Por: Eugenia Bornancini y Catalina Giliberti 4° IENM – Franco Rodriguez, Nazareno Zuliani y Vicente Peroni 4° IMVA.
Lo que comenzó como una sala para practicar capoeira en un terreno familiar, allá por 2012, se convirtió con el paso de los años en un espacio comunitario donde conviven distintas propuestas vinculadas al movimiento, el bienestar y el encuentro para personas de todas las edades. Como recuerda Carlos «Charly» Tinto, la sala nació a partir de una necesidad concreta: «contar con un lugar donde se pudiera practicar, todas las veces que se quisiera, sin pedir permiso».
El proyecto fue creciendo junto con su pareja Elodie De Weck, incorporando nuevas actividades y consolidando una identidad basada en la accesibilidad, el intercambio y la construcción colectiva.
«Siempre pensamos el espacio como algo más que un gimnasio o salón que se alquila por horarios; nos interesaba construir otra forma de vínculo y dar lugar a propuestas que muchas veces no encuentran dónde desarrollarse», señalan los entrevistados.
En mayo pasado, Dandara – nombre elegido en homenaje a la histórica luchadora afrobrasileña vinculada al Quilombo de Palmares – celebró sus diez años de existencia. “Elegimos ese nombre porque conecta con el origen de la capoeira, pero también porque recupera la figura de una mujer que, como tantas otras a lo largo de la historia, quedó invisibilizada”, explicó Elodie.
Y agregó: “Nombrarla es una forma de reconocer a quienes suelen quedar fuera de los relatos oficiales: las mujeres, las personas negras y los sectores populares. Ese sentido sigue siendo muy actual y forma parte de los valores que buscamos sostener”.

El Milenio: ¿Cómo nació el proyecto de Dandara?
Elodie De Weck: Dandara como tal surgió después de que existiera el espacio físico. Al principio era simplemente una sala de práctica, pero con el tiempo fue creciendo y transformándose. Cuando nos conocimos con Charly, yo también empecé a utilizarla para mis prácticas de yoga y, de a poco, fueron apareciendo nuevas actividades.
Carlos «Charly» Tinto: La sala nació en 2012 como un espacio para entrenar capoeira, gracias a la generosidad de mis padres, que me cedieron el lugar para construir. Después llegó lo que hoy es Dandara. Teníamos muy claro cómo queríamos funcionar, y esa idea fue moldeando el espacio. Siempre intentamos ser fieles a nuestra manera de pensar y de caminar.
EM: ¿Cuáles fueron los momentos más importantes en la evolución del proyecto?
EDW: El primer momento importante podría ser la inauguración en abril de 2016, donde decidimos darle nombre y forma a este espacio. Y después, a lo largo de los años, siempre intentamos mejorar el espacio para que sea cada vez más agradable, más cómodo. Como por ejemplo, poner un piso de madera, y aislar el techo, que permiten también que tanto en verano como en invierno cuando hace frío, la gente no deje de practicar, para que pueda también ayudar a la constancia y seguir yendo a clases.
EM: ¿Cómo lograron sostener el espacio en el tiempo en contextos muchas veces desafiantes para los proyectos culturales independientes?
EDW: Creo que es porque estamos convencidos de lo que queremos hacer; aunque hace frío vas y das las clases, aunque haya dos alumnos vas y das las clases. Es decir, la constancia que también tiene que ver con la disciplina de seguir sosteniendo el espacio. Y por otro lado, por ejemplo en la pandemia, siempre que podíamos hacer cosas lo hacíamos o con las ventanas abiertas, como lo hicieron también otros espacios. Nosotros tenemos la gran ventaja de que el espacio es propio, que está construido en un terreno familiar, no pagamos alquiler. Entonces, bueno, eso obviamente es una ventaja muy grande porque si se cae todo y no viene nadie, el espacio sigue existiendo. Este aspecto no podemos dejar de nombrarlo ya que, en otros espacios independientes de la zona no ocurre lo mismo. Tener que pagar un alquiler, a veces se vuelve imposible.

EM: Además de capoeira y yoga, ¿qué otras actividades funcionan?
EDW: Hay diversas propuestas vinculadas al movimiento, como danza y entrenamiento, contact improvisación, biodanza y Estado Danza, la propuesta de Pao Meer Lemos, que trabaja la improvisación desde una dimensión más poética. El hilo conductor de todas estas actividades es el movimiento corporal, entendido como una práctica que aporta bienestar físico, mental y emocional. Por eso la grilla no es fija: va cambiando de acuerdo con los intereses y las propuestas que surgen cada año e incluye también talleres y experiencias de corta duración, como seminarios o encuentros de fin de semana.
EM: ¿Cuál dirían que es hoy la impronta del espacio y de qué manera lo comunitario y las disciplinas de bienestar hacen a la identidad del lugar?
EDW: La impronta del espacio tiene que ver además del movimiento como hilo conductor de todas las propuestas, con la mirada comunitaria. Siempre supimos que este lugar tenía que ser accesible para la mayor cantidad de personas que lo deseen. Por eso, además de las actividades regulares, hay propuestas a la gorra, como las jams de contact improvisación que se realiza una o dos veces al mes. También buscamos generar alternativas para que la situación económica no sea una barrera, ya que lo primero que uno recorta cuando no hay dinero son las actividades extras, ya que la prioridad es la comida. Incluso aceptamos que los profes puedan trabajar mediante intercambios o trueques. Todo eso forma parte de nuestra manera de entender lo comunitario: que el espacio sea de todos y todas, que las personas se sientan cómodas, que haya lugar para conversar sobre las realidades que atravesamos y para construir formas más solidarias de vincularnos.
CT: Como capoeirista Dandara es una «Casa de Capoeira”, un espacio familiar, un lugar donde suceden cosas, donde pasa gente, donde las personas se encuentran.

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