17 abril, 2026

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Complejo Cultural Ancón: Una biblioteca que construye comunidad

Impulsado por la Cooperativa Telefónica de Salsipuedes, el Complejo Cultural Ancón creció desde sus orígenes hasta convertirse en un espacio con propuestas abiertas a todas las edades. A través de iniciativas que buscan generar participación, con diferentes sectores de la ciudad, hoy funciona como un punto de referencia para la vida cultural local.

Por: Victoria Polero, Emilia García y Camila Córdoba 4° IMVA –  Franca Magi y Emma Sánchez 4° IENM


En una ciudad donde los espacios de encuentro no sobran, hay instituciones que, con el paso del tiempo, dejan de ser solo un servicio para convertirse en parte de la vida cotidiana. Ese es el recorrido del Complejo Cultural Ancón, en Salsipuedes, que hoy reúne propuestas educativas y comunitarias para públicos diversos. 

Su historia se remonta a 1987, cuando un grupo vinculado a la Cooperativa Telefónica local impulsó la creación de la primera biblioteca del pueblo, que comenzó a funcionar en un pequeño espacio de la terminal de ómnibus, sostenida por donaciones y trabajo voluntario.

Con el correr de los años, la idea fue creciendo y mudándose hasta encontrar, en 2004, su sede actual sobre avenida Belgrano. Allí, la biblioteca no sólo consolidó su colección —que hoy supera los 15.000 ejemplares— sino que amplió su alcance y se transformó sumando múltiples actividades: talleres, presentaciones de libros, obras de teatro y ferias.

Actualmente, aunque cuenta con socios y afiliados a la biblioteca, funciona a través del apoyo de la institución que promovió su creación, la cual sostiene su estructura y financiamiento. Así lo detallaron Rosana Urcía, coordinadora hace 14 años y Yanina Mongolini, encargada de eventos y atención al público. 

El Milenio: ¿Qué talleres o actividades ofrecen actualmente y a qué tipo de públicos apuntan con sus propuestas?

Rosana Urcia: Talleres tenemos variados todos los años, hay algunos que se mantienen, otros que van cambiando. Este año contamos con aproximadamente 9, entre ellos cerámica, conversación en inglés, tejido, arte para niños, dibujo para adultos, escritura creativa y seguramente vamos a incorporar italiano.  Hay algunos que no son específicamente nuestros, como taller de memoria para adultos mayores. No tenemos un público específico, sino que está abierta a toda la comunidad, queremos atraer a gente de todas las edades pero a veces cuesta mucho convocar.

EM: ¿Con qué propuestas estatales trabajan y cómo es su vínculo con lo público?

Yanina Mongolini: Nosotros interactuamos a niveles estatales con el municipio y también con la provincia. Por ejemplo, hemos tenido cursos con el CEDER, que es una capacitadora de oficios. Tratamos de que las propuestas sean con salida laboral. También con Universidad Popular que la regentea el gobierno local. Recientemente tuvimos una reunión con la agencia de Córdoba Cultura porque también trabajamos con ellos eventualmente, ya que formamos parte de los puntos de cultura de la nación. A veces nos limita el hecho de que no somos una biblioteca popular, nosotros somos privada ya que dependemos de la cooperativa, entonces hay un montón de cosas a las que no podemos acceder. 

EM: ¿Cuáles son los objetivos que persiguen desde el centro y cómo se han modificado a lo largo del tiempo? ¿Qué diferencia tiene este espacio de otros semejantes?

RU: En un primer momento, cuando uno hablaba de un complejo cultural, era muy elíptico, parecía que la gente si pasaba se iba a infectar de algo, les daba miedo entrar. El objetivo fue abrir las puertas, que vengan, mostrar que esto es para todos; apropiarse porque esto es para los grandes, para los jóvenes, para la comunidad en general. Entonces, creo que si tengo que hacer un balance, al menos desde los últimos tiempos, ese fue el mayor logro, que la gente entienda que no es para determinado público, que acá pueden dar un concierto de rock, leer o hacer graffitis. 

YM: Para lograr eso hicimos gestiones. Creo que dos de las más importantes, es que empezamos a trabajar con una escuela y empezamos a llevar estudiantes de 4º y 5º grado todas las semanas a la biblioteca. Esos chicos que no sabían si podían entrar, por si tenían que pagar al entrar, después se apropiaron del sitio y son grandes ya y siguen yendo. Entonces se rompió esa barrera un poco. 

Además, ganamos un concurso de Cultura de la Nación con un proyecto que son Bibliotecas al Paso. Nosotros tenemos ocho de estas y las primeras fueron con las cabinas viejas de teléfono, esas que estaban en la calle. Las empezamos a distribuir en todos los puntos alejados del pueblo y llevamos libros, y la gente las cuida, y deja y saca libros hace ya varios años.

Creo que la gente se ha apropiado bastante de la biblioteca, es un lugar de encuentro.

EM: ¿Cuáles son los proyectos a futuro con los que trabajan y qué cambios les gustaría ver?

YM: Nosotros cada vez nos queremos acercar más, nos gusta mucho compartir. Este año uno de los proyectos más importantes que vamos a tener es trabajar con una fundación que se llama Tejido Solidario Córdoba, que tejen cuadraditos para hacer mantas y los van llevando a los lugares donde van necesitando. Eso ya lo tenemos contactado y ahí saneamos dos necesidades: la de las personas de conectarse, de traer su mate, su tortita y charlar;  y por otro lado, la solidaridad.

Otra cosa que tendremos es un ciclo de salud mental que va a ser cada 15 días junto a una psicóloga. También, vamos a contar con un espacio para que los jóvenes puedan charlar, creo que va a ser una vez a la semana, y se va a llamar “Los miedos compartidos pesan menos». Siempre la meta es servir a la comunidad.


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