26 octubre, 2026

El Milenio

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Salsipuedes: Las Murciélagas, campeonas de América

La Selección Argentina femenina de fútbol para personas ciegas se consagró en la primera Copa América de la disciplina que tuvo lugar en Brasil. Entre las protagonistas estuvo Elena Iris Quinteros, jugadora de Salsipuedes. Desde Córdoba, donde comenzó a desarrollarse el equipo, el entrenador Gonzalo Abbas Hachaché destaca el crecimiento de un deporte que abre nuevas oportunidades.

Por: Jenaro Atea Celorrio y Francisco Arruti 6° IENM


La pelota avanza y su sonido orienta a las jugadoras. Una voz anuncia “voy” antes de disputar el balón; desde atrás del arco, el guía orienta el ataque. En la cancha, escuchar y comunicarse resulta tan importante como moverse. Así se juega el fútbol para personas con discapacidad visual, una disciplina en la que Las Murciélagas volvieron a hacer historia.

En septiembre, el seleccionado argentino se consagró campeón de la primera Copa América de fútbol para personas ciegas, disputada en San Pablo, tras vencer al equipo local por 1-0. La conquista tuvo una importante presencia cordobesa: cuatro jugadoras del Club Municipalidad de Córdoba integraron el plantel, entre ellas Elena Iris Quinteros, una joven de 26 años oriunda de Salsipuedes. También formaron parte del cuerpo técnico Gonzalo Abbas Hachaché y Santiago Jugo, guía del equipo.

Para Elena, llegar a una final tiene una emoción particular. “Todos los partidos son importantes, pero la final tiene un poquito de extra. Se viven adrenalina y emociones cruzadas; se siente un poco de todo. Es una sensación muy linda poder llegar a una final y disfrutarla”, contó.

De una fundación a la selección

El camino de Elena hacia Las Murciélagas comenzó en Río Ceballos, en la fundación Todo por Vos que trabaja en la integración y apoyo a personas con discapacidad visual. Durante una charla sobre actividades que le gustaría realizar, expresó su interés por el deporte y, especialmente, por jugar al fútbol. Conocía la experiencia de los varones de Los Murciélagos, pero no sabía que existía un equipo femenino.

Desde la organización consiguieron un contacto con Lucas Rodríguez, referente en Córdoba, exfutbolista y referente histórico del conjunto. Así llegó el primer encuentro con los entrenadores y la posibilidad de probar.

Su incorporación coincidió con la preparación del equipo para viajar a México. Luego llegaron las experiencias internacionales: Japón, el primer Mundial femenino disputado en Birmingham, Inglaterra, otro torneo en Japón y, ahora, la Copa América. Cada competencia fue un paso más en un recorrido que continúa.

Dentro de la cancha, Elena se desempeña como defensora o delantera, según las necesidades del juego. Aunque no se define como goleadora, reconoce el valor de su aporte en el funcionamiento colectivo. Al respecto, explicó: “Somos un equipo muy unido. Varias chicas podemos tener esa dinámica de jugar en distintas posiciones y relevarnos todo el tiempo”.

En ese entramado, la comunicación es fundamental. Las jugadoras necesitan compartir información sobre su ubicación y los movimientos de sus compañeras y rivales. Elena destacó también la tarea de la arquera, que tiene visión normal y, además de atajar, guía a la defensa. “Si alguna no escucha o se pierde siguiendo una indicación, yo puedo comunicarle lo que me están diciendo. Por eso es muy importante la comunicación”, detalló.

Escuchar para jugar

El fútbol para personas ciegas se juega en una cancha de 40 metros de largo por 20 de ancho, con cinco integrantes por equipo. Las futbolistas de campo utilizan parches y gafas para garantizar condiciones de igualdad, ya que la disciplina también admite a personas con baja visión.

La pelota contiene cápsulas sonoras que permiten localizarla mientras rueda. Además, la arquera y los guías cumplen funciones de orientación, mientras que las indicaciones se distribuyen según el sector de la cancha en el que se desarrolla el juego. La organización de esas voces evita que todas hablen al mismo tiempo y permite escuchar el sonido del balón.

Gonzalo Abbas Hachaché acompaña al equipo desde sus comienzos. Cuando el proyecto empezó a tomar forma en la capital, no existían referentes internacionales consolidados en el fútbol femenino para personas ciegas. Sin embargo, el trabajo sistemático y la curiosidad de las primeras jugadoras le permitieron imaginar que la disciplina podía crecer más allá de las fronteras locales.

“Cuando empezamos a generar el espacio, el tiempo y a entrenar de manera sistemática, fuimos creciendo y vimos que despertaba interés en las chicas de Córdoba y después a nivel nacional. Consideraba que a nivel internacional iba a pasar lo mismo”, señaló el entrenador.

Su experiencia previa en Los Murciélagos y los contactos que había construido con federaciones y referentes del deporte le permitieron difundir la propuesta en otros lugares. Con el tiempo, se consolidó la selección nacional y llegaron los resultados.

Aunque Córdoba fue pionera y conserva una presencia importante por los años de trabajo acumulados, el equipo reúne jugadoras de distintas provincias, entre ellas Mendoza, La Pampa, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires. También crece el interés en otras regiones: según Abbas Hachaché, hay chicas entrenando en Tucumán y comenzaron a formarse equipos allí.

“Con los logros de Las Murciélagas se despertó la atención de muchas chicas por practicar fútbol femenino para ciegas. Hemos ido sumando jugadoras de distintas partes y esto sigue creciendo”, afirmó.

El deporte como posibilidad

La consagración americana abre un nuevo desafío: prepararse para las próximas competencias y defender lo conseguido. Elena sabe que cada torneo implica volver a empezar, sin perder el trabajo acumulado. Para eso, el equipo combina entrenamientos de cancha y gimnasio con concentraciones periódicas.

Pero su invitación a otras mujeres con discapacidad visual no se limita a la competencia. La experiencia de sumarse a un equipo también puede transformar la vida cotidiana, ampliar los vínculos y fortalecer la autonomía.

“Que se animen. No es solamente hacer una actividad física o mover el cuerpo: también ayuda a salir, a soltarte y a vivir la vida de otra manera”, sostuvo Elena. Y habla desde su propia historia: “Yo estaba muy encerrada en mi casa y esto me ayudó principalmente a salir y a tener un momento para mí”.

La Copa América dejó una nueva página para Las Murciélagas, pero también puso en primer plano un recorrido que se construye con entrenamiento, oportunidades y trabajo colectivo. En la cancha, el sonido de la pelota y las indicaciones de las compañeras hacen posible cada jugada. Fuera de ella, el crecimiento del equipo invita a que más mujeres se acerquen, prueben y encuentren en el deporte un espacio propio.


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