14 abril, 2026

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Grupo FUEGAS: Otra forma de habitar el fuego

Derechos de autora Natalia Roca

En la zona, donde cada temporada de incendios deja huellas en el territorio, emergen también nuevas formas de organización. ‘Fuegas’ es una de ellas: una red de mujeres y diversidades brigadistas que, desde 2022, se consolidan como un espacio de cuidado y reflexión frente a un escenario atravesado por la urgencia y las desigualdades.

Por: Franco Acebal, Benjamín Calzada, Ignacio Ramírez, Sol Passerini y Solana Obiglio


Integrado actualmente por alrededor de 18 personas, el grupo ‘Fuegas’ reúne a brigadistas de distintas localidades del corredor y se construye como un espacio de encuentro. Así, el propósito es compartir experiencias, repensar prácticas y construir herramientas colectivas. 

“Venimos de distintas brigadas de Sierras Chicas: Isquitipe, de Río Ceballos; Chiviquín, de Unquillo; Colibrí, de La Granja; Inchín, de Saldán; y Chavascate, de Agua de Oro”, cuentan Nicole Tyler y Laura Sosa.

Además, aclaran que “no se trata de una brigada en sí, sino de una organización de mujeres y disidencias”. De esta manera, trascienden lo operativo para reunirse desde lo humano. El colectivo surgió a comienzos de 2022, a partir del encuentro entre colegas en una marcha del 8M. 

Atravesadas por lo ocurrido con Luana Ludueña —bombera y rescatista cordobesa que se quitó la vida tras denunciar abuso por parte del exfuncionario provincial Diego Concha—, comenzaron a reconocer problemáticas comunes, especialmente en relación a cuestiones de género.

De ese intercambio nació la idea de generar un proyecto propio. “No sabíamos bien qué iba a salir, pero sí que necesitábamos encontrarnos”, recuerdan y aseguran: “Luana nos unió”. Igualmente, hoy se encuentran en proceso de conformar su propia brigada, llamada Mampa, que significa “agua que corre” en lengua sanavirona. 

“Surge también de la necesidad de tener un espacio propio donde llevar a la práctica todo lo que venimos pensando sobre el cuidado, los vínculos y la forma de trabajar en el territorio”, exponen. 

Y agregan: “Estamos en una etapa de organización, formación y definición de cómo queremos funcionar, tratando de no reproducir lógicas que ya vimos que no nos representan”.

Derechos de autora Natalia Roca

El Milenio: ¿De qué manera se definen como colectivo?

Fuegas: Decimos que es como un “colchoncito de cuidado”, un espacio donde podemos expresar vulnerabilidad, donde lo que se dice queda ahí y hay confianza. Nos reunimos para hablar de lo que nos pasa, para ver cómo nos cuidamos mejor. No es algo cerrado, se va transformando con el tiempo, como nosotras también. A veces invitamos a otras personas o articulamos con espacios que trabajan temas similares, porque entendemos que la cuestión no es sólo individual, sino también colectiva.

EM: ¿Qué diferencia hay entre una brigada forestal y agrupaciones de bomberos?

F: Los bomberos son instituciones que atienden distintas emergencias: accidentes, incendios estructurales, rescates. Las brigadas forestales nos enfocamos en el monte, en los incendios forestales. Y en Córdoba, la mayoría somos brigadas comunitarias: no dependemos del Estado, no tenemos financiamiento, somos organizaciones autogestivas que se arman entre vecinas y vecinos. Muchas veces nos formamos con capacitaciones propias o compartidas entre brigadas, y sostenemos el trabajo con mucho compromiso, incluso poniendo recursos personales.

EM: ¿Cómo se organizan y qué actividades realizan actualmente desde la organización?

F: Nos reunimos una vez por mes, y esas reuniones son muy importantes, casi como un ritual. Empezamos con una ronda de sentires y después trabajamos en distintos proyectos. Uno de ellos es un protocolo de género para el trabajo en incendios, pensado no solo para nosotras sino para otras brigadas también.

Además participamos en encuentros, formaciones y actividades con la comunidad, porque creemos que la prevención y la concientización son parte fundamental del trabajo. Por ejemplo, hicimos una capacitación sobre primeros auxilios psicológicos (PAPs) entendiendo que es fundamental, porque son situaciones muy intensas, de mucho estrés y exposición. Si no hablás de lo que te pasa, se acumula. El miedo no se suele nombrar, pero está, y poder decirlo también es parte. En esa instancia trabajamos herramientas para acompañar a otras personas en situaciones de crisis, pero también para poder mirarnos entre nosotras y registrar lo que nos pasa en el cuerpo y en lo emocional. Creemos que atender esa dimensión es tan importante como lo técnico en este tipo de tareas.

EM: ¿Cuál es el objetivo del protocolo?

F: La idea es cuestionar la lógica con la que se aborda el fuego. Muchas veces se habla de “combatir”, de “atacar”, con un lenguaje muy militar. Nosotras creemos que hay otras formas de estar ahí, que implican escucha y otra relación con el monte. No se trata solo de apagar el fuego. También supone pensar en la prevención, en cómo llegamos, cómo nos movemos y cómo nos retiramos del territorio.

EM: ¿Cómo se viven las desigualdades de género en estos espacios?

F: Hay mucho de lógica patriarcal. Esa idea de ir al fuego como si fuera una guerra, de demostrar fuerza, de ser héroe. Y eso a veces pone en riesgo a las personas. Nosotras planteamos que el trabajo en equipo implica respetar los tiempos, escuchar cuando alguien dice “no puedo”. También hay desigualdades en quién toma decisiones o en quiénes son escuchadas, y eso es algo que buscamos transformar.

EM: ¿Reciben apoyo del Estado?

F: No. Nos autogestionamos completamente. Conseguimos recursos a través de proyectos o actividades. Y además hay una invisibilización del trabajo de las brigadas comunitarias: muchas veces no aparecemos en los medios ni en la información oficial, a pesar de que sostenemos gran parte del trabajo en el territorio.

EM: ¿Qué las motiva hoy a seguir en este camino?

F: El monte. Y el deseo de que siga existiendo. No queremos que los incendios sean algo natural. Sabemos que no lo son. Queremos que haya prevención, que se cuide el territorio. Y también que podamos construir formas de estar en el mundo más sanas, más cuidadas, para todas las personas y para todo lo que habita ahí. Eso es lo que nos sostiene en el tiempo.


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