Hugo Zanet, Director General de Institutos Privados de Enseñanza, evaluó los principales inconvenientes de los colegios en Córdoba durante la cuarentena. A su vez, detalló algunas de las nuevas características del trabajo docente en las aulas virtuales.

Por Valentina Solís, Antonella Monguzzi y Agostina Budrovich

5to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio


Ante el proceso de aislamiento social, preventivo y obligatorio, muchos sectores de la economía han presentado inconvenientes. La educación privada no es una excepción. En la Provincia de Córdoba, las instituciones que integran la Dirección de Institutos Privados de Enseñanza (DIPE), cuya dirección general está a cargo de Hugo Zanet, elaboraron un informe para detallar el estado de los colegios.

 “Sé que algunas escuelas privadas tienen aporte estatal con lo cual se abonan sueldos, pero evidentemente, en algunos casos también se pagan alquileres o servicios como Internet, luz, gas, el mantenimiento de la institución y otras cuestiones”, indicó Zanet quien a su vez informó sobre la posibilidad de recibir acompañamiento del Estado Nacional.  

Entiendo que a nivel nacional se está estudiando una posibilidad de ayuda con algún tipo de subsidio. Nosotros hemos enviado un informe con los detalles de cada institución en Córdoba pero no va a ser una cosa fácil volver a tener un equilibrio económico mientras haya pérdidas de empleos de profesionales que no pueden ejercer su profesión. Es una situación compleja”.

Sobre la posible ayuda expresó que el informe fue enviado el 5 de mayo y ahora se encuentran en una instancia de espera. “Las instituciones de gestión privada elaboramos desde el 30 de abril hasta el 3 de mayo el informe con los datos de todas. Se está esperando desde Nación algún tipo de respuesta”, concluyó.

Tiempos de obstáculos


En su gran mayoría hubo una excelente disposición de docentes y directivos que están trabajando aún más de lo que se trabajaba de manera presencial” / Archivo El Milenio.


Por su parte, el sector docente enfrenta sus desafíos en un contexto educativo dominado por la tecnología y sus inminentes consecuencias. La conectividad varía entre distinto sectores y hogares, lo que se suma a una adaptación familiar para utilizar los diversos recursos.

Muchas familias no disponen de conectividad por lo tanto usan los  datos móviles que tienen un costo muy alto”, detalló Hugo Zanet y agregó: “Y a veces, en una casa no hay mucho espacio para estudiar porque son varios en edad escolar y se cuenta con una sola computadora y todos necesitan usarla. Incluso, si en la familia hay docentes que también precisan estas herramientas”.

En términos generales, son esos los inconvenientes, la falta de tecnología y las inversiones que debieron realizar algunas instituciones en plataformas y otros elementos. A veces, las dificultades son de carácter económico y en otras ocasiones, es en relación a la conectividad y virtualidad”, resumió.

La barrera de lo presencial


/ Foto gentileza Fundación Josefina Valli de Risso.


La escuela es presencialidad, fundamentalmente porque son vínculos. Además de la vida escolar obligatoria, está la socialización en los grupos de amigos, donde se cultiva una serie de aprendizajes generados en la convivencia y también en la necesidad de verse las caras. Si uno no entiende, si la participación es distinta, se puede preguntar en el mismo momento en el aula o grupo”, indicó Zanet.

Lo presencial presenta desafíos aún más complejos, como es el caso de la educación inicial, en los niños y niñas de primer grado que recién están aprendiendo a leer y escribir. “Es difícil adaptar todos los recursos didácticos para que los estudiantes aprendan desde la virtualidad y ni hablar del nivel inicial donde también hay que captar la atención de los pequeños”.

Asimismo, el nuevo panorama involucra un tiempo mayor frente a las pantallas. “En su gran mayoría hubo una excelente disposición de docentes y directivos que están trabajando aún más de lo que se trabajaba de manera presencial”, valoró Zanet en diálogo con El Milenio.