Por: Bianca Romero, Isabella Furrer y Martina Pérez 4° IMVA – Matilda Heredia y Morena Rodríguez 4° IENM
Lecturas, danza, performance, editoriales independientes y un clima de exploración compartida: así se fue tejiendo “Pequeñas Entropías”, un ciclo que nació en 2022 como una propuesta íntima y que hoy ya suma 42 ediciones en Casa 29. Definido por sus organizadores como “un microclima”, la iniciativa se consolidó como punto de encuentro para artistas de distintas localidades de Córdoba, donde el cruce de lenguajes y la escucha atenta son protagonistas.
“Entropía es una ley de la física, de la termodinámica, que habla de que todo tiende al caos en el universo, al desorden. Y es lo que pasa en el ciclo: suceden cosas, las personas se involucran, se dejan afectar por lo que sucede”, explicaron Rocío Carnicer y Max Acosta, impulsores de la propuesta. Esa idea de lo imprevisible atraviesa cada edición, donde lo planificado convive con lo espontáneo.
Así, con el paso del tiempo, se fue consolidando una identidad propia. “Si lo tengo que definir es un momento de encuentro, donde se ofrecen también comidas, bebidas”, agrega Rocío sobre la dinámica. Cada edición suele reunir seis propuestas que combinan distintos lenguajes con artistas de distintas procedencias, edades y trayectorias.
Además, se propone como un espacio abierto y colaborativo. En este sentido, Max amplía: “La idea es que no solo sea algo que organizamos, sino también un lugar donde quien lo necesite pueda manifestar su arte. Nos gusta mucho cuando la gente lo toma como una instancia de exploración”.

El Milenio: ¿Cómo surge la idea de crear este proyecto en Casa 29?
Rocío Carnicer: La primera edición fue en marzo de 2022 y, en ese momento, el ciclo todavía no tenía nombre. El primer evento que habíamos hecho en el espacio fue la presentación de un libro, y fue un comienzo. Después de eso decidimos nombrarlo Casa 29 y convoqué a Max para que organicemos algo juntos: invitar a leer, sin demasiadas pretensiones. El encuentro se llamó “Lecturas, oráculos y libros”, y la propuesta era que, al entrar, se encontraran con esa casa (una construcción de 1929, ubicada en Juan Milich 29, de donde surge el nombre) y que se dejaran sorprender. No sabíamos bien qué iba a pasar, pero fue un éxito inesperado. Participaron muchas editoriales, se sumaron poetas y todo era muy sencillo: teníamos un parlante pequeño, un micrófono chico y un sillón.
Las repercusiones fueron tan buenas que nos sorprendieron: vinieron muchos artistas de Córdoba y también de Sierras Chicas. Entonces decidimos continuarlo. En abril tuvimos que suspender, estábamos probando formatos, pero en mayo retomamos con más firmeza. Después de esa edición le pusimos el nombre “Pequeñas Entropías» y, desde junio, la casa empezó a llenarse: se corrió la voz de que en ese espacio sucedían cosas singulares, con lecturas de poesía y distintas acciones.
Max Acosta: A partir de ahí comenzamos a invitar artistas, y ellos mismos empezaron a acercarse con ganas de participar. Así se fue consolidando y, desde entonces, no se detuvo: salvo algunos meses, logramos sostenerlo en el tiempo.
EM: ¿Cómo son los encuentros y qué dinámicas o vínculos se generan entre quienes participan?
RC: La dinámica que se fue generando con la práctica y a lo largo de estos años es muy particular. Se construyó un ámbito y un clima de mucha escucha, algo que no sucede de la misma manera en un bar u otros espacios, donde la gente está comiendo, conversando o hay música y, de paso, alguien lee. Acá, en cambio, se da realmente una escucha atenta, un espacio abierto a que pasen cosas. Muchas veces la gente asiste sin saber quiénes van, sin conocer la grilla, y aun así confía en nuestro criterio y en el ciclo. Eso, la verdad, es muy valioso.
MA: Así es, los eventos fueron cambiando desde el inicio y a lo que hoy es después de 42 ediciones. Fuimos puliendo muchas cosas sobre todo en la parte de la gestión, cómo organizarnos, que sea también más cómodo para nosotros. Pero la esencia sigue siendo la misma.
EM: ¿Tienen algún criterio para seleccionar a los artistas que se presentan?
RC: Sí, hemos construido un criterio que tiene que ver con una dinámica que fuimos generando con Max: hay una parte de experiencia, otra de intuición y también decisiones más concretas, como que haya paridad de géneros, incluyendo identidades trans, siendo abiertos en ese sentido, y también de edades: si todos rondan los 30 años, buscamos sumar personas más jóvenes. Nos interesa mezclar. Podemos hablar de un equilibrio que a veces se logra más y otras menos, pero siempre intentamos combinar. En ese sentido, tratamos de construir una combinación que funcione.

EM: ¿Cómo ha ido cambiando el público desde las primeras ediciones?
RC: El público al principio era gente amiga, conocida, gente que seguía a los poetas que iban y eso se fue ampliando mucho. Hemos invitado artistas muy jóvenes de 15 años que han ido a leer o accionar y también eso amplió a un público más joven. También hay un grupo de gente más grande, por ejemplo. Entonces es muy interesante lo que se genera.
MA: Más allá de nuestro trabajo para sostenerlo, sin público asistente y sin artistas que participen no sería posible mantenerlo. Como solemos decir, es una red: hay muchas personas que, con su ayuda, su apoyo emocional o simplemente escuchándonos, lo hacen posible. Sentimos que una forma de hacerlo crecer es, justamente, ampliar esa red y lograr que llegue a la mayor cantidad de personas posible, para que más gente pueda vivir la experiencia de una Pequeña Entropía. Y la idea es no perder la esencia de lo que disfrutamos hacer con el ciclo.
EM: En el recorrido que ya tienen, ¿cuáles fueron los principales logros y aprendizajes hasta ahora?
RC: Aprendizajes hay muchísimos. Siento que todo el tiempo estamos aprendiendo y creciendo. Este ciclo, al que queremos profundamente, nos dio un entrenamiento muy particular, atravesado por una dimensión afectiva muy fuerte. Ninguno de los dos vive económicamente de esto; lo que hacemos es ir observando las repercusiones y los logros que va teniendo: la convocatoria, por ejemplo, siempre hay una lista de personas para invitar que sigue creciendo. Entonces entendemos que esto no tiene un fin cerrado, sino que todavía hay muchas posibilidades y eso mantiene la llama prendida.
También vemos que muchas de las personas que asisten lo toman como un espacio de experimentación: es la primera vez que leen, la primera vez que se animan a hacer algo. De hecho, han surgido muchos proyectos cuya primera instancia fue Casa 29, y eso para nosotros es algo muy hermoso. Ver que el ciclo es un semillero de producciones futuras nos parece algo muy importante.

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