27 septiembre, 2026

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Salsipuedes: Los números de una ciudad, el alma de un pueblo

Con más de 20 mil habitantes proyectados, Salsipuedes fue reconocida oficialmente como ciudad. Un nuevo estatus le abre a la localidad las puertas de acceso a un mayor crecimiento, de la mano de nuevas herramientas institucionales. Sin embargo, también plantea un desafío: desarrollarse sin perder la identidad serrana que llevó a miles de personas a elegirla como lugar para vivir.

Por: Nicolás Bedacarratx, Joaquín Loyber y Máximo Meana 4° IMVA – Rodrigo Soler González y Valentín Picco 4° IENM


Pareciera que existen lugares que llevan en su nombre un mensaje sobre su propio destino. Quizás Salsipuedes sea uno de los grandes ejemplos de ello. Una ventana que creció durante siglos al ritmo de sus cerros, su río y un paisaje que invita a sumergirse en la cotidianidad de un sitio que, aun estando cerca de la gran urbe, propone salirse un rato de la velocidad de la ciudad.

No obstante, es tiempo de llamar a Salsipuedes ciudad. La designación llegó luego de un largo proceso administrativo, aunque los números ya anticipaban el cambio desde hacía tiempo. Según el Censo 2022, la localidad había superado los 10 mil habitantes establecidos por la legislación cordobesa como condición para alcanzar esa categoría. Por su parte, la gestión municipal ya ubica sus proyecciones por encima de las 20 mil personas.

Igualmente, esta transformación no responde simplemente a una cifra. La localidad atraviesa desde hace años una mayor demanda de servicios y un crecimiento de la matrícula escolar, que además vienen de la mano de un movimiento demográfico sumamente relevante. Cada uno de esos aspectos ya venía dibujando, hacía años, un escenario distinto al de aquel pueblo serrano de otra época.

“Ya tenía un comportamiento de ciudad”, resume David Strasorier, intendente de Salsipuedes. Lo curioso está, entonces, en la paradoja. El crecimiento obliga a pensar en una nueva escala de servicios e infraestructura, pero buena parte de quienes se instalaron lo hicieron buscando justamente aquello que las grandes ciudades no pueden ofrecer: verde, tranquilidad y cercanía con la naturaleza.

En el equilibrio entre ambas facetas estará la clave para que mutar sin perder su esencia. Al respecto, Strasorier reflexiona: “Queremos seguir manteniendo aquellas cosas que nos identifican. Somos una localidad serrana, protectora del ambiente, ecologista, pero sin que eso signifique no dar lugar al desarrollo”.

¿Qué cambia?

Según plantea Strasorier, esta modificación nominal abre algunas posibilidades institucionales importantes. Una de las más relevantes es la posibilidad de avanzar hacia una carta orgánica propia. O, dicho de otro modo, una suerte de Constitución municipal que permita establecer un marco normativo que atienda a las características particulares de la ciudad.

“Eso también nos posiciona con la posibilidad -contemplada en la carta orgánica- de empezar a trabajar con otras ciudades, organizaciones y programas nacionales e internacionales para acceder a créditos”, detalla.

Sin embargo, insiste en que la discusión no puede quedar reducida a lo jurídico. “Ciudad habla de números. Nosotros queremos seguir pensando que tenga características de pueblo, o alma de pueblo”, sostiene.

La expresión aparece una y otra vez cuando se piensa el futuro de la localidad. Porque el crecimiento demográfico de Salsipuedes está profundamente ligado a un fenómeno que atraviesa a buena parte de Sierras Chicas: la llegada de familias provenientes de Córdoba Capital, que buscan alejarse de aquel ritmo frenético pero sin aislarse totalmente.

Entonces, desde allí, el municipio se proyecta como una ciudad nueva, que conserva su ecosistema y que debe pensar un ordenamiento territorial hacia la zona baja, para preservar sus cerros. Pero, al mismo tiempo, debe entender que el desarrollo también implica mejorar los ingresos económicos y fortalecer la economía local.

Pero esa accesibilidad también viene de la mano de un costo. El aumento en la cantidad de habitantes encuentra su correlato en una mayor demanda de agua potable, salud, educación y servicios básicos. Y, al mismo tiempo, abre un desafío repetido y harto complejo para las localidades del corredor: qué tipo de ordenamiento territorial y desarrollo pretende tener Salsipuedes en los próximos años.

Otro aspecto a considerar es la actividad económica. En ese sentido, Strasorier destaca la necesidad de promover inversiones vinculadas a industrias y fábricas limpias, que hagan juego con la identidad local forjada al calor del cuidado de la naturaleza.

Siguiendo esa línea, el intendente pone el foco en la importancia del aprovechamiento de Salsipuedes como punto geográfico estratégico en conexión con el Valle de Punilla. Bajo ese panorama, el desarrollo de propuestas vinculadas al turismo resulta crucial para poner en movimiento otras áreas de la economía, vinculadas a la cultura, la gastronomía y el comercio en general.

Sin perder el paisaje

Strasorier imagina a Salsipuedes como un destino cercano para escapadas de fin de semana, propuestas gastronómicas y recorridos que permitan poner en valor la historia local.

El balneario municipal aparece como uno de los espacios centrales de esa estrategia. La intención es que quien llegue a pasar una tarde junto al río pueda después conocer una cafetería, una heladería o recorrer otros espacios de la ciudad.

Al mismo tiempo, se proyecta la posibilidad de abrir paseos urbanos y religiosos destinados a quienes quieran acceder a un fin de semana de tranquilidad y cercanía con la historia de un pueblo. Entre los espacios destacados aparece La Joyita, antigua casa de Ada Falcón, una de las voces más resonantes del tango argentino.

Salsipuedes afronta una gran oportunidad, enmarcada en un crecimiento demográfico que se presenta como un desafío para su propia identidad. Parte de surfear esa ola implicará no convertirse en una extensión de Córdoba Capital. Y ahora, convertida en ciudad, Salsipuedes, sus habitantes y sus dirigentes deberán decidir qué ciudad quieren ser, manteniendo ese espíritu que todavía hace que, a pocos kilómetros de Córdoba, alguien pueda dejar atrás el ruido, mirar hacia los costados y sentir que llegó a otro lugar. Un lugar para quedarse, un lugar del que no quiere salir.


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