Mientras la pandemia sigue su curso, el equilibrio entre políticas económicas y sanitarias se vuelve cada día más precario. Con el mercado mundial en crisis, la actividad productiva casi paralizada, una deuda externa imposible de pagar a corto plazo y una emisión monetaria constante, Argentina se enfrenta a un futuro complejo. La pregunta clave es: ¿qué tan oscura será la tormenta?

Colaboración:

Valentina Solís, Agostina Budrovich y Antonella Monguzzi

5to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio


Ruben J. Ullúa: Analista de Mercados Financieros. Especializado en análisis técnico desde 1996, tanto para el mercado de valores como de commodities. Sus análisis son consultados a diario por profesionales del mercado y reconocidas entidades financieras en Latinoamérica.

A más de dos meses de haberse decretado el aislamiento social, preventivo y obligatorio, Argentina ha logrado resultados sanitarios exitosos frente al avance de la COVID-19. Desde que el virus se desató, Alberto Fernández señaló que su postura sería priorizar la salud. “De la economía se vuelve, de las muertes no”, declaró en su momento el presidente.

Pero a pesar de los beneficios de la cuarentena a nivel salud, es innegable que la situación económica del país se vuelve cada vez más crítica. Mientras algunos sectores productivos vuelven a la actividad tras casi 60 días con las puertas cerradas, otros siguen esperando su turno. En el medio, gran parte de la sociedad argentina permanece en sus casas, con salidas mínimas.

Rubén Ullúa, Analista de Mercados Financieros, resumió el presente y futuro de Argentina con una palabra: “incertidumbre”. “Se desconoce cuál es la dimensión real del impacto de tener gran parte de la economía frenada. Las previsiones son muchas, obviamente todas negativas”, señaló.

No hay poder de recaudación, lo cual afecta directamente al ingreso de cada sector y va a repercutir en la posibilidad de mantener la actividad productiva”, explayó el especialista. En este sentido, Ullúa anticipó que, en el corto plazo, el mayor problema estará asociado al desempleo. “Al no recaudar, muchas empresas no pueden pagar sueldos y no se sabe si los empleos van a poder sostenerse”, explicó.

Creo que se debería haber tenido una visión más integral en lo que se refiere a salud y economía, se hizo un enfoque muy directo sobre una y se desprotegió a la otra. Del lado de la salud se manejó bien la situación, del lado de la economía, no tanto”, opinó el analista al evaluar las decisiones del gobierno.

El Milenio: ¿Qué medidas se podrían tomar una vez finalizado el aislamiento?

Rubén Ullúa: En primera instancia, no se puede cometer el error de retroceder en el éxito que ha tenido la cuarentena, desde el punto de vista de los contagios. Pero, al mismo tiempo, es necesario que la economía comience a funcionar. Creo que las medidas van a depender de cada sector, se necesita una combinación perfecta entre políticas sanitarias y políticas económicas.

EM: ¿Qué particularidades tiene la situación para Córdoba y Sierras Chicas?

RU: El turismo para la provincia es un ingreso muy importante e indudablemente en este momento es uno de los sectores más afectados, junto con la gastronomía y el entretenimiento. Son rubros donde la actividad va a volver muy lentamente. Hoy en día ni siquiera está claro cómo se van a rehabilitar, cuáles van a ser los protocolos.

“Para salir de la crisis, Argentina va a necesitar vender su producción al mundo. Los acuerdos comerciales que establezca el gobierno van a ser un punto clave, así como la re-negociación de la deuda”

EM: ¿Hay una verdadera utilidad en la rebaja de sueldos de los funcionarios públicos o es algo meramente simbólico?

RU: Es más simbólico, aunque también es necesario que los políticos se ajusten en esta situación de extrema necesidad que está atravesando el resto de la población.

EM: ¿Cuál podría ser el impacto de la actual emisión masiva de billetes?

RU: Como estamos en una economía de emergencia, la emisión es necesaria, es la única forma que tiene el país para abastecer sectores que están muy complicados. No obstante, si esto se extiende a largo plazo, puede provocar un incremento sustancial de la inflación, sobre todo cuando se rehabilite la demanda, que hoy está contenida.

EM: ¿Qué opciones de ahorro tienen los ciudadanos en este momento?

RU: Hoy en día, las alternativas de inversión son escasas. Quienes tienen ahorros, no quieren perder dinero con la inflación, pero los elementos de cobertura también son limitados. Para los activos financieros conservadores, me parece válida la opción de los plazos fijos ajustados por UVA, ya que la tasa de interés de los tradicionales bajó mucho. Otra forma interesante de cubrirse frente a la inflación es la compra de bienes, generar algún stock que pueda venderse en el futuro.

EM: ¿Cuánto tiempo podría tardar en restablecerse la economía del país?

RU: Es algo muy incierto, porque no se conocen todavía las dimensiones del impacto, no sabemos cómo va a quedar la cadena laboral, cómo será la situación de las empresas, cuánto puede reacomodarse la economía argentina.

El gobierno nacional estimó una caída del 6% del PBI para este año, pero otras previsiones consideran que podría ser superior al 10%. Aunque las proyecciones son negativas, no hay nada en concreto. Se espera que la economía mundial comience a traccionar de nuevo y que Argentina se empiece a acomodar en ese contexto.

Vamos a depender mucho del mundo para salir de la crisis, necesitamos vender nuestra producción y hacernos de dólares. El tema es que el mundo también está parado, lo cual es inédito. Los convenios internacionales serán claves para que el país pueda asegurarse la comercialización de productos al exterior. Argentina no puede subsistir por sí misma porque no tiene posibilidades de financiarse, ni siquiera endeudándose.

EM: En este sentido, ¿cómo enfrentará la nación el pago de sus deudas?

RU: El Estado tiene que pagar deuda soberana emitida tanto durante el gobierno de Cristina Kirchner, como en el de Mauricio Macri. Tiene varios años de vencimientos muy importantes por delante, que hacen que sea imposible el pago, porque el país no cuenta con ese dinero.

Eso obliga a pedir una renegociación para extender los plazos y que no tengamos que salir a pagar la deuda externa en los próximos tres o cuatro años. Argentina no tiene posibilidad de pagar en el corto plazo y creo que va a depender mucho de su poder de negociación para llegar a un acuerdo con los bonistas. Si no, va estar muy difícil evitar el default.

El texto original de esta nota fue publicado en nuestra edición impresa 267.