SOCIEDAD
- Por: Mia Bennazar y Francina Galli 4° IMVA; Francesca Margonari, Paulina Del Castillo y Mariana Machado 4° IENM.
Lo que comenzó como una búsqueda personal por diferentes lugares, como deporte de alto rendimiento, gimnasia de competición, acrobacias y circo, se convirtió en una propuesta que acompaña y ayuda.
Pablo recorrió un largo camino en virtud de la conciencia corporal y de esta forma llegó a compaginar todos sus saberes en una práctica vivencial. “Se trata de un entrenamiento integral donde se toma a la persona como un ser complejo y buscamos que todas sus partes se trabajen”, afirmó acerca del entrenamiento total, el método que promulga.

Este no se trata solo de una actividad física que desarrolla el movimiento corporal y el reconocimiento del mismo, sino que también contempla el trabajo de emociones y la relajación, entre otros aspectos. Así, para quienes la practican, esta iniciativa ofrece una pausa, dentro de un contexto tan acelerado que, a diario, no permite a la sociedad detenerse y escucharse.
De esta manera, el creador del método explicó que “la meta principal es aprender a autorregularnos”. Por lo tanto, la invitación está abierta al público en general, desde los cuatro años. Al respecto, Marín detalló: “Iniciamos con ejercicios muy simples y lúdicos, y de ahí hasta cualquier edad, no hay límite”. Y agregó: “Es un proceso que puede tener efectos terapéuticos, porque supone conocernos mejor y mejorar nuestra calidad de vida”.
El Milenio: ¿Hay algún antecedente de “entrenamiento total”? ¿Qué técnicas combina?
Pablo Marín: Que haya antecedentes de esto tal cual lo presento no creo, porque cada uno de nosotros es único y esto es una síntesis de mi recorrido, pero sin duda que habrá cosas similares. Al ser una integración de distintos saberes, va a depender también de cada grupo y de sus necesidades. Lo siento como ir con una maleta cargada de herramientas y, dependiendo la necesidad, voy sacándolas para ser utilizadas.
En las clases hay actividades como meditaciones guiadas, gimnasia artística, gimnasia deportiva, con acrobacias, equilibrios. Son cosas que estudié por separado y busco combinarlas, e integrarlas, ya que siendo actividades tan distintas se pueden sintetizar en una nueva propuesta.
EM: ¿Cuáles son los objetivos y características de este tipo de práctica?
PM: A través de los ejercicios, como meditaciones e introspección, buscamos alcanzar un mayor nivel de conciencia y aprender a gestionarnos a nosotros mismos. Cuando compramos un teléfono, por ejemplo, recibimos un manual de instrucciones que nos indica cómo funciona. Sin embargo, rara vez alguien nos enseña cómo funcionamos nosotros mismos. En general, lo hacemos de forma automática y reaccionamos en lugar de accionar, esto debido a patrones aprendidos, sin cuestionarlos.
La clave está en llevar esas respuestas automáticas al plano consciente. Por ejemplo, si alguien me insulta y yo respondo con más agresión, estoy alimentando el conflicto y, además, le estoy dando a esa persona la llave para que pueda manejarme. En cambio, con esta autorregulación, vuelvo a tomar el control de mí mismo y decido voluntariamente qué hacer ante el estímulo que me están ofreciendo.

EM: ¿Dónde empezaste a desarrollar las clases y en qué consisten?
PM: Empecé en Unquillo porque es donde vivo. También estoy proponiendo talleres en Río Ceballos y en Córdoba. Explicar en qué consiste esta actividad no es sencillo, ya que se trata de una experiencia vivencial. Cada persona la vive de forma distinta, incluso una misma persona puede tener experiencias diferentes en distintas ocasiones, aunque la propuesta sea la misma. Esto ocurre porque no todos los días llegamos del mismo modo: nuestras emociones, energía y disposición cambian.
Para quienes participan, lo primero que ofrecemos es un espacio cuidado. Esa es nuestra premisa fundamental: crear un entorno seguro, cómodo y libre de juicios. Todo lo que suceda en ese espacio es bienvenido.
A partir de ahí, una vez que logro reconocer lo que hay en mí, puedo decidir si quiero cambiar algo. Pero el primer paso, al inicio de la clase, es siempre la introspección, el conocimiento de uno mismo. Y después jugamos un rato, a veces utilizando elementos materiales. Posteriormente, cerramos los ojos y les pregunto cómo se sienten y qué cambió. Ahí es cuando empiezan a darse cuenta que, primero, el cuerpo físico cambió porque tiene una temperatura diferente, la agitación del corazón, y luego la emocionalidad.
Todo depende del estado en el que uno llega. Si alguien viene con alguna preocupación y logra entregarse al juego, esa carga suele desaparecer, se olvidan de los problemas. Por lo tanto, busco ofrecer herramientas para que luego cada persona pueda hacerlo en su vida cotidiana, sin generar dependencia.
Muchas personas nos dicen: “Deberíamos venir tres veces por semana.” Y mi respuesta es siempre la misma: lo que aprendés acá, llevalo a todos los espacios de tu vida. Si vas al gimnasio, hacé tus movimientos con conciencia, prestá atención a tu respiración, a cómo te sentís. Si estás por entrar a un lugar o enfrentar una situación desafiante, podés detenerte un momento, hacer tres respiraciones profundas y decidir cómo querés presentarte en ese espacio.
EM: ¿Continuás formándote actualmente para incorporar nuevas disciplinas?
PM: Actualmente me estoy formando en ATB (Awareness Through the Body), una práctica surgida en contexto escolar, donde los docentes comenzaron a aplicar herramientas provenientes de la osteopatía, la quiropraxia y la danza para mejorar la postura de los niños. Con el tiempo, observaron que esta no depende únicamente de músculos, articulaciones y huesos, sino que está influenciada por otros aspectos como las emociones y los estados internos.
Es un lenguaje, porque el cuerpo expresa algo que está dentro nuestro. Así, cuando una persona permanece mucho tiempo sumergido en la tristeza o la depresión, su cuerpo adopta una forma acorde y lo importante es que puedo trabajarlo de un lado hacia el otro.

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