26 junio, 2022

El Milenio

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 Casa Ararat, 80 años de confianza

Con ocho décadas al servicio de los unquillenses, la Casa Ararat de la familia Basmadjian pasó de una humilde peluquería en 1942 a una de las casas de indumentaria deportiva más importantes de Sierras Chicas. Para don Osvaldo, su actual propietario, el secreto del éxito está en la amabilidad y confianza que brindan a sus clientes.
  • Colaboración: Lautaro Gómez y Sofía Calcagno (4to IENM). Felipe Sevilla y Brisa Sartor (4to IMVA).

Pocos saben que, a mediados del siglo XX, la calle central de Unquillo no se llamaba Avenida San Martín, sino Avenida de los Aliados, ya que era una de las rutas elegidas por los refugiados de la Segunda Guerra Mundial a la hora de emigrar al interior del país.

“Hasta que, en 1944, el gobierno de Juan Domingo Perón sacó un decreto que obligaba a cambiar el nombre de todas las avenidas principales del país por General San Martín”, explicó a El Milenio Osvaldo Basmadjian, actual propietario de Casa Ararat, uno de los comercios históricos de dicha calle.

“Es irónico que se diera ese cambio, porque poco tiempo antes, los vecinos habían estado meses peleando por el nombre de la avenida, rompiendo y cambiando los carteles que otros ponían, hasta que se decidieron entre todos a homenajear a los aliados”, contó el comerciante con una sonrisa nostálgica.

Esta y otras tantas anécdotas del Unquillo de antaño pueden conocerse visitando la tienda de la familia Basmadjian, ubicada en Avenida San Martín al 2165. Comercio de indumentaria deportiva que en abril festejó su 80 aniversario, convirtiéndose en uno de los emprendimientos familiares más antiguos del Pueblo de Artistas (y de todo Sierras Chicas).

“Creo que el mejor momento de Casa Ararat no es ni el pasado ni el futuro, es el presente, donde podemos ser conscientes de lo que tenemos y lo que estamos logrando”

Osvaldo Basmadjian

Cuando El Milenio le preguntó a don Osvaldo cuáles eran las claves para mantenerse en el negocio tantos años, respondió sin dudarlo que la amabilidad y la confianza siempre fueron los principales pilares de Casa Ararat.

“Todos los negocios de larga trayectoria tienen que ir adaptándose a los tiempos”, aclaró de entrada el entrevistado. “En nuestro caso, no sólo competimos con los negocios locales, hoy competimos con el Internet, donde podés comprar cualquier cosa de cualquier parte del mundo”, explicó el comerciante unquillense.

“Entonces, ¿cómo sobrevivimos? Por el servicio, por la confianza y por la tranquilidad que le damos a nuestros clientes de que el producto que vendemos es bueno”, sostuvo el hombre, con la serenidad de quien ha resistido las peores embestidas económicas y ha visto a su pueblo convertirse en ciudad.


Máquina del tiempo

La Casa Ararat (originalmente llamada “Exposición Ararat”) se inauguró en abril de 1942 y fue pasando por múltiples rubros. De aquellos lejanos años, don Osvaldo recuerda cómo el negocio fundado por su padre, don Miguel Basmadjian, comenzó como una pequeña peluquería, para transformarse al poco tiempo en un comercio de artículos generales, más adelante en una lencería y venta de telas finas, y finalmente en una de las casas de indumentaria y artículos deportivos más importantes de la región.

“Eran comercios que no existían en aquella época, mi padre se iba adaptando a las necesidades de los vecinos”, aclaró el actual propietario, destacando el buen ojo para los negocios de su progenitor. Si bien don Miguel estaría al frente del mostrador hasta su fallecimiento en marzo del año 2000, para principios de la década del 70, su hijo, Osvaldo, con tan sólo 18 años de edad, ya comenzaba a interesarse por el negocio familiar.

“Al principio iba alternando con mi profesión de contador, pero ahora, incluso después de jubilarme, sigo al frente de este maravilloso trabajo”, afirmó contento el entrevistado y destacó que su clientela no se limita sólo a Unquillo, sino que también reciben a vecinos de Villa Allende, Río Ceballos y Salsipuedes.

“Es la confianza de la que hablaba antes, de no defraudar al cliente, siempre acompañándolo de acuerdo a sus necesidades y ofreciéndole productos de calidad y de buenas marcas”, insistió don Osvaldo. “Es una confianza que se construye día a día, no sólo con los clientes, sino también con los proveedores”, agregó con orgullo el actual propietario.

Cabe resaltar que, en diciembre de 2014, el Gobierno de la Provincia de Córdoba destacó a Casa Ararat por su gran trayectoria histórica y comercial. En dicha oportunidad, el por entonces ministro de Industria, Comercio y Minería y hoy intendente de Córdoba, Martín Llaryora, declaró que dicho reconocimiento era el resultado de una “estricta justicia, ya que es parte de la historia viva de su comunidad, siendo un ejemplo de prosperidad, de progreso y un espejo para los que están comenzando”.


De Noé hasta la actualidad

Según reveló Osvaldo, el nombre del emprendimiento familiar está inspirado en la leyenda bíblica del Arca de Noé, donde luego de 40 días de lluvias y tormentas, la embarcación terminó anclada en los picos de los montes Ararat. 

“El apellido Basmadjian es de origen armenio, donde todo lo terminado en ‘djian’ quiere decir ‘hijo de’, en este caso de ‘basma’, que significa “estampador”. O sea que de alguna forma podemos deducir que, ya desde mis más lejanos ancestros, esta familia se viene dedicando al rubro comercial”, comentó entre risas.

En ese sentido, confesó que su deseo es que el negocio continúe por algunos años más con la siguiente generación, aunque también aclaró que de ninguna manera buscaría imponerles esta obligación a sus hijos, ya que considera que cada uno es libre de elegir su propio camino.

“En algún momento lógicamente voy a dejar de trabajar, en una de esas quizás sean mis nietos los encargados de continuar la tradición, me queda un poquito de esperanza. Por lo pronto, seguiré contento al frente del mostrador”, manifestó el comerciante unquillense.

“Siempre considero que el mejor momento de Casa Ararat es el presente. No es ni el pasado, ni el futuro, porque el pasado ya fue y el futuro no lo conocés. El mejor es este momento, en el que somos conscientes de lo que tenemos y estamos logrando”, concluyó con sabiduría.