27 mayo, 2026

El Milenio

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Villa Allende: Ana Zenarruza, jugar hacia adelante, crecer hacia adentro

Con apenas 18 años, la jugadora del Tala ya dio sus primeros pasos en la primera del albinegro y fue convocada a Las Leoncitas Sub-19. Entre la exigencia, la autocrítica y el deseo de superarse, construye un camino donde lo mental pesa tanto como lo físico.

Por: Emilia Bulich, Thelma Scheibengraf e Ignacio Arabel 4° IMVA – Martina Solis y Dulcía Cravero 4° IENM


Ana Zenarruza arrancó con el hockey en la escuela, cuando cursaba tercer grado de la primaria. “Todas habían empezado antes. Yo me sumé después, pero ya me re gustaba”, recuerda.

A su corta edad, sostiene una firmeza y una convicción notables, y parte de ello ya se dejaba entrever a los 11 años, cuando le dijo a su familia que quería “algo más serio” con el deporte y comenzó a entrenar en las divisiones formativas de uno de los espacios más competitivos de la provincia: el Tala Rugby Club.

“No sé si podría identificar un punto en el que mi carrera cambió o en el que registré un clic en mi forma de jugar. Sí comencé a notar que, si le ponía foco, podía mejorar y alcanzar grandes resultados en esto”, comenta la jugadora de Tala, sobre un proceso que funcionó -y funciona, en su corta carrera- por acumulación.

Ese primer salto a un club tan exigente se vio interrumpido por la pandemia. Tal como sucedió con muchas jóvenes que hoy están entrando en el circuito mayor o de Primera, el aislamiento preventivo cortó su ritmo de competencia, pero en este caso -a diferencia de otros adolescentes- no frenó su intención de que el hockey ocupe un lugar cada vez más central en su vida.

Una generadora de juego con el arco entre ceja y ceja

Zenarruza se destaca en el campo por su polifuncionalidad e incluso hoy, ofrece alternativas a su equipo, pudiendo desempeñarse tanto como delantera como de volante. Disfruta de ambas posiciones y en las dos encuentra desafíos que la ayudan a crecer y a convertirse en una jugadora más completa y peligrosa para sus rivales. “De delantera tenés que ser agresiva, ir a buscar el gol. De volante participás más del juego, estás más en contacto con la pelota y estás en defensa y en ataque”, explica. Esa dualidad le permite entender el juego desde diferentes lugares y construir una lectura más amplia.

Si hay un rasgo que define su estilo, aparece rápido en su propio relato: la agresividad. No como impulso desordenado, sino como decisión de juego. Una determinación característica de otros perfiles cordobeses que funcionan como referencia, como lo es Julieta Jankunas, habitual integrante de Las Leonas. Al respecto, cuenta: “Me gusta atacar en vertical, ir para adelante y eso en buena parte define mi juego”. Esa forma de plantarse en la cancha no solo marca su perfil como jugadora, sino también una manera de entender el deporte.

Ese empuje ya la ha llevado a momentos clave. El 2025 fue un año bisagra. Llegó su debut en Primera, un objetivo que había visto durante años desde la tribuna. “Una, como jugadora de club, siempre sueña con ocupar ese lugar. Desde chica te quedás mirando a las más grandes, son tus ídolas -resume-. Estar ahí es un sueño”. Ese paso no solo implicó un cambio de categoría, sino también de contexto: más velocidad, más intensidad, más exigencia y -por supuesto- más responsabilidad.

Pero en un año frenético y plagado de emociones llegó otra confirmación importante: la convocatoria a Las Leoncitas Sub 19. La noticia la encontró en el aula, en medio de una clase. “Me mandaron la lista y vi mi nombre. Fue muy emocionante, era lo que estaba esperando”, rememora. El llamado es parte de un sueño que para miles de jugadoras en todo el país parece utópico. Pero en su caso forma parte de un programa de detección de talentos: un trabajo de scouting nacional que venía dándole seguimiento, tanto a ella como a un puñado de jugadoras a lo largo y ancho del país.

Igualmente, ahora surgen nuevas demandas. “Soy una jugadora con un nivel de autoexigencia alto y siento que tengo que crecer mucho, sobre todo en detalles técnicos. Pero también soy consciente de que tengo tiempo y terreno por delante para dar ese salto y mejorar”, explica.

La cabeza también juega su partido

Si hay un aspecto que Zenarruza destaca como determinante, es el mental. En el alto rendimiento, dice, el peso de la cabeza es sustancial. “Podés ser una jugadora distinta según cómo estés de la cabeza. Es clave. Es tan importante como la capacidad física o técnica; te define como jugadora”, plantea. La confianza, la concentración y la capacidad de manejar la presión y desprenderse de los momentos adversos aparecen como variables decisivas.

También hay una dimensión más personal en ese proceso. “Me gusta entrenar sola y los mayores cambios que pude lograr tuvieron que ver con ir sumando estímulos extra, fuera del club”, agrega. También revela: “En los momentos que a priori son de descanso, yo sumo entrenamientos para intentar hacer la diferencia”.

Sostener ese nivel de compromiso implica decisiones. Menos salidas, más descanso, una rutina ordenada. En este sentido reconoce que “uno siempre quiere ser parte y es difícil perderse cosas, pero a veces toca hacerlo para enfocarse”. Hoy ese desafío no solo tiene que ver con las salidas típicas de una adolescente, sino también con su presente académico. “Para mí el hockey es prioritario y quiero sostener la misma intensidad, pero sin dejar de lado mis estudios”, destaca la joven atacante de las juveniles argentinas.

Los entrenamientos para la selección nacional suelen tener lugar en Buenos Aires y eso implica una distancia respecto de otros puntos de apoyo como la familia y las amistades. “Eso te pone un poco nerviosa y cuando estás ahí se te viene a la cabeza ese peso del ‘tengo que hacer las cosas bien’ y la ansiedad de pensar en cómo influye en el futuro entrenar bien o no durante esa semana que estás en el seleccionado”, describe Ana.

En ese recorrido, también aparecen los cambios de contexto. Equipos que se reconfiguran, roles que varían de un año a otro. “Un año sos titular y al siguiente estás peleando por entrar en la lista -explica-. No hay un terreno de comodidad”. Esa inestabilidad obliga a adaptarse, a volver a empezar.

Aun así, el horizonte está claro. A corto plazo, seguir mejorando. “No quiero conformarme nunca con lo que tengo. Quiero crecer física, táctica y técnicamente”, subraya la jugadora. El sueño mayor aparece casi de forma natural: llegar a Las Leonas. Pero no es el único. También imagina una experiencia en el exterior, en países donde el hockey tiene otro desarrollo -sobre todo a nivel económico- como Bélgica u Holanda.


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