9 agosto, 2026

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Unquillo: Un refugio para la música y el encuentro

Planta Baja se consolidó como un espacio vinculado al arte en distintos formatos. Nacido en 2013 a partir de la iniciativa de Andrés Brito, el proyecto transforma una casa en un escenario cercano, donde los recitales en vivo, los intercambios comunitarios y la colaboración vecinal sostienen una propuesta accesible, íntima y en constante construcción, que hoy continúa creciendo con nuevos ciclos y desafíos.

Por: Bianca Romero, Isabella Furrer y Martina Pérez 4° IMVA – Matilda Heredia y Morena Rodríguez 4° IENM.


“El espacio natural del músico es el escenario”, afirmó Andrés Brito, quien en 2013 se mudó al “Pueblo de artistas” y se encontró con la necesidad de crear un lugar para abrir esas expresiones a otros. “La gente siempre estuvo muy motivada por lo cultural, la música, la pintura, y no teníamos dónde mostrarlo. Entonces la intención fue abrir un sitio donde pudieran circular producciones y todo lo que cada uno estuviera haciendo”, valoró. 

A partir de esto, la propuesta se materializó en una casa que fue transformándose con el tiempo. En la planta inferior de la construcción, separada de la vivienda principal, empezó a tomar cuerpo este proyecto independiente. Así nació Planta Baja pensado para constituirse como un rincón “que cobije” -en palabras de su fundador-.

Con el paso de los años y tras el impacto de la pandemia, la iniciativa fue redefiniendo su dinámica. Si bien antes albergaba talleres de cerámica, biodanza y dibujo, hoy la programación se sostiene principalmente con presentaciones musicales y algunas clases, en un contexto económico que, reconoce Brito, “dificulta la continuidad de otras actividades”.

Actualmente, cuentan con el acompañamiento de vecinos que colaboran en las distintas tareas: Claudio Farías se encarga de la parte técnica y el sonido, Romina Castro orientada a la gastronomía, se encarga de la cocina, y Mariela Correa está en el área logística del lugar. De esta forma, el encuentro se hace comunidad y comunión. Asimismo, de la lógica que rige la cotidianidad: “Necesitamos que todos estemos de acuerdo para no generar algo que irrumpa o altere la vida de la zona”.

El Milenio: ¿Qué diferencia a Planta Baja de otros espacios culturales?

Andrés Brito: Está ubicado en San Miguel, un barrio chico y periférico de Unquillo, donde no hay centro vecinal en funcionamiento ni espacios disponibles para realizar actividades recreativas. Frente a esa realidad, la propuesta fue abrir la casa: la puerta está siempre abierta y cualquier persona, sea del barrio o de otro lugar, puede entrar. No responde a la lógica donde alguien exige el pago de una entrada. Además, cada persona decide si se queda o no, sin condicionamientos.

Al mismo tiempo, se solicita una colaboración destinada a los artistas que participan. Si bien la música en vivo es la actividad más frecuente, también hay teatro y otras propuestas. Por lo tanto, la intención es garantizar que quienes se presentan reciban algún tipo de retribución por su trabajo.

EM: ¿Cómo se relacionan con el territorio y la comunidad local?

AB: Siempre nos interesó esta idea de cercanía: que el artista no sea alguien que está allá arriba del escenario, sino alguien que comparte el mismo espacio y que, en un momento, puede mostrar lo que hace. Y eso es lo que pasa permanentemente. La gente llega, se sienta, a veces ni siquiera sabe quién es el artista, porque todos están ahí, mezclados; y de repente llega la hora de tocar, se levantan, agarran los instrumentos y empieza la actuación. Esa cercanía, ese contacto, hacen que el artista no sea alguien extraño o lejano.

De alguna manera, el público accede a un espectáculo que en la ciudad de Córdoba implicaría pagar una entrada costosa, y acá lo tiene a cambio de lo que cada uno pueda aportar. Los músicos conocen y aceptan estas reglas del espacio, en parte porque también las disfrutan. Muchos llegan con una propuesta armada, con la idea de presentar algo específico, pero una vez que están ahí se relajan y terminan tocando lo que tienen ganas. Así, la experiencia musical se vuelve cotidiana y relajada.

EM: ¿A qué desafíos te enfrentaste para mantener en pie la propuesta?

AB: Que se sostenga es un milagro. No tenemos ningún tipo de subsidio ni aporte, es un lugar independiente, autogestivo y nosotros tratamos de que todo eso que se va generando en la noche se use para cubrir cada evento. Por decir que el sonidista puede volver a su casa después de trabajar con lo que le corresponde; que cada uno pueda tener una retribución por el trabajo que hizo y con lo que puede aportar cada persona que va, hacemos un fondo y con eso tratamos de cubrir todo. 

Todo es un gran desafío, no sabemos qué va a pasar cada vez. No tenemos un sponsor o algún apoyo, pero sí tenemos un buen vínculo con el municipio porque el lugar está habilitado con todo lo que corresponde, con todo lo reglamentario para que funcione y así poder recibir gente y que estén todos seguros. Cuando se cumplieron 10 años, la municipalidad nos hizo un reconocimiento como espacio cultural, por la importancia para la región, pero aparte de eso, por todo lo que genera.

EM: ¿Qué proyectos se están gestando en el espacio?

AB: Vamos a realizar el ciclo de Jazz Serrano que transita su cuarta temporada: hace cuatro años que se realiza y por él han pasado músicos de todo el circuito del género de Córdoba. Incluso participaron artistas de otras regiones; en una oportunidad, por ejemplo, llegaron músicos uruguayos, también referentes, invitados por colegas cordobeses, y se presentaron en Planta Baja. Creo que eso le aporta a la región: contar con un circuito de jazz que, en otros contextos, podría escucharse en Buenos Aires o en el Teatro San Martín de Córdoba, pero que acá sucede en San Miguel lo cual permite que quienes disfrutan de esta música puedan acercarse y escucharla. 

Por otro lado, estamos lanzando un nuevo ciclo, que recién comienza, orientado a reconocer a músicos de gran trayectoria en la región. La apertura será con integrantes del grupo Quetral, una formación con 50 años de historia, con giras por distintos países de Latinoamérica y una reciente presentación en Francia.

Se trata de músicos independientes cuyo recorrido consideramos valioso visibilizar. La idea es generar un ciclo que los incluya a ellos y a otros referentes con trayectorias similares, que tal vez no formen parte de circuitos masivos o de propuestas más ligadas a lo contemporáneo, pero que han sido fundamentales en la formación de nuevas generaciones y en el sostenimiento de la escena musical.


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