mendiolaza: Lucio Chiavassa, sin bajar la guardia

Lucio Chiavassa Arias encontró en el MMA no solo un deporte, sino también un estilo de vida que, con constancia y disciplina, lo llevó a proyectarse deportivamente para los próximos 13 años y a impulsar el crecimiento de esta disciplina en Sierras Chicas.

Por: Catalina Benes 4° IENM – Mía Pensa, Isabella Tantardini y Ambar Faulhaber 4° IMVA


“Todo empezó cuando tenía 13 años con el vale todo, actualmente llamado MMA, porque era bastante travieso en el colegio”, recuerda Lucio. Así, casi por casualidad, comenzó el camino que continúa en la actualidad. “Cuando el kickboxing se tornó un poco repetitivo, me vi más atraído por la parte del MMA, que es más completa y requiere más tipos de entrenamiento; y me puse un desafío nuevo: probarme en eso”.

Lucio dio sus primeros pasos casi al mismo tiempo que el MMA comenzaba a expandirse en Argentina, a fines de los 90 y principios de los 2000. El inicio tuvo una clara influencia de Brasil, con el vale tudo y la expansión del jiu-jitsu brasileño. Los primeros practicantes venían del judo y, al igual que Lucio, del kickboxing. Durante años, las veladas fueron pequeñas, en clubes y gimnasios, con poca regulación y casi sin difusión.

La convergencia entre distintas disciplinas es, justamente, lo que atrajo a Lucio a este deporte. A diferencia del boxeo, el judo o el jiu-jitsu, donde las reglas delimitan el combate a un solo terreno -los golpes de puño, las proyecciones o la lucha en el suelo-, en el MMA conviven todos a la vez.

Una pelea puede pasar en segundos del intercambio de golpes a un derribo, a una lucha contra la reja y a una sumisión en el piso. Por eso, el peleador completo no es el que domina una sola disciplina, sino el que sabe moverse entre ellas y llevar la pelea al terreno que más le conviene.

“Todo empieza por el rival”, dice Lucio. “Algunos son mejores en la parte de boxeo, otros que son mejores en la lucha y algunos que son muy completos en las dos. Entonces, si es mejor en el boxeo, lo ideal es llevarlo al piso, y viceversa. Ahora bien, si es muy completo, con el entrenador se elabora una estrategia de combate, que en todos los casos es distinta, y se busca que sea efectiva. Ese proceso es muy metódico, paso a paso. Lo ideal siempre es estudiar bien al contrincante”, detalla.

Pero prepararse para una pelea tiene un costo y, en Argentina, ese gasto corre casi siempre por cuenta del luchador. Si bien hay ligas profesionales, el circuito no abarca todo el país y es pequeño en comparación con el de países como Brasil, México o Estados Unidos. A pesar del crecimiento de la disciplina y de la aparición de distintos eventos, Chiavassa reconoce que sigue siendo un deporte “bastante under”.

“No hay mucha plata. No estás subsidiado por el Estado. Todo se hace bastante a pulmón. En las ligas grandes tenés sponsors, pero acá te pasás meses entrenando, gastás plata en comida tanto para bajar como para subir de peso y, cuando vas a pelear, te dan una bolsa de 100.000 pesos”, cuenta.

En Córdoba, una de las competencias de mayor peso es la Bestia Championship, que se realiza en Carlos Paz y en la que Lucio pudo participar por primera vez en diciembre de 2025. A nivel nacional, en tanto, muchos aspiran a llegar a la Samurai Fight House, una promotora de eventos de MMA que funciona en Buenos Aires y de la que surgen peleadores que luego llegan a la UFC. “No es un deporte fácil, pero es lindo y cada vez va teniendo más oportunidades en Argentina. Hay que impulsarlo de a poco”, sostiene Lucio.

Un gimnasio propio y un sueño que va más allá de Córdoba

Su horizonte está más allá de la provincia. Una de sus metas como luchador es disputar una pelea internacional, ya sea en Argentina o en otro país. La UFC es “el sueño del pibe”. Para ser seleccionado, explica, se fijan en que el peleador tenga un récord vistoso.

Para un argentino, el recorrido suele comenzar con las primeras peleas profesionales en el país, continuar con la experiencia en la región y sumar entrenamientos en el exterior. Desde ahí, puede buscar una oportunidad para ingresar directamente a la UFC o hacerlo a través del Contender Series, el programa de la organización que busca descubrir nuevos talentos. También hay otras ligas en las que proyectarse, como la FFC, Lux y Cage Warriors, entre otras.

Antes de dar ese salto, Lucio quiere consolidar su gimnasio, Kyava, que abrió sus puertas en abril de este año. La propuesta no solo busca que cuente con su propio centro de entrenamiento, más cerca de su casa —actualmente entrena en MMA Alfa Team, en barrio Jardín—, sino también ofrecer un espacio para compartir sus conocimientos en Sierras Chicas, capacitar a la gente y armar un equipo de peleadores que se destaque.

“Quiero que el gimnasio sea el referente de la zona y que eso, a su vez, haga crecer más al deporte”, señala Chiavassa. Lucio sabe que el auge de la disciplina atrae a mucha gente, aunque no todos se quedan. “No a todo el mundo le gusta pelear. Hay muchos entusiasmados con la UFC, con el boxeo y demás, entonces van por moda. Pero no a todos les gusta que los golpeen después”, comenta.

Además, reconoce que, si bien hay buenos entrenadores en la zona, su propuesta tiene algo que la distingue: “No hay un club consolidado que ofrezca lo que ofrezco yo, que no es solo que sepan pelear y tengan la actitud para hacerlo, sino que también estén cubiertos los complementos, como la preparación física, la nutrición y la kinesiología. Todas esas ciencias de la salud hacen que el atleta tenga un mejor rendimiento”.

Lucio reconoce que, en un deporte que se hace a pulmón, el esfuerzo individual tiene un techo. Por eso, propone dejar de lado las divisiones entre las academias y apostar por la cooperación, con entrenamientos compartidos que eleven el nivel de todos.


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