SOCIEDAD
- Por: Ana Stark e Ignacio Moreno 4° IMVA – Francisco Mate, Juan Moyano y Mateo Muratore 4° IENM.
Cuando de niño le preguntaban qué le gustaría ser cuando fuera grande, Leandro contestaba, a lo Pinky y Cerebro, que quería “conquistar el mundo”. Viajero, aventurero y escritor, el oriundo de Córdoba hoy tiene 34 años, ha recorrido más de 60 países y se encuentra en el transcurso de publicar su tercer libro.
Al respecto, relató: “Un poco las dos cosas siempre estuvieron entrelazadas: la curiosidad viajera y las ganas de compartirlo mediante la palabra. La primera vez que sentí ese deseo fue en un viaje a la India, donde todo lo que veía era, en mi cabeza occidental de 21 años, una locura total. Necesitaba contárselo a alguien”.
En ese entonces, narraba sus andanzas en un grupo de Facebook de 50 lectores, que con los años se transformaría en una comunidad de 20.000 seguidores en Instagram. “Siempre me gustó escribir, soy un apasionado de las palabras, pero nunca me lo tomé en serio, ni me imaginé publicando un libro”, confesó.

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Alentado por sus lectores, Leandro se lanzó al mundo editorial y así, sus dos pasiones, viajar y escribir, comenzaron a retroalimentarse. Su primera obra la tituló Viajero Intermitente y rememoró: “A partir de la publicación se abrieron puertas que no sabía ni que podía soñar. A mi segundo libro, Corazón de Planisferio, me invitaron a presentarlo en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la más grande de Latinoamérica. Cuando me llegó el mail, pensé que era un chiste”.
Si viajar es aventurarse hacia afuera, escribir quizás sea aventurarse hacia adentro. Instalado en el Hostel La Rosa de Unquillo, Leandro hoy se encuentra dedicado a la finalización de su tercer libro, que relata la travesía en bicicleta que emprendió junto a tres amigos, atravesando África y los Emiratos Árabes, para llegar al Mundial de Qatar 2022. A la par, lanzó un taller de escritura creativa para todo público, con modalidad presencial, donde reside y también en formato online, para facilitar accesibilidad desde cualquier parte del mundo.

El Milenio: ¿Qué te ha traído a Unquillo?
Leandro Blanco Pighi: Las vueltas de la vida y el cartel que dice “Pueblo de Artistas”. Lo cierto es que vine un día al hostel La Rosa a merendar con Marisa, la dueña, y cuando me quise dar cuenta, estaba dando un taller de escritura. Me advirtieron que Unquillo me iba a atrapar y la verdad no me lo creía, pero está pasando. Me encanta Sierras Chicas.
Estar quieto en un lugar para mí es sinónimo de viajar con las palabras. Es darme tiempo de abrir la compu y dedicarme a escribir todos los días. Ahora estoy terminando mi tercer libro, que es sobre esa travesía por África y Medio Oriente que nos llevó a estar seis meses arriba de la bici, recorrer más de 10.000 kilómetros y atravesar 13 países para llegar al Mundial de Qatar.
EM: ¿Qué esperas que los lectores se lleven de esa experiencia?
LBP: Detrás de todo lo que escribo, hay un deseo de compartir, y en particular con este libro, lo que busco es inspirar a otras personas. No solamente compartir lo que vivimos arriba de la bicicleta, sino realmente alentar a quien lo lea a que realmente se puede.
Suena cliché, pero si el sueño existió en tu cabeza, lo podés plasmar en la realidad, por más que parezca un delirio al principio. Nosotros nos reíamos de lo que decía la gente cada vez que le contábamos a alguien que nos íbamos al mundial en bici.
EM: ¿Sentís que este deseo de compartir e inspirar es también lo que moviliza tus talleres de escritura?
LBP: Para mí todo nace ahí. Es una de mis motivaciones más grandes: si sé algo, compartirlo, transmitirlo. Inspirar a otros me motiva. Siempre me da un poquito de miedo a la exposición el abrirme a compartir, pero me retroalimenta un montón.
Yo realmente disfruto mucho escribir, me abstraigo en el tiempo, pero previo a sentarse con lapicera en mano hay un montón de pasos que yo ya doy por hechos. Entonces lo primero fue rebobinar y pensar qué me pasaba a mí cuando me bloqueaba, qué ejercicios pueden ayudar.
La escritura no es solo crear con palabras bonitas, hay sentires, hay miedos, hay vulnerabilidad, hay exposición. Tiene mucho que ver con hasta dónde puedo llevar mi propia fragilidad. Cuando trascendés ese umbral del dolor y dejás que se abra la emoción, fluyen un montón de cosas. Y si encima podés crear algo bonito con eso, ya está.

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EM: ¿Cuál fue el principal bloqueo para vos en este sentido?
LBP: Yo me daba cuenta que en mi propia escritura me frenaba porque tenía miedo que alguien lo leyera. Me costó confiar que nadie leía eso y me costó ser mi propio lector. Cuando me saqué ese ojo juzgador de encima y empecé escribir con el corazón en la mano, sin importarme la belleza de las palabras o la mirada del otro, fue una liberación. El diario pasó a ser un diario de verdad.
Por eso el objetivo del taller es que te pongas a escribir sin mentirte a vos misma/o. Creo que el principal desafío es correrse de todas esas creencias limitantes y simplemente escribir. Estoy convencido de que cada uno de nosotros tiene una historia muy bella para contar y que, al hacerlo, inspiramos a los demás. Por eso creo que escribir es para todos. Mi consejo siempre es: si hay un deseo genuino por hacerlo, háganlo. A escribir se aprende escribiendo.

EM: ¿Hubo algún momento, persona, espacio que te ayudó a vos personalmente a desbloquear tu escritura?
LBP: No sé si él lo sabe, pero sí, Juan Francisco Uriarte, un periodista catamarqueño que daba un taller de crónica de viajes en la carrera de Comunicación Social en la UNC. Yo estaba con mi primer libro terminado pero dudando en esta de “quién soy yo para publicar un libro”, todas esas cuestiones del autoboicot.
Así que fui a ver qué tenía este muchacho para decirme y fue realmente revelador. Disfruté ese taller más que muchas materias y fue lo que me terminó impulsando a sentir que mi historia valía, que estaba bueno expresar por el solo hecho de crear, lo lean cien personas o ninguna. Si hay un deseo creador, es por ahí, te tiene que gustar a vos nomás. Es muy difícil que salga mal cuando uno comparte desde el corazón, porque siempre llega la gente que resuena con eso.

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