23 mayo, 2022

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Hipersexualización, la infancia en peligro

La hipersexualización infantil promueve valores asociados al deseo sexual en niñas y niños, convirtiéndolos en objetos de consumo.

La hipersexualización infantil promueve valores asociados al deseo sexual en niñas y niños, convirtiéndolos en objetos de consumo. Desde las propagandas televisivas hasta las muñecas y los videojuegos, este fenómeno impacta en los más pequeños desde edades tempranas y puede afectar su desarrollo psicológico y emocional. 

La hipersexualización tiene consecuencias negativas en el desarrollo de la subjetividad de las niñas y niños, sobre todo en lo que se refiere a la autopercepción y la autoestima.

Colaboración: Victoria Lovey (4to IENM). Augusto Nou y Fabricio Turrín (4to IMVA).

Posmodernidad, afán de lucro, aceleración de la infancia, mercantilización del juego, exposición, vaciamiento de valores: estas y otras palabras son las que acompañan al fenómeno de la hipersexualización de la infancia.

La tendencia a enfatizar la belleza y el deseo sexual que genera por encima de las demás cualidades de una persona, es un mal que, en las últimas décadas, se ha extendido a la infancia. Niñas maquilladas, vestidas como adultas y posando provocativamente desde la portada de una revista, junto con niños en actitud varonil y dominante, son escenas corrientes hoy en día.

En 2001, el Informe Bailey (encargado por el Ministerio de Educación del Reino Unido) definió la hipersexualización infantil como “la sexualización de las expresiones, posturas o códigos de la vestimenta considerados como demasiado precoces”.

“Se da cuando, desde lo social, se tiende a mostrar conductas y actitudes sexualizadas que no son propias de la edad. Son acciones promovidas por los adultos”, explicó Gabriela Treber, licenciada en Piscología y presidenta del Colegio de Psicólogos de Córdoba. Esto lleva a exaltar valores y cualidades que estimulan el deseo sexual, objetualizando a niños y niñas, señaló por su parte Clara Sztein, psicoanalista y vicepresidenta de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo.

De la sexualidad a la hipersexualización. Sería un error pensar que la infancia está exenta de sexualidad, ya que ésta es parte integral del desarrollo de los niños. La sexualidad infantil comprende procesos normales, relacionados con la exploración del propio cuerpo, la definición de la identidad de género y la experimentación con juegos de roles, entre otros.

La polémica foto de Gente publicada en 1993 fue tomada cuando Nicole Neumann sólo tenía 11 años.

Como señaló Treber, esta etapa de la infancia tiene que ver con los cambios del cuerpo y la posibilidad de sentir placer. “Podemos encontrar niños con actitudes masturbadoras o curiosas sobre la sexualidad que son propias de la edad”, explayó la psicóloga.

Sin embargo, esto se distingue de la hipersexualización, donde hay una erotización promovida por un adulto o un factor externo. “Estas situaciones se identifican por una exacerbación de cosas que no corresponden a la infancia: el modo de vestir, el estar muy pendientes de su propio cuerpo, las actitudes provocativas, la falta de interés por actividades propias de la edad, etc.”, apuntó la psicóloga.

Para Sztein, este fenómeno es particularmente evidente en el caso de las niñas, convertidas en mujeres miniatura y objetos de la sociedad de consumo, promoviendo atributos como la delgadez y la sensualidad. En el caso de los niños, puede desarrollarse un tipo de masculinidad basado en la fuerza y la dominación, «donde la única forma de vincularse afectivamente es a partir de lo sexual», explica el sitio web “Emma y yo” (dedicado a temáticas de género y educación sexual).

Los riesgos. La hipersexualización tiene consecuencias negativas en el desarrollo de la subjetividad de las niñas y niños, sobre todo en lo que se refiere a la autopercepción y la autoestima. “De repente, lo más importante es ser mirado y agradar a partir del aspecto, lo cual conlleva una degradación en lo intelectual y lo afectivo. Todo el valor que adquiere el sujeto humano tiene que ver con los atributos físicos”, manifestaron las especialistas.

Millie Bobby Brown (estrella de la serie Stranger Things) modela en la tapa de Variety a sus 13 años (2017).

Según “Emma y Yo”, si las niñas aprenden que cierta forma de expresarse y vestirse es el medio por el cual reciben atención y aprobación, irán en busca de esa gratificación, “alejándose de su propia forma de ser, para adaptarse a otra que les asegure reconocimiento”. 

Además, como señaló Sztein, la hipersexualización no permite que se desenvuelvan las distintas etapas que el niño necesita para el normal desarrollo de sus características psicológicas, físicas, intelectuales y afectivas. Esta abrupta transición a la adultez puede generar una serie de problemas, como la iniciación sexual precoz, trastornos del estado de ánimo y relaciones obsesivas en torno a la apariencia física y la alimentación.

“Como sociedad, caemos en la cultura del vacío, donde las emociones no importan, los demás no importan, no hay posibilidad de ponerse en el lugar del otro y se pierde la sensibilidad y la capacidad de pensar críticamente”, sostuvo la licenciada Treber.

El rol de la familia. Son múltiples las fuentes que contribuyen a esta problemática: la publicidad, la moda, los juguetes, los videojuegos, los dibujos animados, los medios de comunicación y hasta las redes sociales. “Las propagandas utilizan a los niños para vender productos ligados a ciertos modelos sexuales de género”, apuntó Treber, mientras Sztein añadió: “Son los valores que promueve el neocapitalismo, donde hay toda una estructura de marketing basada en el deseo y en la belleza física”.

Sin embargo, la familia también tiene su cuota de responsabilidad ante estas actitudes. Como señala “Emma y yo”, preguntarle al niño/a si tiene novio/a, pedirle que baile reggaetón u otros estilos similares, decirles a las niñas que se ven sexys, festejar sus cumpleaños en spas, comprarles ropa “de grande” e incentivarlas a usar maquillaje; son conductas que agravan la problemática.

Según la Asociación Americana de Psicología, la hipersexualización infantil está directamente relacionada con la depresión y los trastornos de la conducta alimentaria.

Ante este panorama, los profesionales recomiendan regular el consumo de ropa, juguetes y tecnología, así como el acceso a ciertos contenidos mediáticos, y fomentar otros valores, actividades y vínculos que permitan construir la identidad de los niños fuera de los atributos propios de la sociedad de consumo.