Guillermo Galliano, fotógrafo de Unquillo, realizó un cortometraje sobre trasplantes y donación de órganos en el país. “Tu nombre en lista de espera” se estrenó en abril.

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“Este trabajo es un aporte a la sociedad, para las personas que donaron y sus familiares, esta gente que tuvo semejante acto de grandeza”

Con el frenesí de una ambulancia que recorre sin descanso las calles de Córdoba, el espectador observa la primera escena del cortometraje. Rapidez, tranquilidad y concentración son cualidades infaltables para los integrantes de emergencias médicas. Saben bien lo que es la adrenalina y cuál es su objetivo: salvar vidas.

Así comienza “Tu nombre en lista de espera”, un corto documental de Guillermo Galliano, fotógrafo especializado en naturaleza y aves que esta vez decidió hacer un paréntesis en su vida laboral para tocar un tema de gran importancia para la sociedad.

Desde el impulso propio de la curiosidad y a modo de aporte, Galliano pasó los últimos cinco años de su vida con su auto cargado de cámaras, trípodes, conos viales, teléfonos y hasta bandas de emergencias. Todo listo para filmar ante cualquier urgencia médica. Resulta que la donación de órganos en Argentina, en especial en Córdoba, epicentro del documental, ha dado un giro importante en los últimos tiempos.

Los ciudadanos fueron abandonando los mitos y los miedos en torno a la donación y enfrentaron la posibilidad de salvar la vida de una persona, incluso tras la propia muerte. Pensado para los más jóvenes y definido como una clase maestra sobre la donación de órganos, el corto documental dura casi media hora y, lejos del sensacionalismo, su objetivo es generar conciencia.

Así, el filme explica de qué se trata la donación y cómo se hace, a través de diferentes testimonios de donantes, beneficiarios, familiares y médicos que recorren el país con una maleta que no es precisamente de ropa. Vale destacar la participación especial de médicos como Roque Córdoba y Edgar Lacombe, dos referentes históricos y destacados de la historia de la medicina y los trasplantes, así como el apoyo incondicional de Christopher Lanceley.

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El puntapié inicial de este proyecto sucedió en Haití, aquella isla caribeña anclada en el ojo de las Antillas, el segundo país más pobre del mundo. “Haití fue crudo”, expresó Galliano, que fue como fotógrafo para una revista luego del terremoto que azotó a la zona en 2010. El país, atravesado por un proceso de colonización militar estadounidense, tiró las últimas bocanadas de aire en un esfuerzo por sobrevivir a los embates de la sociedad y la naturaleza. 

La mayoría de los hospitales se habían derrumbado o quedaron inhabilitados. Allí, los patios al aire libre se convirtieron en forzados hospitales a cielo abierto donde nacían niños y se curaban enfermos, al lado de campos de fútbol rebasados de aviones y tanques de guerra última generación. “Ver eso fue fuerte. Las fotos fueron para la revista y con otras imágenes, las más artísticas, hice una muestra en el museo Caraffa”, contó Galliano.


El doctor Roque Córdoba fue destacado como Médico Ilustre en 2016. Ya había realizado más de 127 trasplantes y casi 12 mil cirugías.


Luego de Haití, la sensibilidad del fotógrafo quedó marcada. De regreso a Argentina, otra experiencia terminó de cerrar algunas inquietudes. Generalmente se considera que una donación de órganos puede salvar o mejorar la vida de hasta siete personas. Sin embargo, antes de la Ley Justina, aprobada en agosto del año pasado, los familiares de una persona fallecida podían decidir sobre la donación y el proceso requería del consentimiento de los allegados del perecido.

Así sucedió con un amigo del fotógrafo, quien falleció antes de que la Ley Justina entrara en vigencia y, aun cuando podía donar sus órganos, la familia se resistió. “Me puse a pensar ¿qué haría yo? ¿Qué harían ustedes? Si les piden un órgano de un familiar, ¿saben por qué se los piden? Nadie sabe. No estamos preparados como sociedad para decir sí o no, porque no sabemos, somos ignorantes sobre ese tema y nadie nos enseña”, expresó.

“Este era un tema que no tenía nada que ver conmigo”, indicó el actual vecino de Unquillo especializado en fotografía de aves. “Comencé entrevistando a una mujer que había hecho un trasplante de corazón, charlamos horas y me contó muchas cosas impactantes y caí en la cuenta de que no podía reflejarlo con fotos, con imágenes estáticas, sería imposible. Ahí nace mi idea de hacer el documental”, explicó.

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El Milenio: ¿Cómo observa la donación de órganos hoy en día?

Guillermo Galliano: Por lo que pude investigar y aprender durante estos años, creo que se realizó un trabajo muy fuerte de parte del INCUCAI (Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante) y E.Co.D.A.I.C. (Ente Coordinador de Ablación e Implante de Córdoba) en estos últimos tres años en cuanto a la difusión, para que la gente aprenda lo que es la donación, y eso ayuda a que existan más donaciones. En Argentina estamos bastante bien, hay países que están mucho peor, nosotros estamos más encaminados, con un pronóstico muy alentador.

EM: La donación de órganos, ¿es una actividad muy requerida en la provincia?

GG: Sí, totalmente. Hay mucha gente en lista de espera y se mueren por no recibir los órganos que necesitan, ya sea por miedo o por otras causas. También hay mucha negligencia en los hospitales, que no están preparados y no se comprometen para obtener los órganos de los pacientes que pueden ser potenciales donantes.


  • 7.462 Personas necesitan un trasplante para salvar su vida en este momento.
  • 743 Es la cantidad de trasplantes realizados en lo que va del 2019.
  • 357 Personas donaron sus órganos durante este año.

EM: ¿Faltan condiciones adecuadas para los trasplantes?

GG: No las buscan, no es que no estén. Los médicos no las buscan y ahí es donde hay una enorme falla. Los médicos de E.Co.D.A.I.C se quejan de estos hospitales, generalmente privados, porque cuando hay una muerte comúnmente no avisan. Pero sí son las estrellas cuando hacen un trasplante con un órgano que viene de otro hospital.

Molesta un poco que el reconocimiento sea siempre para el médico que hizo el trasplante y el paciente que sobrevivió. Atrás queda el donante y su familia, que tomó la decisión. Ellos son los verdaderos héroes de esta historia.


El tiempo de isquemia es la duración en óptimas condiciones de un órgano desde su extracción hasta su trasplante. El pulmón y el páncreas duran cuatro horas, le sigue el corazón con cinco, el hígado y los intestinos duran doce y el riñón puede resistir hasta veinticuatro horas.


EM: Uno de tus colaboradores en el filme fue Edgar Lacombe, gran referente de los trasplantes. ¿Cómo surgió ese contacto?

GG: Todo el documental se dio por casualidades y causalidades. En una entrevista a Roque Córdoba, otro doctor especializado en cardiología, me sugirió hablar con el padre del trasplante en Argentina, Edgar Lacombe, que fue el iniciador de esto y lo pagó muy caro.

Me quedé sorprendido porque el nombre y el apellido me sonaban. Me dio el número y cuando llegué a mi casa, me acordé: cuando iba al Mantovani, entre mis compañeros había un Edgard Lacombe. Lo busqué por Facebook, me respondió rápido y en un ratito ya estaba hablando con Edgar Lacombe padre, el tipo más importante de la Argentina en este tema. Le conté todo, se entusiasmó con el proyecto y me invitó a su casa. Ahí me contó toda su historia sobre los trasplantes.

EM: El corto se estrenó en abril de este año en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, ¿cómo fue esa experiencia para vos?

GG: Fue el cierre de cinco años de trabajo, de ponerle tanta cabeza, de tantas entrevistas, permisos que tuve que sacar para entrar a filmar a los hospitales, gestionar las credenciales, hablar con el director, entre otras tantas cosas. Fue un alivio y una experiencia enriquecedora, por haber conocido a tanta gente involucrada.

Ellos fueron el motor para seguir, sino hubiera cortado y vuelto con los pájaros, que es algo que disfruto más. Este trabajo fue realizado como un aporte para la sociedad, para las personas que donaron, para los familiares que quedaron vivos, esta gente que tuvo semejante acto de grandeza.


Edgar Lacombe fue pionero en la procuración de órganos en Córdoba y fue jefe de ECoDAIC cuando se realizó el primer trasplante de hígado en la Provincia.


Creo que la palabra es altruismo, dar todo sin recibir nada a cambio. Los familiares no reciben dinero, ni un abrazo, ni nada, sólo es dar algo para alguien que no conocen. Si todos aprendiéramos un poco de eso, si empezáramos a dar sin esperar algo a cambio, creo que se daría un verdadero cambio.

Este es el ejemplo más claro que tenemos de dar sin recibir. En una sociedad egoísta, semejante demostración nos tapa la boca. Por eso lo hice, para que los más chicos puedan verlo, la vida no es solamente cobrar por algo.


Ley Justina

El 3 de agosto de 2018 entró en vigencia la ley de Órganos, Tejidos y Células en el país. En una jornada histórica, la ley se aprobó por unanimidad en homenaje a Justina Lo Cane, la niña de doce años que falleció en 2017 esperando un trasplante de corazón.

La ley cambió el paradigma de la donación de órganos estableciendo que todos los ciudadanos mayores de edad son donantes, a menos que en vida hubiesen expresado el deseo de no serlo, eliminando así la necesidad de que los familiares den su consentimiento.


Al momento de su sanción, en Argentina existían 10.500 personas a la espera de un trasplante y solo donaban, hasta el momento, trece personas por cada millón de habitantes.


La ley también priorizó el traslado aéreo y terrestre con operativos en curso y dispuso la creación de un Servicio de Procuración en hospitales para asegurar la efectividad de cada etapa del proceso, eje que todavía falta regular.

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Donar órganos, un acto de altruismo

Con la donación de órganos de una sola persona, se puede mejorar o salvar la vida de otras siete u ocho. Existen dos formas de donar: en vida, como en el caso de la donación de riñones, o tras fallecimiento. Una persona viva puede ceder hasta nueve órganos de su cuerpo, en tanto que de un cadáver pueden utilizarse once órganos.

Los órganos que puede conceder un donador vivo son: médula ósea, pulmón, segmento de hígado, páncreas, un riñón, amnios (capa interna de la placenta), sangre del cordón umbilical, sangre y hueso. Mientras tanto, del donador fallecido se pueden trasplantar las córneas, cartílagos, corazón, pulmones, hígado, páncreas, piel, riñones, intestino, venas y hueso.

“El miedo al tráfico de órganos y demás situaciones asociadas siempre va a perdurar si la gente no se informa”, sentenció Galliano. “Las personas se resisten a la donación porque no saben lo que pasa, a veces piensan como si fuese algo que sucediese en vida y no tras la muerte”, continuó el fotógrafo, aunque reconoció la complejidad de algunos casos.

“En caso de coma o estado vegetativo, el paciente está vivo. Pero cuando hay muerte cerebral, está muerto. La única diferencia es hay un tubo que mantiene el corazón en movimiento y genera reflejos. Es muy difícil para un familiar ver eso y decir ‘sí, dale, apagá todo’. Es difícil cuando es tu hijo/a, cuando ves que se mueve. Ahí vienen los mitos, la desconfianza, el preguntarse si vuelve, si se despierta. Pero la muerte cerebral es irreversible y no se determina así nomás, hay un protocolo enorme que incluye tres médicos y un neurólogo”, explicó Galliano y añadió que este protocolo fue establecido por el Ministerio de Salud de la Nación con el asesoramiento del INCUCAI.

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