Kiara Averbuj es bailarina y con apenas 14 años se desempeña como profesora y estudiante en la academia Dance Center ubicada en Villa Allende. Con su vasta formación en la danza, incursionando en distintos estilos, decidió enseñar Urbano a los más pequeños que ingresan al estudio con el deseo de bailar.

Por Valentina Solís, Antonella Monguzzi y Agostina Budrovich

Instituto Educativo Nuevo Milenio


Kiara creció tanto en su hogar, como en la academia de danza de su madre, Dance Center. Desde su infancia, la vocación ya empezaba a abrirse paso, lentamente. Hasta que, años más tarde, su amor por la danza derivó en la enseñanza, a la par de continuar con sus estudios particulares.


Kiara Averbuj, con la danza en la sangre


El propósito fue facilitar su experiencia a otras personas y a su vez obtuvo herramientas y conocimiento, complementando dos roles que la definen en el ámbito de su pasión. Además, mediante la incursión en la enseñanza y su creciente desempeño, pudo medirse ante grandes bailarines y participar en competencias de alto nivel.

Actualmente con la situación de aislamiento, Averbuj está dictando clases a través de la plataforma Zoom, con el objetivo de seguir formando a sus alumnos. Mientras tanto, también toma sus respectivas lecciones y valora: “luego de este aislamiento vamos a valorar muchísimo más el espacio de la clase; ahora es todo por celular y no se siente la misma energía”.


A la corta edad de dos años, Averbuj ya empezaba a bailar. /Foto gentileza.


El Milenio: ¿Cuáles pensás que son los beneficios de ser estudiante y profesora a la vez?

Kiara Averbuj: El año pasado empecé a dar clases en la academia de mi mamá, enseño ritmos urbanos como hip hop y reggaeton para niños entre 8 y 12 años. 
Creo que los beneficios de ser profesora, es que de cierta forma sentís que estás ayudando a los otros, pasándole todo lo que vos tenés de información en el cuerpo. Ver que lo desarmen y lo metan en el suyo, me encanta. Terminas aprendiendo de tus alumnos, y a dar clase, es todo prueba y error.

A la hora de ser alumna, una cosa muy beneficiosa es que, podes estar muy pendiente del profe, pero al mismo tiempo podes hacer la coreo como vos quieras, no tan perfeccionista, como al momento de dar clase.  Siento que de los dos lados se aprende muchísimo.

EM: ¿A esta actividad la llevás a cabo de forma grupal? ¿Es posible crecer como bailarina individual o siempre conviene estar contenida en una compañía?

KA: Me gusta entrenarla en el ámbito de una clase y también por mi cuenta. Hoy en día que estamos atravesando el aislamiento estoy entrenando mucho por mi cuenta y me sirve, pero no es lo mismo de forma individual que grupal. La energía es otra, además aprendes de otros, creces y te nutrís de la gente que te rodea.

En este momento estoy en un grupo de competencia que se llama Mermaid, y eso me sirve mucho para crecer en distintos aspectos de la danza como también trabajar el compromiso o ayudar al otro. Siento que de ambas formas se puede aprender, pero es preferible en conjunto.

EM: ¿Necesitas algún requisito para ser profesora?

KA: Para mí más que tener requisitos, lo más importante es tener una buena formación, es decir, de muchos años y con buenos profesores. Hoy en día está repleto de instructores irresponsables que no les importa el proceso de los alumnos, y eso arruina mucho. Entonces, más que nada es el compromiso y la responsabilidad de formarse de manera adecuada para estar del lado del profesor.


Averbuj se desempeña como docente desde 2019. /Foto gentileza.


EM: ¿Siempre estuviste interesada en ejercer esta vocación?

KA: Desde que soy chiquita me crié en este ambiente y siempre me gustó mucho. Cambié varios aspectos de mi vida, conocí muchas personas y amigos. La danza te hace sentirte llena, y esa es la razón por la que quería seguir con esto.

EM: ¿Cuántas horas le dedicas? ¿Te demanda mucho tiempo?

KA: Antes cuando estábamos con las clases, solía demorarme menos tiempo. Estaba entre cuatro y cinco horas para buscar canciones, calentar, hacer la coreo, etc. Ahora me está llevando más tiempo, entre unas siete y ocho horas. 

Esto se debe a que en la virtualidad todo es más complicado, los alumnos se dispersan mucho estando en casa, hay muchos factores que influyen a la hora de armar una clase que en las presenciales generalmente no.

En estos momentos las estoy dictando vía zoom y hay un grupo de classroom donde allí se sube la clase grabada para lo que no la pudieron tomar o para los que la quieren practicar.

EM: ¿Qué te genera ser profesora siendo tan joven y atravesando la adolescencia?

KA: Empecé a dar clases el año pasado, fue complicado en muchos aspectos, desde lo físico y lo emocional, ya que la adolescencia me atraviesa. 

A fin de año estaba con muchas cosas del colegio y tenía que cerrar las materias; también presenté una coreo en el festival de mi mamá y fue mucha presión porque me faltaban las alumnas, era todo un desmadre. Estuve con picos de estrés, pero dentro de todo fue una experiencia linda.

Este año estoy con un montón de cosas más, de cierta forma me estoy acomodando, no cambia el hecho de que sea muy complicado. Influyen mucho mis emociones, pero tengo claro que uno tiene que dejar de lado ciertas cosas para seguir adelante.

Decidí priorizar y acomodar mis horarios para organizarme mejor, de 17:00 a 19:00 hs. hago otras actividades, luego hasta las 22:00hs tengo danza, a las 00 hs vuelvo de entrenar, hago las cosas del colegio y de mi casa; termino acostándome a las 2 de la mañana.

Cada minuto que tengo libre aprovecho para hacer algo, si bien hay cosas dentro de mi lista de prioridad mucho más importante, algunas intento sacarlas de encima lo antes posible.


«En Argentina la danza está poco valorada» /Foto gentileza.


EM: ¿Recibís alguna paga o enseñas voluntariamente?

KA: Durante el año pasado y este, mientras di clases me pagaron por más que sea un negocio familiar. Conmigo tenían ciertas libertades, es decir, me pagaban un poco más atrasado y con los empleados tenían más responsabilidades. 

Siempre di clases más por gusto que por la plata, ahora les dije que se queden ellos el dinero, a mí me pagan la academia y el colegio, no es de gran necesidad, así que prefiero que lo tengan mis padres.

EM: ¿Crees que esta disciplina es reconocida como un deporte de alto nivel o un arte valorado en Argentina? ¿Es factible competir a nivel profesional?

KA: En Argentina la danza está poco valorada. Muchas veces me han dicho a mí y a colegas bailarines que no se puede vivir de la danza. Desde mi punto de vista no es así. 

Es un estilo de vida como cualquier otro y tranquilamente se puede llegar a lo que uno quiera, siempre y cuando sea con esfuerzo y dedicación.

Es factible competir a nivel profesional, pero nosotros no contamos con el apoyo de ningún superior como sponsors u organismos que nos apoyen monetariamente. 

Este año íbamos a ir al mundial y teníamos que hacer todo por nuestra cuenta porque no había nada ni nadie que nos ayude. 

EM: ¿De qué manera estás atravesando el aislamiento?

KA: Estoy haciendo un programa de clases en Buenos Aires. Estoy tomando dos clases por día, es todo por celular y no sentís la misma energía que de forma presencial. No me siento conforme con lo que veo mientras bailo, pero es parte del proceso y sé que cuando pase esto voy a ser una bailarina totalmente distinta. 

Estoy teniendo ensayos también, estamos haciendo más que nada físico para no perder el estado porque las coreos suelen ser muy intensas. Pienso que todo en lo que me estoy formando ahora me va a ayudar en un futuro, me va a cambiar como bailarina y me va a cambiar la cabeza. Luego de este aislamiento vamos a valorar muchísimo más el espacio de la clase.