¿Qué pasó con…?
Por: Sofía Lagrotteria 6° IMVA.
El cementerio municipal Santa Inés no es el más popular de Villa Allende en la actualidad, pero resguarda en su interior una parte fundamental de su historia. Aunque es imposible establecer una fecha exacta de fundación, se estima que comenzó a operar en 1923, ya que se conservan registros de actos y conmemoraciones religiosas realizados desde esas tempranas fechas.
Lo que sí se conoce con certeza es que el 9 de mayo de 1893, Mercedes Goycochea de Allende donó los terrenos sobre los que se asientan no solo el cementerio, sino también la plaza y la parroquia local.

Párrafo aparte merece esta figura, quien como se la menciona en el libro “Cuerpo de ciudad, alma de pueblo”, fue la principal hacedora de la urbanización que dio inicio a Villa Allende. En sociedad con sus hijos, encargó al ingeniero agrimensor Aureliano Bodereau el relevamiento de las tierras que permitió la posterior subdivisión de lotes, muchos de los cuales fueron donados o regalados por Doña Mercedes, mujer reconocida por su generosidad.
Del Arzobispado al Municipio

En una visita especial de El Milenio, Nicolás Loza, actual responsable del cementerio Santa Inés y vecino de Villa Allende de toda la vida, explicó que la necrópolis tuvo dos principales cuidadores a lo largo de su existencia: Don Luis Brandán (hasta el año 1954) y su tío, Don Alfredo Mario “Chicho” Ríos (entre 1954 y 2006), quien realizó el cuidado del lugar en compañía de sus hijos Mario Alfredo y Luis Oscar.
Cabe resaltar que, originalmente, el cementerio era propiedad del Arzobispado de Córdoba, por lo que su administración estaba a cargo de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen. Es recién durante el año 2012 que pasó a funcionar bajo la órbita de la Municipalidad de Villa Allende, como forma de cumplir con uno de los últimos anhelos del Padre Humberto Mariani, reconocido párroco de la ciudad.
“El cura hacía tiempo que quería transferir el cementerio a otra institución. En 2010 se enferma de cáncer y empieza a ofrecérselo a distintas entidades de la Villa, pero nadie quería hacerse cargo”, recapituló Loza, valorando que el párroco nunca pensó traspasarlo a un particular, sino que siempre buscó una alternativa comunal.
“Finalmente, en un acto de caridad, para sacarle un peso de encima al párroco que estaba muriendo, la municipalidad (en ese entonces, segundo gobierno del intendente Máximo Martínez) decide hacerse cargo”, continuó.
Un problema difícil de resolver

Según contó Loza, cuando en mayo de 2012 el municipio comenzó a ocuparse del lugar, lo encontró en estado casi de abandono. Al respecto, el actual responsable enumeró: “Con mucha suciedad acumulada en sus pabellones y galerías, con muchísimas telarañas y basura. Restos de ladrillos y escombros esparcidos por todo el cementerio, pastizales y techos poblados de yuyos y humedades”.
Si bien durante los últimos años se realizó un gran trabajo para acondicionar el lugar, limpiando a fondo, pintando y restaurando todo lo posible, los años de antigüedad del cementerio dificultan su mantenimiento y futuras inversiones.
“Es una estructura que está muy bien para los años que tiene -explicó Loza-, el personal de maestranza lo mantiene impecable, pero imagínense que las construcciones más nuevas son de mediados del 80 y no se usaron los mejores materiales”
Entre los principales problemas se destacan la imposibilidad de realizar obras para evitar la humedad en las construcciones sin comprometer su estructura, los robos que suceden frecuentemente y la gran población de palomas, atraídas por la presencia de caballos y animales de las viviendas cercanas.
A todo esto se suma la falta de compromiso de los deudos con el cuidado y la limpieza de los nichos familiares. “Muchas veces las familias no ingresan a realizar los cuidados correspondientes, pese a tener las cuotas al día. En otros casos, los nichos fueron comprados a perpetuidad, pero los familiares de esas personas han muerto. Entonces no los podés sacar, pero tampoco tenés a quién cobrarle”, comentó el responsable.
Además, añadió, tampoco existe una ordenanza que regule la actividad del cementerio, lo cual permitiría “trabajar de otro modo en distintos aspectos como exhumaciones y reparaciones de distintos sectores”.
Monumento a la memoria
Para Nicolás, esta situación genera un cuello de botella que le da al cementerio una vida útil de 15 a 20 años más. Por eso, considera fundamental darle un nuevo propósito y sentido en la vida de la Villa moderna, declarándolo monumento histórico.
Como destacó Loza, es importante recordar que el cementerio alberga los restos de los primeros vecinos de la ciudad, entre ellos, ex intendentes, integrantes de organizaciones como el Rotary o la Cooperativa de Obras y Servicios, figuras de la cultura e incluso fundadores y jugadores de los clubes deportivos más importantes de la ciudad, como el Villa Allende Sport Club, el Club 11 de Octubre, el Club Atlético Quilmes y el Córdoba Golf Club.
“Me parece importante mantener el cementerio como un lugar histórico. que guarda la memoria de los antiguos habitantes de la Villa, aquellos vecinos que fueron forjando el alma y el cuerpo de esta ciudad que hoy tenemos”, defendió Loza y concluyó: “Los personajes sepultados en el Santa Inés son referencias insoslayables a la hora de recordar nuestras raíces”.

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