Por: Bautista Medrano y Santino Medrano 4° IMVA – Mateo Dalmasso y Santiago Ruiz 4° IENM
No todas las historias mantienen un sueño fijo desde temprano en la memoria ni emergen a partir de una escena precisa, como si se tratara de un amor a primera vista. En cambio, otras arrancan sin un momento fundacional claro, sino como un compendio de citas con una disciplina que comienza a cobrar valor en la vida del deportista, paso a paso.
La historia de Darío Reyna con el ciclismo tiene mucho más que ver con esto último. Entre paseos y alguna carrera local, reconoce haberse enamorado de un deporte que aún hoy, más de 40 años después, lo mantiene cautivo.
A los 56 años, médico cirujano y radicado en Unquillo desde hace una década, Reyna sostiene ese vínculo intacto. Pasaron más de 40 años desde aquellos primeros recorridos y, aunque hubo etapas con menor intensidad competitiva, nunca dejó de pedalear. “Es algo que no abandoné nunca más”, resume.
En su juventud, mientras estudiaba en Córdoba, hubo un largo período en el que continuó practicando ciclismo pero sin competir. Quince años en los que la bicicleta siguió estando, aunque desde un lugar de menor preponderancia. Después, de a poco, volvió a la competencia. Y ahí empezó otra etapa.

La montaña como medida propia
Reyna pasó mucho tiempo recorriendo rutas y pistas, pero desde hace más de una década encontró en la montaña su lugar definitivo. “En el mountain bike el resultado depende exclusivamente de vos. No hay juego de equipo, no hay excusas”, plantea Reyna sobre una disciplina que, según su lectura, “tiene una lógica completamente distinta a las demás”.
Esa característica es, justamente, lo que más lo atrapa. La idea de que cada resultado es una expresión directa del propio rendimiento, sin intermediarios que alteren el resultado final. Al respecto, sintetiza: “Gana el que está más fuerte”.
En este marco, para el atleta la exigencia es un motor constante y prueba de ello fue su participación en la etapa cordobesa del Tour de France amateur, una competencia que replica el formato de la carrera más importante del ciclismo de ruta a nivel mundial. Allí, volvió a competir en ruta después de casi 30 años y logró quedarse con el primer puesto en su categoría.
¿La clave para el triunfo? A pesar de tratarse de una carrera en ruta, disciplina en la que Darío no competía desde hacía 30 años, el formato planteó un recorrido por distintos puntos del corredor serrano, marcado por cuestas largas y pronunciadas, mucho más emparentadas con los paisajes empinados y montañosos en los que Reyna se mueve como pez en el agua.
El resultado, sin embargo, no fue inmediato. O al menos no en la percepción. “Hasta que no terminás y controlás, no sabés bien en qué posición quedaste”, cuenta. La sorpresa llegó después: había ganado con varios minutos de diferencia. A su vez, el pasado 3 de mayo ganó en su categoría, Master C2 en el Desafío Río Pinto, el evento de mountain bike más importante de América que celebró tres décadas en el Valle de Punilla.

El oficio de insistir
A primera vista, el deportista parece priorizar los resultados por sobre cualquier otro aspecto. Sin embargo, su mirada está puesta en el proceso. Es la acumulación de trabajo la que permite sostener un nivel competitivo durante años. Esa continuidad es, para él, una de las claves. Porque no se trata sólo de competir, sino de hacerlo de manera regular a lo largo del tiempo.
Cuando se le pregunta qué hace a un buen ciclista, Reyna no habla de condiciones naturales ni de talento. Su respuesta va en otra dirección completamente distinta. “Yo no creo en el talento”, sostiene, sin rodeos. Y agrega: “Lo que importa es la seriedad, el esfuerzo, la dedicación y la capacidad de perseverar”.
La idea se repite, con distintas formas, a lo largo de su recorrido. Es un deportista metódico y, como tal, no conoce de atajos, por lo que insiste en que “el trabajo arduo, sostenido en el tiempo, le gana a cualquier talento”.
Al mismo tiempo, Reyna cree en el valor de la herramienta y, en ese sentido, plantea que la bicicleta es, no sólo su instrumento de trabajo, sino una extensión del propio cuerpo. Siguiendo esa línea, subraya que, más allá de todas las comodidades y detalles técnicos que hacen a la eficiencia del rodado, no hay nada más importante para un corredor que la seguridad que le brinda su bici. Golpes, saltos, frenadas bruscas: todo eso forma parte de la competencia. Y cualquier falla puede tener consecuencias.
A pesar de ser un deporte sumamente costoso en términos económicos, el ciclismo se encuentra en franco crecimiento, y las Sierras Chicas, junto a otras zonas como Traslasierra, componen uno de los focos más importantes de ese incremento. “Hay cada vez más gente. El terreno ayuda mucho: hay lugares seguros para andar y eso hace que muchos empiecen de forma recreativa y terminen compitiendo”, explica Reyna.
En ese paisaje, Darío no sólo observa el presente, sino también lo que viene. Nuevas generaciones, nuevas categorías, un deporte que se expande. Mientras tanto, él sigue ahí, a sus 56 años, como referencia. Entrenando, compitiendo, ajustando detalles, buscando mejorar.
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