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  • Por Celeste Gabriela Gotta Corral
  • Francisco Mirgone Dequino
  • 5to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio
  • periodico@elmilenio.info
  • Foto de portada: Día a Día

Mendiolaza. ¿Quién no recuerda el caso de ‘Unidos x Javito’ en el 2013 en Mendiolaza? En aquel entonces, la población de Sierras Chicas se convirtió en un ejemplo que movilizó al país juntando tapitas, cartón, botellas y hasta dinero para un tratamiento de células madres para Javito, que sufría Leucomalacia Periventricular (una parálisis cerebral que afecta a los músculos). Junto a su familia debió viajar a Tailandia para recibir los cuidados médicos necesarios y así tener una mejor calidad de vida con ese tratamiento

Tras los 33 días en Tailandia, tiempo que duró el tratamiento, la familia Gotta Corral había regresado al país, y a Sierras Chicas, atravesada por diversas vivencias. En diálogo con El Milenio, Javito Gotta Corral y Mónica Corral (madre) contaron su experiencia en el extranjero, cómo fueron los tratamientos y los desafíos que atravesó el grupo familiar para el cuidado integral del niño. 

Mientras la decisión de realizar nuevos implantes está supeditada a cuestiones económicas, Javito sigue con sus tratamientos de rehabilitación, pero ya en su casa.

“Cuando volvimos me recibieron mis amigos, jugábamos y nos reíamos, ellos me decían ‘que asco’ por la comida en Tailandia. También me hicieron carteles, me cantaron, jugamos en la plaza y muchas cosas buenas”, expresó Javito entre risas, e indicó que continúa el tratamiento en Córdoba dos a tres veces a la semana, después de la jornada escolar en el Instituto Educativo Nuevo Milenio, y también juega a la play y hasta cocina. 

El Milenio: ¿Por qué decidieron ir a Tailandia para hacer el tratamiento?

Mónica Corral: En realidad no decidimos ir a Tailandia. Primero investigué qué  tratamientos hacer para mejorar la calidad de vida de Javier y me interioricé en implantes de células madres. En ese momento solo lo hacían dos empresas en el mundo, y las dos estaban en China. Elegimos la que nos pareció mejor y el destino era Shenzhen, pero, un mes antes del viaje nos avisaron que por cuestiones de organización en el país, ya que había cambio de gobierno, nos trasladaban a la sede de Tailandia, al igual que a todos los otros pacientes.

EM: ¿Cómo los recibieron en el hospital?

MC: Espectacular porque tienen una gran calidez. Nos buscaron en el aeropuerto y nos llevaron directamente al hospital. Apenas llegamos salieron a recibirnos, y mientras ellos entretenían a los chicos, fuimos a las oficinas a firmar los papeles. También nos brindaron todo el cronograma de la estadía y un recorrido por el hospital. Luego, nos instalamos en una habitación asignada. 

El hospital tiene tres pisos, en el tercer piso se ubica el quirófano, en el  segundo están las habitaciones de los médicos residentes (como en la época en la que estuvimos eran vacaciones estaban liberadas y nos ubicaron allí), si no las habitaciones para los pacientes eran con un acompañante cada una.

EM: ¿Cómo fue el tratamiento?

MC: Los implantes eran por vía endovenosa y raquídea en quirófanos, la otra parte del tratamiento consistía en rehabilitación, kinesiología, pileta, terapias alternativas, como acupuntura y nutrición. En total le realizaron ocho implantes divididos por semanas y todos los días, menos los domingos, tenía rehabilitación.

EM: ¿Cómo se estructuró la familia en esos días?

MC: Estábamos en una habitación que era de los residentes del hospital donde toda la familia participaba de la rehabilitación repitiendo todos los ejercicios que hacía él para que no se sintiera solo y aprendiendo cómo se realizan para poder repetirlos cuando volviéramos a casa.

Había mexicanos, colombianos, portugueses, brasileños, suecos, con los que compartimos muchas experiencias. Además, la empresa nos llevó a una reserva de elefantes y al zoológico que estaban cerrados al público pero abrían para las compañías de tratamientos de salud. 

Fuimos en épocas monzónicas, con temperaturas muy altas. Había mucha contaminación porque no tienen cloacas, cuando Marcos (padre) salía a hacer las compras, si pisaba alguna baldosa floja saltaban todos los desechos. También estaban las ratas, ya que la basura la recogían una vez a la semana. Ellos cazan las ratas para comerlas, víboras, a éstas las vendían en puestos en la calle y consumen todo en sopas, hervidos y muy picante. También comen monos, que se venden en negocios de comidas,

EM: ¿Cómo se adaptaron a la cultura, a lo largo del tiempo del tratamiento?

MC: Nosotros ya fuimos de acá conociendo las costumbres básicas por una cuestión de respeto, entonces no nos fue difícil adaptarnos. Veíamos muchos templos chiquitos como acá hay grutas con virgencitas. En Tailandia los habitantes oran todas las mañanas y también en las tardes y dejan como ofrenda decoraciones con flores. Nos enseñaron muchas costumbres de respeto hacia el otro a lo largo del tiempo que estuvimos.

EM: ¿Cuáles fueron las experiencias que más los marcaron como familia?

MC: La primera experiencia que más nos marcó fue la alimentación y luego el idioma. Todo es muy diferente en cuanto a los sabores, porque ellos condimentan con especias perfumadas como la almendra. Las hojas verdes (acelgas, lechugas) son muy diferentes, las zanahorias son redondas, las frutas también son distintas tanto en gusto como en textura. También era muy complicado ir a comprar, al estar todo en tailandés no sabíamos qué  era lo que estábamos llevando.

Otro punto difícil, el idioma, nos llevó al punto de manejarnos con una tablet y el traductor de Google. El hospital nos brindó una Tablet cuando llegamos y con el traductor nos podíamos comunicar con los profesionales y el resto del personal que trabajaba en el mismo. Al tratar de comunicarnos les enseñabamos palabras en español y ellos a nosotros en tailandés.  

EM: ¿El tratamiento ayudó a Javier?

MC: Sí, ya en el segundo implante lo notamos, la enfermedad de él es una parálisis cerebral que hace que todos sus músculos estén duros, la kinesiología ayuda a relajar sus músculos, y ya al segundo implante había mejorado la velocidad mental y la motricidad fina. Mejoró muchísimo.

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