Giuliana Maretto ocupa, a sus 21 años, un lugar de privilegio entre las patinadoras artísticas más destacadas del país. Desde su rol como formadora y atleta de elite, mantiene sus objetivos claros y redobla su esfuerzo, incluso durante el aislamiento.

Colaboración:

  • Valentina Solís y Antonella Monguzzi
  • 5to Año. Instituto Educativo Nuevo Milenio

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El enfoque del deporte como disciplina, con una línea que se aproxima a lo protocolar y un estudio minucioso de detalles casi imperceptibles, es parte del patín artístico mucho antes de que lo fuera en la mayoría de los deportes.

Cada centímetro delimita las posibilidades de imponerse en la competencia. Alcanzar el disfrute, en esa notable exigencia, es una tarea que sólo unos pocos pueden sobrellevar. Giuliana Maretto encuentra en esos detalles la tranquilidad del trabajo bien realizado. Por eso logra equilibrar todo el peso de su cuerpo en un solo pie, y desde esa posición, girar como un molinete. Las piernas dobladas o extendidas, siempre en los mismos ángulos, y la postura imperturbable del torso, componen la definición del arte para ella.

A los 6 años lo supo, casi por impulso. Probó con gimnasia rítmica y natación. Admite que era una niña indecisa, que iniciaba y abandonaba actividades fácilmente, pero sólo hasta que descubrió el patín. Las dudas desaparecieron rápidamente, y no sólo eso: Maretto se dio cuenta que su interés iba más allá y sus aspiraciones no se terminaban cuando acababa la clase.

“Supe que era una niña que siempre quería más. Si me enseñaban un salto nuevo, lo practicaba hasta el cansancio para poder aprender otro. Empecé a notar que había algo más encima de donde estaba parada, un mundo de categorías y la posibilidad de mejorar todo el tiempo”, explica.


“Estar en Italia te abre la cabeza. Ves a deportistas que están en otro nivel y volvés con las energías renovadas por el convencimiento de que realmente es posible llegar muy alto”. Foto gentileza.


Lejos de desanimarse ante la exigencia, Giuliana es de las que se potencian con los desafíos. Por eso, al analizar su recorrido por los distintos niveles del patín, sostiene que la vara misma hizo crecer su deseo de subir escalones. “Al competir en las categorías oficiales, empecé a entrenar a full y a tener una conducta más propiamente de deportista”, señala la joven.

“La categoría A Nacional era otro mundo para mí en ese entonces, las coreografías y los saltos eran sumamente complejos, así que lo que hice fue esforzarme más. Cuando llegué a Elite me di cuenta que me enfrentaba a una subdivisión en la que es aún más difícil avanzar, pero al cabo de dos años logré ascender a Senior Internacional”, destaca Maretto.

Sierras Chicas es para Giuliana un espacio familiar. Si bien su desarrollo se dio en Córdoba Capital, el Polideportivo Jorge Newbery de Río Ceballos es uno de los escenarios en los que Maretto pudo sentirse local, representando a la provincia. “Es un club muy grande, tiene una superficie muy linda y es sede de distintas competencias porque en Córdoba no abundan los lugares así”, apunta.

La deportista recuerda con cariño incluso las situaciones más difíciles que le tocó atravesar en la ciudad serrana. Maretto es una de las patinadoras más notables de Argentina y representa a la Selección Nacional, integrando un selecto grupo de atletas dentro de la categoría Senior Internacional. Sin embargo, en 2018 sufrió su primera gran caída desde su ascenso a ese escalafón.

“Fue en Río Ceballos, tratando de hacer un doble Axel, un salto que todos los patinadores de mi categoría buscan hacer con extrema precisión. Terminé en el piso, en medio de un Jorge Newbery repleto de compañeros, patinadores del exterior y hasta un técnico italiano. Todos comenzaron a aplaudir de repente. Paradójicamente, fue un momento hermoso y un empujón muy grande para mí”, recuerda la deportista.


“Soy muy detallista y exigente conmigo misma. Creo que tengo un gran margen para seguir mejorando”, confiesa la patinadora. Foto gentileza.


El Milenio: ¿Qué pasó con los proyectos que tenías pensados para este 2020?

Giuliana Maretto: Tuve una revisión a fines del año pasado en Buenos Aires y en enero me llegó la convocatoria para la preselección nacional, apuntando al Panamericano 2020. En mi categoría, éramos diez las que teníamos que ir a la última evaluación para que eligieran quiénes participarían. La prueba se suspendió por la pandemia, así que me quedé con las ganas.

Tenía muchas expectativas puestas en el 2020, pero las circunstancias son estas y sólo queda juntar fuerzas pensando en el año que viene y en las próximas convocatorias para representar a Argentina. Por mi parte, voy a seguir preparándome. En este momento lo que más hay que trabajar es la cabeza.

EM: ¿Tuviste altibajos en estos días?

GM: Sí, cuando comenzó la cuarentena le puse mucha onda, entrené con lo que tenía en casa, pero al darme cuenta de que esto continuaba, las energías bajaron un poco, me empecé a sentir mal, triste y desanimada.

Por suerte tengo un grupo increíble que me rodea y mi psicóloga me ayudó a buscar una motivación interna, que dependiera de mí. Encontré la fuerza para entrenar a full de nuevo, comencé a saltar en zapatillas, practicar fuerza, resistencia, coordinación, expresión corporal. Continué trabajando con parte de mis alumnas, que son muy pequeñas. Trabajamos las figuras, hacemos videos, la idea es que puedan sentir los movimientos y no se olviden de lo aprendido.

EM: Pudiste viajar a Italia, representando a Argentina ante el máximo nivel internacional. ¿Qué te dejó la experiencia?

GM: La experiencia en Italia fue la mejor que tuve en mi carrera como patinadora. Es la cuna del patín artístico, pude entrenar y competir allá durante 2017 y 2018. Primero pasé una evaluación en Buenos Aires y quedé seleccionada para representar al país en una serie de copas italianas. Fue un sueño hecho realidad.

En 2018 ya estaba más amoldada al nivel y al entrenamiento, por lo cual aproveché esa nueva oportunidad al máximo. Tuve la chance de entrenar con un técnico italiano muy importante y me ofreció ir a su club junto con patinadores de clase mundial.

Estar en Italia te abre la cabeza y te lleva a mirar las cosas de otra forma. Ves a deportistas que están en otro nivel y te genera una gran ilusión la idea de poder llegar ahí. Volvés totalmente cambiada, redoblás las energías y el convencimiento de que realmente es posible llegar muy alto.