Trabajo y género, ¿compatibles?

El rol de las mujeres en el mercado laboral se encuentra en pleno desarrollo. Sin embargo, la realidad cotidiana y algunos estudios antropológicos muestran otro panorama en cuanto el éxito de la inserción del género femenino. 

Según consultoras, los “múltiples puntos de vista en una mesa trabajo enriquecen el producto final”.
Según consultoras, los “múltiples puntos de vista en una mesa trabajo enriquecen el producto final”.

Por Pamela Benitez. ECI-UNC

Se dice que el hombre de las cavernas arrastraba a su mujer de los pelos de un lado a otro. La imagen de esta escena, de la mujer como “la cosa” siendo llevada, voluntariamente o no, es chocante. Sin embargo, esa es, probablemente, la metáfora perfecta que atraviesa la sociedad desde sus comienzos: la mujer en un puesto secundario, casi a la sombra de la figura del hombre como el líder indiscutido.

Esta desigualdad no es nueva, y las manifestaciones sociales actuales así lo confirman. La marcha #NiUnaMenos demostró la alta necesidad de las mujeres por ser verdaderamente reconocidas y respetadas en la sociedad.

También vale aclarar que, a pesar de estas manifestaciones, en los últimos años en nuestro país se desarrolló la tendencia de reconocer el influyente rol de la mujer más de allá de la cocina y el cuidado de los hijos.

A lo largo de las conquistas en materia de derecho de protección femenina se cosecharon grandes triunfos. En esta línea, nuestro país adhiere a números tratados internacionales cuyos objetivos incluyen la fomentación de igualdad entre ambos géneros.

En el artículo 75  de la Constitución Nacional se garantiza el derecho de igualdad entre mujeres y hombres. Sólo para ejemplificar, en la Carta Magna se detalla que se deben “promover medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato, y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por esta Constitución y por los tratados internacionales vigentes sobre derechos humanos”.

En este marco se incluye la Ley 26485, llamada Ley de Protección Integral de la Mujer.  Promoción, protección, prevención, sensibilizar a la gente, crear instancias de concientización son algunos puntos de ella. La ley es bastante completa respecto a los derechos que se reconocen a la mujer. Sin embargo, en el mundo laboral, aún persiste el paradigma de diferencia en cuanto al género y las capacidades para cumplir las tareas.

El rol femenino.

Con mayores o menores matices, el estigma y los prejuicios hacia las mujeres determina que no pueda acceder a ciertos puestos laborales, como los jerárquicos, y sin embargo existe una clara predominancia en relación a otros puertos laborales donde los hombres escasean, como los puestos de secretario/asistente.

Las facultades que se consideran innatas en las mujeres: capacidad de orden, pulcritud, administradora del hogar y protectora, al parecen la habilitan para puestos donde puede seguir aplicando esas habilidades: puestos de secretaria o asistente, área de recursos humanos, entre otros.

En este sentido, una investigación de la revista “Nueva Sociedad” señala que “la diferencia de los géneros, en última instancia, debería promover valores que deben enseñarse desde los primeros años de educación formal”.

El progresismo argentino.

A nivel nacional, la ley de protección integral a las mujeres fue sancionada en marzo de 2009, y promulgada en abril de ese año. La ley tiene por objeto promover y garantizar la eliminación de la discriminación entre mujeres y varones; las condiciones aptas para sensibilizar y prevenir, sancionar y erradicar la discriminación; y la violencia contra las mujeres en cualquiera de sus manifestaciones y ámbitos.

Los derechos protegidos por esta ley incluyen -entre otros puntos- la implementación de medidas integrales de asistencia, protección y seguridad y la igualdad real de derechos, oportunidades y de trato entre varones y mujeres.

Además, es importante recalcar que también promueve la remoción de patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y las relaciones de poder sobre las mujeres.

Día a día mujeres en todo el mundo trabajan porque se convirtieron en el sustento del hogar. La incipiente independencia femenina señala que en el avance en nuestro desarrollo humano lo importante es respetar y compartir los espacios sociales. En este sentido, Argentina puede ser considerada “progresista”, ya que las leyes que se sancionaron en los últimos años reconocen el rol femenino.

Panorama local.

En nuestro ámbito, el escenario no parece favorable. En general, en las escuelas predominan las maestras, mientras que en otros ámbitos laborales la balanza se inclina hacia el otro lado. Por ejemplo, la mayoría de los taxistas son hombres, mientras que las mujeres al volante escasean. En el caso del servicio doméstico, también notamos que la mayoría de las personas que desempeñan este trabajo son mujeres.

En los últimos dos casos se enredan fábula y realidad. Popularmente se cree que las mujeres deben “ir a lavar los platos”, en lugar de conducir; mientras que en el segundo caso persiste en el imaginario popular que las mujeres son las que limpian y organizan mejor la casa. Planteada así, la situación para reducirse a estereotipos, es decir, el hombre manda y ejecuta, mientras que ellas son situadas en un segundo plano.

EL MILENIO

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