Por: Francisco Cuervo, Tomás Fornoni, Eugenia Bornancini y Catalina Giliberti 4° IENM – Franco Rodriguez, Nazareno Zuliani y Vicente Peroni 4° IMVA.
El motocross tiene algo de ritual. Antes de cada carrera hay una moto que revisar, un bolso que preparar, una pista que estudiar y un cuerpo al que preparar para los golpes y la adrenalina. Después viene una lógica grabada a fuego en el nicho del deporte, un código que comparten quienes atraviesan los viajes, las caídas, el barro y los nervios antes de largar.
Nicolás Carranza lleva tres décadas arriba de una moto. Tantas cosas cambiaron a su alrededor, y aún así hay una certeza intacta, que se pone en juego cada vez que ve una línea de largada: la sensación de que arriba del vehículo todavía encuentra su libertad.
El afán por la velocidad llegó a su vida de la mano de su padre, a quien define como su pilar más importante. Probó con bicicross y bajó al asfalto de la mano del karting, antes de volver a la montaña sobre las 2 ruedas.
Más tarde, su determinación y talento lo llevaron a siete fechas de competencias mundiales, una experiencia que lo atravesó por completo y que todavía ubica entre los momentos más importantes de su carrera. Así, se convirtió en un referente del motocross, tanto a nivel nacional como regional.
Labró una carrera triunfando en campeonatos provinciales, nacionales e internacionales. Sin embargo, los trofeos no alcanzan para describir el eje central de su éxito: la permanencia. Al tratarse de un deporte motor, en ocasiones se subestima la exigencia física que el mismo propone a los pilotos. Y es justamente en ese aspecto que Carranza logra sostenerse y sumar su enorme conocimiento y fortaleza mental para continuar compitiendo a los 40 años.
“Hoy algunas cosas cuestan más. Hay lesiones, aparecen los miedos, la desconfianza, los nervios. Pero siguen estando las ganas”, explica. Hace apenas unos meses volvió a correr después de una lesión y el regreso no fue sencillo. A la exigencia física se sumó algo menos visible: recuperar la confianza.
Un deporte donde nada llega rápido

Si hay una palabra que Carranza repite durante toda la conversación es “tiempo”. Ya sea para entrenar, para viajar, para preparar la moto, para recuperarse y para sostener una disciplina cotidiana que muchas veces queda invisible detrás de las carreras.
“Es mucho más tiempo que plata. Y eso que es un deporte muy costoso”, resume acerca del trabajo físico, preparación psicológica, mecánica, alimentación y largas jornadas arriba de una camioneta para llegar a las pistas. Muchas veces los viajes empiezan un jueves y terminan recién el lunes siguiente.
En tanto, el riesgo está presente de manera constante y los saltos a grandes velocidades proponen un nivel de dificultad técnica que obliga a los pilotos a desarrollar habilidades muy específicas, que no se adquieren de un día para el otro.
“No es una actividad donde te comprás un casco y salís a probar. Hay saltos, canaletas y situaciones donde tenés que saber reaccionar rápido. Hay que respetar los tiempos”, explica.
Es ahí donde Carranza manifiesta una preocupación que observa casi como un síntoma de época. Se trata de la preocupación de las nuevas generaciones para obtener resultados de manera inmediata.
“Los chicos hoy se frustran muy rápido. La tecnología hizo que todo parezca instantáneo y en el deporte eso no funciona así”, plantea. En ese sentido, el piloto marca que la lógica del motocross sigue la dirección exactamente opuesta. No hay triunfos inmediatos, ni carreras en las que sea posible evadir los obstáculos y las frustraciones.
Carranza cuenta que en cambio, en el motocross, el sendero es diferente y no existen los atajos. Es necesario entonces, un aprendizaje lento, progresivo y construido a partir de la repetición constante.
Por eso, Nicolás en su rol de entrenador insiste tanto en la disciplina y los hábitos, que parecen mínimos, pero que considera fundamentales. Incluso les pide a sus alumnos que vuelvan a usar agendas de papel para organizar entrenamientos y objetivos.
Su mensaje suena casi revolucionario en tiempos signados por el algoritmo y su impacto en diversas facetas de la vida, incluída la deportiva. “Hoy todo parece rápido, pero después te das con que en la vida todo lo que es realmente importante, lleva tiempo”, destaca con convicción.
Formación total

Primero fueron consejos aislados en las pistas, respuestas a preguntas de otros pilotos menores y pequeñas indicaciones técnicas. Después llegaron las clínicas, los entrenamientos y finalmente una estructura mucho más grande.
Hoy Carranza Sport funciona como academia, taller mecánico y equipo de competición. El proyecto incluye preparación física, asistencia técnica y acompañamiento deportivo para pilotos de distintos niveles.
“Se fue armando todo junto. Si un piloto necesita entrenar, preparar la moto o tener asistencia en carrera, tratamos de darle todo”, explica Nicolás en torno a esta propuesta integral.
El atleta hizo sonar su nombre alto a partir de grandes actuaciones y una impronta personal que no paró de abrirle puertas, no sólo en el circuito nacional, sino también a nivel regional.
Hoy, coordina grupos de entrenamiento con alrededor de 50 pilotos distribuidos entre Argentina, Chile, Brasil y Uruguay; quienes entrenan presencialmente o reciben planificaciones virtuales semanales.

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