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El milenio

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El supermercado Altas Cumbres

Corrían los años 70 cuando en Córdoba surgieron los primeros almacenes “Americanos”de la provincia. Don Antonio “Banderín” Giordano y su hijo mayor decidieron imitar el emprendimiento comercial y en 1973 inauguraron en Villa Allende el primer autoservicio que duró 20 años. Mario Giordano, co-fundador del local, rememora en esta entrevista los tiempos exitosos del negocio familiar.

El nombre de ‘Altas Cumbres’ surgió cuando estábamos sobre la avenida Goycoechea, camino al Pan de azúcar. Un día mi madre dijo: “este camino va a las altas cumbres? ¡Qué lindo nombre!”, y así fue que le pusimos: ‘Altas Cumbres’, relató Mario Giordano.

El Milenio: ¿En qué año se inauguró? ¿Por qué su padre decidió instalar este comercio en Villa Allende?

Mario Giordano: El negocio se instaló, si mal no recuerdo, el 16 de febrero del año 73. Vimos que en Córdoba estaban surgiendo los “Almacenes Americanos”, uno de los primeros autoservicios de la provincia y nos aventuramos a instalar algo similar en Villa Allende, sólo que nosotros le pusimos “Americano Altas Cumbres”.

Fue un negocio familiar compuesto por mi mamá, mi papá, mi hermano José y yo; un grupo de 4, que después se agrandó cuando me casé, después lo hizo mi hermano y empezaron a venir los hijos y nietos de mi papá: Antonio “Banderín” Giordano.

EM: ¿Siempre funcionó en el mismo edificio?

MG: No, en el año 73 nos trasladamos a la avenida Roque Sáenz Peña 384, donde actualmente está el banco Macro.

EM: ¿Por qué se hizo este cambio?

MG: Nos trasladamos de la avenida Goycoechea a la Roque Sáenz Peña porque en el primer lugar teníamos apenas unos 60 metros cuadrados de superficie, y éste era un salón de 200 metros cuadrados cubiertos, para atención al público. Con el correr de los años lo ampliamos a 400 metros y tuvimos todos los ramos: carnicería, fiambrería, verdulería, algo de regalaría y lo que es el almacén.

EM: ¿El local era alquilado o propio?

MG: Los primeros seis meses del año 73 lo alquilamos en la suma de $500. Después nos aventuramos a comprar el local a la firma de Aldo Agostineli, dueño de un bazar muy renombrado.

EM: ¿Cómo fueron sus inicios?

MG: Los inicios fueron como todo lo que significa aventurarse a abrir un negocio, donde no teníamos más que una mesa, una máquina de sumar manual, unas estanterías de hierro y tablones de madera que había hecho mi hermano con un amigo y tres escaparates que tendrían más o menos 3 metros de largo por 80 cm de ancho y unos 50 de alto; fuimos armando lo que decíamos que era el supermercado.

A medida que iba creciendo con la venta (porque teníamos muy buenos precios), se le compró a un supermercado de Argüello, que había cerrado, todas las góndolas de chapa color naranja y algunas heladeras abiertas y así cubrimos los 200 metros.

EM: ¿Cómo fue el crecimiento?

MG: Fue en una época en la que se generaba mucho movimiento, había dinero circulante a pesar de la inflación, pero íbamos ganando clientela, ya que las compras las hacíamos en cantidad y variada, por lo que conseguíamos muy buenos precios que trasladábamos a los clientes, con mucha venta, aunque ganábamos poco.

Eso generó que en los primeros 4 años el negocio funcionaba a full con los 400 m2 cubiertos; ofrecíamos productos de todos los rubros más la playa de estacionamiento contigua y un almacén que funcionó desde 1914, donde hoy es el restaurante “El viejo almacén”.

EM: ¿Cuánto tiempo funcionó el negocio?

MG: Se abrió en el 73 y cerró en el 93, se vendió el edificio al ex banco Suquía que hoy es el banco Macro.

EM: ¿Qué factores llevaron al cierre del comercio?

MG: Cuando fallece mi madre en el año ’88, es como que se hubiera roto el clan familiar y entonces ya hubo una separación de palabra de la sociedad y quedaba mi padre, mi hermano con su familia y yo con la mía, y empezamos a tener una pequeña tirantez para separar los dividendos de las ganancias; empezó a venirse abajo el negocio, por diferentes motivos particulares y entonces yo, que soy el más grande, me abrí de la sociedad en el año 90 y él quedó hasta el 93 cuando recibió la oferta para vender el local al banco Suquía.

EM: ¿Qué recuerdo se le viene a la mente cuando revisa esta etapa de su vida laboral?

MG: Recuerdo cuando los 31 de diciembre, al mediodía, con todos los empleados fijos, algunos jóvenes que ayudaban a las personas a llevar las bolsas desde las cajas hasta los autos y también algunos “proveedores”, ofrecíamos un asado en la parte del costado del local, donde era el estacionamiento. Les entregábamos un regalo y les dábamos una sidra o una gaseosa con un pan dulce y un turrón.

EM: ¿Algún familiar heredó las características emprendedoras de su padre?

MG: No, eso fue una idea mía con mi padre y después se asoció mi hermano, pero nadie continúo con ese tipo de rubro y finalmente el super desapareció.

EM: ¿De qué manera considera usted que marcó la historia de Villa Allende ese supermercado?

MG: Bueno, fue algo trascendente y novedoso; en esos 20 años el negocio era en realidad importante, debido a la cantidad de clientes y de mercadería que teníamos, también los buenos precios y el lugar donde estaba ubicado: al frente del polideportivo de Villa Allende. Esto daba la posibilidad de que la gente viniera a distraer los chicos al frente y a su vez, comprar en el supermercado.

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