Por: Victoria Polero, Emilia García y Camila Córdoba 4° IMVA – Franca Magi y Emma Sánchez 4° IENM
“Hoy se acercan al pilates personas de todo tipo: sedentarias, amas de casa, embarazadas, runners. Por ejemplo, Lionel Messi y Dibu Martínez de la Selección, como otros atletas de alto rendimiento también buscan esta actividad”, afirma Valeria Toyos, profesora de Salsipuedes.
Además, explica que “es un antes y un después, porque a un atleta cualquiera, de cualquier disciplina, le trabaja todo lo que es la conciencia del cuerpo como la percepción del movimiento”.
Así, sirve para tener un cuerpo más armónico, más esbelto, más derecho, más prolijo, enfocado en el alargar, en el proyectar, en el estirar, en conectar. “Tener entrenado nuestro centro nos conecta mejor con nuestros miembros inferiores y superiores”, sostiene en esta línea Toyos y ratifica que puede mejorar la estabilidad, el equilibrio, la propiocepción.
“No todo es fuerza, ni velocidad -indica-. Es necesario volver al eje con este tipo de práctica. Antes la gente pensaba que era una gimnasia suavecita, que prácticamente no hacía nada, pero ahora es muy demandada”, agrega.
El método nació a mediados del siglo XX de la mano del alemán Joseph H. Pilates, quien en su juventud, practicó gimnasia, yoga, levantamiento de pesas, y mantuvo un interés constante por el equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu.
Durante la Primera Guerra Mundial fue trasladado a la Isla de Man, donde comenzó a desempeñarse como ayudante en un hospital, acompañando a pacientes debilitados por el conflicto.
En ese contexto, ideó un sistema para asistirlos: incorporó resortes en las camas con el objetivo de sostener sus extremidades y estimular el movimiento. A partir de esa experiencia, desarrolló y patentó un conjunto de aparatos con resortes específicos para su método, que en sus inicios denominó Contrología, y cuyo foco era fortalecer el cuerpo desde el core (el núcleo de músculos situado en el abdomen).
Desde entonces, la práctica fue transmitida por sus alumnos y, en los últimos años, volvió a ganar popularidad, sumando adeptos de distintas edades y con diversos objetivos.

“Nuestro mayor desafío como instructores es que el alumno no trabaje en automático. Eso es crucial para mí, es como mi base”, señaló Toyos, quien se formó en Buenos Aires con Tamara Di Tella, pionera en traer esta disciplina a nuestro país a comienzos de los 2000.
A lo largo del tiempo y con su expansión, se incorporaron distintas formas y herramientas. Si bien comenzó con ejercicios en el suelo, sobre una manta, su creador sumó luego camillas —denominadas reformer— y bandas elásticas con poleas, que permiten modificar la carga de trabajo del alumno. Con el paso de los años, se agregaron aros, pelotas y otros elementos, dando lugar a diversas variantes adaptadas a distintas necesidades.
El Milenio: ¿Qué elementos del pilates original se mantienen vigentes y cuáles fueron transformándose con el paso del tiempo?
Valeria Toyos: Hay muchos instructores muy enojados con la gente que va a pilates porque está muy desvirtuado el método. Ya sacaron los principios básicos y la gente va a una clase de pilates reformer y de repente te ponen las pesas del gimnasio o las tobilleras; pero porque las patologías y tendencias fueron cambiando. Por ejemplo, con el uso de la pantalla, el cuello se proyecta mucho hacia adelante. Entonces, a medida que la vida y las prácticas corporales de las personas van cambiando, el método también. También pasa que el reformer ha evolucionado más, está más moderno y hay un montón de máquinas nuevas.
EM: ¿Cómo se vinculan hoy las personas con la práctica de pilates?
VT: La gente está muy en la inmediatez , no se conecta consigo misma, no está presente en las clases. O sea tiene mucha demanda y las personas tienen muchos objetivos, pero a la hora de ponerlos en práctica se frustran y surge como un enojo. Los alumnos quieren buenos profes, personas que estén bien formadas, que les corrijan, que estén a la altura de la circunstancia, pero los alumnos no están a la altura a veces porque vienen rápido, no dejan el móvil; como que a veces buscan más ir a pilates como a una sesión psicológica, con mucha charla y no enfocados en lo que es una clase de pilates, que es entrenar el cuerpo y la mente. Puede ser aburrido, pero con la globalización que hay yo creo que nadie va hoy en día a una clase sin antes googlearla. Entonces, si no te gusta ese tipo de clases, porque vos querés otra cosa, no vas; sabés que vas a tener que estar enfocado en mente y cuerpo, de lo contrario te podés lastimar. Es más serio de lo que todas las personas creen.
EM : ¿Qué perfiles de alumnos se acercan hoy y qué los diferencia de quiénes lo hacían años atrás?
VT: Cuando Pilates abrió su primer estudio en Nueva York, los que más se acercaban eran los bailarines clásicos, que como ellos son de alto rendimiento todo el tiempo se lesionaban. Hoy, por lo general, se acercan personas que no les gusta entrenar tanto, que dicen: «a mí no me gusta el gimnasio pero bueno, esto que se hace en una cama lo voy a hacer”. Por el solo hecho de hacerse en las reformers piensan que va a ser más light. Igualmente, en el presente está en tendencia.
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