En el marco del Congreso Internacional de la Lengua Española y a diez años del estreno de “El Secreto de sus Ojos”, adaptación de su primera novela, Eduardo Sacheri brindó un recorrido por la realización de la película que lo tuvo como guionista.

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El 26 de marzo, Sacheri habló sobre los pormenores de la adaptación de su novela al cine en el marco del VIII CILE (Foto gentileza a quien corresponda).

Eduardo Alfredo Sacheri (Castelar, 1967) se presentó en Córdoba el último martes de marzo de 2019. El tan esperado encuentro fue en el Cine Municipal Hugo del Carril, que se encuentra sobre la calle Bv. San Juan, en pleno centro de la capital. El cielo rodeaba a esta joya cordobesa con ese especial tono gris que anuncia la inminente llegada de la lluvia.

Allí llegué cerca de las 13:15. Al entrar, encontré un hall sospechosamente desértico. Continué mi camino y subí por las escaleras hacia un auditorio bautizado Los 39 escalones, un nombre apropiado para el lugar que cobijaría al visitante puesto que, como la obra sacheriana, también se trata de un libro con un crimen adaptado para la pantalla grande. A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos, diría Jorge Luis Borges en su cuento “El Sur”.

Quizás porque seguía la premisa general de la sala de cine, el interior del auditorio estaba oscuro. Tenía sillas plateadas que esperaban ser ocupadas por los concurrentes y, sobre el final, una tarima cuadrada con una pantalla de fondo. Opté por sentarme en el mejor lugar que mi miopía me permitía: segunda fila. Aunque, finalmente, terminé en la primera, por cuestiones ajenas a la miopía.

De a poco iba cayendo gente al baile: oyentes, estudiantes de cine, curiosos, fanáticos de la literatura. Muchos miraban alrededor en busca de una cara conocida o, al menos, familiar, sentimiento que compartía con esos extraños. Tras quince minutos de búsqueda en vano, apareció uno de mis colegas. Un periodista gráfico a quien las circunstancias de la vida laboral lo (re)convirtieron en productor radial y aquella tarde desarrollaría la honorable profesión de fotógrafo.

Minutos después entró Eduardo Sacheri: escritor, historiador, docente y fanático del fútbol. Se arremangó la camisa verde y se acercó a una mesita con agua y un micrófono. Se plantó de cara al auditorio repleto mientras dejaba un par de lentes sobre la mesa, junto a una hoja de papel.

– ¿Prefieren que use el micrófono o puedo hablar sin él? ¿Se escucha? – dijo Eduardo con tono amable.

Como la acústica del lugar lo permitía, la mayoría de los concurrentes asintió sin mucho cuestionamiento. Se presentó rápidamente: nombre, profesión, razón por la que se encontraba allí. Aseguró que no sabía si su charla se adecuaba a una masterclass, pero resaltó que se sentía cómodo para hablar de su trabajo colaborativo con Juan José Campanella a la hora de llevar adelante la adaptación de su primera novela: La Pregunta de sus Ojos, la cual se convertiría en la película ganadora del Oscar, El Secreto de sus Ojos.

Bromeó brevemente sobre su “Power Point”: una hoja de papel con notas que parecía arrancada de un cuaderno y que recordaba a las notas que garabatea su personaje Benjamín en los primeros minutos del film. Un papelito al que recurriría solamente en contadas y breves ocasiones.

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Al zambullirse en la lectura de La Pregunta de sus Ojos, los lectores podrán descubrir que la historia está encabezada por el prosecretario del juzgado de instrucción Benjamín Chaparro (luego rebautizado Espósito en la película), la doctora en leyes Irene Menéndez Hastings y el ‘sastre’, Pablo Sandoval. Una triada perfecta que guía la narración, pero que no convencía a Juan José, que tenía otra idea:

Quitar a Sandoval.

Para Sacheri fue un golpe ahí, en el cuore, sin anestesia. “No era un capricho de Juan, era complicado hacer la película con los tres”, explicó. Para el director, tres eran multitud.

La noche de la mala noticia, el autor volvió a su casa y se encontró con su mujer. En sus propias palabras, y burlándose de sí mismo, aseguró que estaba “desencajado”.

  • – ¿Qué te pasa? -le preguntó su esposa ante semejante estado emocional.
  • – Me quiere sacar a Sandoval -le respondió el soldado herido.
  • – ¡NOOOOOO! -respuesta que no pudo ser contenida.

Ante su performance, la audiencia no pudo dominar la risa, porque Sacheri no solo describe estados emocionales, también los interpreta.

Por una semana, buscó ideas para lograr convencer a Campanella de que Sandoval no sea expulsado de la narración. Pero para eso debía ser funcional al relato cinematográfico. “Que, en lugar de entorpecer, lo enriquezca. Que no altere la tensión, sino que la empuje y haga más sólido los personajes”, contó Sacheri.

Luego de rumiar sobre semejante cuestión, finalmente dio con la solución. A diferencia del libro, donde Sandoval muere por una enfermedad durante el exilio de su amigo, Benjamín, en plena dictadura, en la película muere resguardándolo. Ahora sí, Campanella estuvo dispuesto a conservarlo.

Hizo una pausa breve y retomó rápidamente.

  • – Esta se las cuento porque salió bien -expresa con complicidad- igual hubo otras ocasiones en las que fui salvajemente derrotado.
  • Estas fueron las primeras negociaciones, pero no las últimas. Ahí comprendió las diferencias entre la industria cinematográfica y el mundo literario, donde la labor colectiva prima por sobre la individual.
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  • – Otro cambio que hicimos es el género. Mi novela no es un policial, es un drama con un crimen. Esta película sí es un policial, aunque raro y flexible. Lo es porque hay un enigma y hay una pesquisa, una búsqueda de un culpable y un hallazgo. Es como dos policiales: es un policial hasta que lo encuentran en la cancha y es otro policial hasta la escena de la jaula.
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“La pregunta de sus ojos”, la primera novela de Eduardo Sacheri, fue llevada al cine como “El Secreto de sus Ojos”.

Rápidamente agregó: “Si alguien no vio El Secreto de sus Ojos, lo lamento. En la película hay una jaula” y con cierto dramatismo repitió: “Lo tiene en una jaula”. Y así como la charla, esta crónica está repleta de spoilers.

Esta modificación repercutió también en el rótulo. Una cosa es La Pregunta de sus Ojos, un título que tiene que ver con la mirada de Irene y un interrogante, con la parte sentimental y romántica de la historia. Y otra cosa es El Secreto de sus Ojos, porque la palabra “secreto” conduce a la idea de un enigma y de un policial. “Pero no es lo único que tuvimos que sembrar en el guion para convertirlo en un policial”, aclaró.

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Eduardo hizo una pausa mientras miraba al piso reflexivamente. El silencio se extendió por todo el auditorio. Luego, levantó la mirada y se dirigió de nuevo al público, con firmeza.

  • – Si alguno de ustedes cuenta historias, cuenten la historia que quieran y necesiten contar, del mejor modo que puedan, sin intentar definir lo que el otro va a recibir. Confiando en que, si está bien contado y su historia esta cruzada de humanidad, quien la reciba recogerá esa humanidad.
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El 7 de marzo de 2010, El Secreto de sus Ojos se convirtió en la segunda producción argentina en la historia en ganar un Premio Oscar en la categoría Mejor Película Extranjera. El día anterior a la ceremonia, la Academia organizó un simposio en un teatro de Los Ángeles, donde participaron los cinco directores de las películas nominadas. Se les hacía una entrevista pública y se presentaban cinco minutos representativos de cada película, escogidos por la organización cinematográfica.

  • – ¿Qué cinco minutos elegirían ustedes? -preguntó Sacheri- Les voy a jugar un auto 0km, porque esto lo hago siempre y no le pegan nunca.
  • – Cuando los agarra el doctor Fortuna y dice “dos con pinta de porteños”-dijo una chica desde la otra punta del auditorio.
  • – Ah sí… -responde el autor- pero no.
  • – Podría ser la escena en la que Espósito cambia de humor cuando ve a la chica muerta -sugirió un muchacho del fondo.
  • – ¿Decís cuando él entra a la escena del crimen, que viene hablando de otra cosa y quejándose? Podría ser unos segundos de pausa- pero tampoco.
  • – ¿La persecución en la cancha? -aventuró otro participante.

Sacheri vuelve a negar la opción. Y justo a mi lado, el colega habló.

  • – ¿Cuándo encuentra a Pablo Rago (en la piel de Ricardo Morales) en la estación del tren porque siempre va en busca del asesino?

Sacheri le dedica una mirada de aprobación.

  • -Si hubiéramos apostado el auto, te lo ganabas. Lástima que -se toca los bolsillos del pantalón- no traje auto. Arranca con eso, veamos cómo sigue.
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La sala quedó a oscuras y comenzó a rodar la escena que mi colega había mencionado. A esa le siguió otra donde reina, en un principio, el desencuentro, luego una confesión de amor que no fue y un pedido de favor entre compañeros. Siempre con un halo que oscila entre el drama y el sentido del humor.

Las luces se encendieron y el misterio había sido revelado. Siguió una nueva intervención de Sacheri.

  • – Cuando pasaron los cinco minutos, nos miramos con Campanella como diciendo “¡Que raros los cinco minutos que eligieron!”. Pero si lo pensás un poco, está toda la película. Está la obsesión, cierta forma de justicia, venganza, la historia de amor, el humor. Eso que les pasó a ustedes, de reírse cuando entró Franchella, los yankees también se rieron con el subtitulado. Con Juan dijimos “lo entendieron”.
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Cuando Eduardo Alfredo Sacheri terminó su exposición, nos brindó un espacio de intercambio. Así, entre pregunta y pregunta, contó que empezó a escribir a los 25 años y que hasta entonces solo se había dedicado a “estudiar historia, a recibirme de profesor y licenciado, con la idea de convertirme en un académico”.

También explicó la génesis de su célebre drama criminal, el cual surgió durante sus años facultativos. “Cuando estaba estudiando en la universidad, trabajaba en tribunales, en Capital Federal, en un juzgado criminal. La historia es ficticia, pero este mundo me acompañó desde los 18 a los 23 años. Una vez, mientras volvía a casa en tren, se me ocurrió la base de esta historia, como se te ocurre algo que se te cruza por la cabeza”, contó.

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“Mi novela no es un policial, es un drama con un crimen. Esta película sí es un policial, aunque raro y flexible”, explicó Eduardo Sacheri (Foto gentileza a quien corresponda).

Así fue que, cuando comenzó a narrar cuentos, pensó en utilizar esta historia. “Lo que pasa -señala- es que no toda cosa es un cuento y no todo cuento es una novela”. Es decir, que existen historias que toleran ciertos géneros y otros que no. Pero, como no quería dejar de utilizar esta ocurrencia que había tenido, optó por narrar un día en la vida de Morales mientras se desempeñaba como guardia carcelario de Isidoro Gómez, el hombre que asesinó a su mujer. Así nació el cuento “El Hombre”.

Tras la publicación de “Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol”, el autor le presentó a su editora su segunda recopilación titulada “Te conozco Mendizábal y otros cuentos”. En una reunión con ella, lo miró extrañada.

  • -Este cuento, “El hombre”, no se entiende, Eduardo -le manifestó.
  • – Ya se va a entender – dijo él, con esa sonrisa pícara de quien sabe que, eventualmente, tendrá razón.

Rápidamente agregó: “La idea era que alguno se encontrara con ese cuento y diga, ‘Acá hay una partecita de La Pregunta de sus Ojos’. Es un guiño para mis lectores. Y en caso de nunca ser capaz de escribir la novela, que al menos quede el cuento”.

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Faltaba poco para las 15:30 y Eduardo dio espacio para las últimas preguntas. Un participante de la charla levantó las manos desde el fondo.

  • – “Papeles al viento”, ¿lo pensaste audiovisualmente? -preguntó el chico.
  • – No, cuando pienso una historia la pienso como libro.
  • – Pero tiene muchas imágenes… -agregó.
  • – Yo creo que tiene que ver con mi manera de narrar las historias. Hay gente que le gusta laburar desde la palabra, desde la forma o desde el pensamiento del personaje. A mí me gusta más trabajar desde lo que veo, o imagino. Y eso te ahorra un paso. Otra cosa que parece una estupidez, pero no lo es: yo trabajo con capítulos cortos, que son como escenas. Cambio de lugar, cambio de capítulo. Pero eso no me viene del mundo del cine, sino del mundo del cuento.

Se detiene un momento, respira y continúa.

  • – Me siento más cómodo contando de a pedacitos las cosas. Creo que eso favorece que me lleven los libros al cine, pero no se me ocurriría un guion original. El mundo del cine, para mí, es un lugar al que me invitan. Es como cuando vas a un lugar donde la pasás bien, pero no es tu casa. Mi casa son los libros.
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