- Por Alejandra Gait. Directora Secundario Instituto Educativo Nuevo Milenio.
Hace 15 años daba respuestas a mis estudiantes de cuarto en su primera pasantía acerca de lo que significaba para nosotros ser una escuela diferente. Hoy, en el ocaso de mi trayectoria, miro hacia atrás y festejo los aciertos que hicieron grande a esta institución y a nuestros estudiantes, autónomos y críticos.
La pasantía representa el mundo laboral sin garabatos, donde se deja de ser estudiante para ser un trabajador que comprende las reglas del juego y, bajo un canon general, crea su propio estar en ella.
Sus capacidades se revelan con el pasar de los días y crecen sus potencialidades. Mientras se vislumbra la idea del otro y de todos para conformar un verdadero equipo, el bordó recorre el espacio de intercambio.
Y así, entre entrevistas, desgrabación y redacción, asoma un nuevo “aprender a ser” que se perfiló en las aulas y se consagró en la pasantía, donde, por una semana, los jóvenes se visten de periodistas y ensayan su rol enriqueciendo la realidad informativa de Sierras Chicas.
Es al momento de volver al aula, cuando el estudiante descubre que fue una semana diferente, en una escuela que piensa diferente.
Agradezco transitar estos espacios de trabajo, convencida de que cada adolescente puede “ser” cuando hay un lugar que se lo permite, dejando en sus propias manos el intento de crear un simulacro de esa realidad a la que pronto entrará cuando deje sus pasos escolares y camine la vida misma.

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