El cierre de fronteras decretado hace dos meses dejó a miles de argentinos varados en el exterior. Viajes cancelados, repatriaciones limitadas, trámites burocráticos y aumentos significativos de los pasajes, son algunos de los obstáculos a los que se enfrentan estos ciudadanos. Diferentes son las condiciones que rodean a cada caso, pero el anhelo de regresar es el común denominador.

Colaboración:

Valentina Solís, Antonella Monguzzi y Agostina Budrovich

5to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio


El avance mundial de la COVID-19 y su transformación en pandemia encontró a muchos argentinos dispersos en el exterior. Para frenar la expansión del virus, los países del mundo cerraron sus fronteras o adoptaron estrictas medidas de circulación que dejaron a los viajeros en una situación de incertidumbre.

En primera instancia, el gobierno argentino había limitado el ingreso de extranjeros no residentes en el país, pero diez días más tarde, el 26 de marzo, anunció el cierre total de los pasos fronterizos, aeropuertos y puertos de todo el país.

Así, comenzó una odisea que para muchos todavía no termina. El Ministerio de Relaciones Exteriores, las Fuerzas Armadas y las compañías de viajes activaron operativos para traer de vuelta a los ciudadanos argentinos varados en el exterior, estableciendo parámetros de prioridad y protocolos sanitarios de logística y traslado para aislar a los recién llegados.

No obstante, la situación se desbordó rápidamente y el regreso al hogar pasó a convertirse en una cuestión de suerte. Viajes cancelados, repatriaciones con cupos por día y aumentos desmesurados en las tarifas, son algunas de las aristas que envuelven a esta problemática.

A pesar del complejo escenario, a fines de abril, el ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Solá, declaró que el 90% de los varados ya habían regresado al país.  Según datos revelados por la Secretaría de Integración Regional de la Provincia, la mayoría de los cordobeses que todavía esperan ser repatriados se encuentran en Estados Unidos, México, España y Andorra.

Costear un pasaje, privilegio de pocos


Con el agravamiento de la pandemia, muchos argentinos que residían temporalmente en otro país (por trabajo o por estudio) buscan volver. / Foto Federico López Claro para La Voz del Interior.


Una situación compleja y muy frecuente dentro de este contexto, es la de aquellos viajantes que ya habían adquirido sus pasajes de vuelta al país con anticipación y cuyas salidas fueron canceladas. Entre los reclamos más frecuentes, se ubica el incremento en el valor de los tickets aéreos que se debe pagar para acceder a la repatriación.

Valentina Grant, oriunda de Río Ceballos, estaba trabajando en México al momento que se declaró la cuarentena. Aunque pudo volver a su ciudad natal hace unas semanas, reconoció que lograrlo no fue sencillo. “Se consigue solamente si tenés la posibilidad de comprar un boleto”, afirmó. Además, aseguró que los procesos “no son de público conocimiento”.

Benjamín Aragón, vecino de la misma localidad que actualmente se encuentra varado en Andorra, tenía un pasaje de vuelta al país para abril. En diálogo con El Milenio, el joven contó que le exigen pagar la diferencia con respecto al valor del ticket hoy en día. “Yo pagué 35 mil pesos por el pasaje cuando lo saqué, ahora me quieren cobrar 60 mil, y eso que nos eximen del impuesto PAIS. Me negué porque realmente no tengo la plata. Actualmente, en teoría, estoy en una lista donde se contemplan los casos como el mío”, explicó.

Las infaltables trabas burocráticas


“Entendemos que la situación es difícil, pero nos gustaría que los cronogramas de repatriación sean más claros, para saber cómo manejarnos. Hoy somos casi 2000 argentinos varados en Andorra”. / Foto de archivo.


Por su parte, Nicolás Llanes, otro ríoceballense que se encuentra en Andorra, criticó las irregularidades en el acceso a los vuelos de repatriación. “Se manejan por prioridad: primero están las personas mayores o con problemas de salud, luego la gente que tenía boleto de Aerolíneas Argentinas y después, los de otras firmas. Entendemos que la situación es difícil, pero nos gustaría que los cronogramas sean más claros, para saber cómo manejarnos. Hoy casi 2000 argentinos estamos varados acá”.

Aragón, asimismo, indicó que los trámites no son “específicos” y que solamente consisten en “llenar formularios, que sirven para mantener un control”. Además, calificó las respuestas del consulado como “obsoletas”. “La herramienta más útil para luchar es tener un ticket”, señaló. “Básicamente te piden que esperes a ser llamado y no hay nada concreto”, agregó a su vez Llanes.

Estas trabas se hicieron evidentes en uno de los casos más resonantes de la región, el de Dante Leguizamón. El periodista cordobés y actual vecino de Río Ceballos estuvo más de 30 días a la deriva en un crucero de la empresa Holland America Line, navegando entre Miami y Bahamas sin poder desembarcar. En el transcurso, 20 personas a bordo contrajeron el SARS-CoV-2 y cuatro más fallecieron por esta causa.

En medio de la desesperante situación, Leguizamón denunció por las redes sociales la experiencia en el crucero, “sorteando el cautiverio” al que lo “sometió” la compañía. Tras numerosos recursos presentados a la Justicia por parte de la familia del comunicador y su abogado, Claudio Orosz, Leguizamón finalmente emprendió el regreso al país el pasado 28 de abril.

La solidaridad, entre tanta incertidumbre

Frente a este panorama, se suman las dificultades económicas. Mientras algunos logran sobrevivir con sus ahorros, otros ya se quedaron sin alternativas. “El dinero se va acabando”, lamentó Llanes. En medio de este contexto desalentador, algunos países tomaron medidas para asistir a los varados.

Ambos ríoceballenses reconocieron distintas ayudas para los “temporeros” por parte del gobierno andorrano. “Al principio pedían que hubiésemos aportado, o sea, trabajado en blanco durante la estadía, pero luego nos dieron una mano a todos. Hacen compras, nos dan comida y nos ofrecen ciertas facilidades, incluso gestionaron el tema de los alquileres, que a muchos se nos terminaban en abril”, contó Benjamín.

Por su parte, Grant destacó los gestos de la población mexicana. “Pusieron autos para ir y volver del aeropuerto, hostels y casas a disposición. Los primeros días que la gente se quedó durmiendo en diferentes puntos, les llevaron comida. También regalaron chips con crédito para quien necesitara comunicarse con su familia”, valoró la joven.

El texto original de esta nota fue publicado en nuestra edición impresa 267.