9 junio, 2026

El Milenio

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Pablo Curutchet, rompiendo moldes

Del cartón al metal y del taller a la calle, el artista reinventa su práctica continuamente, explorando materiales, escalas y vínculos con el público. En abril, participó del Simposio de Escultura de Unquillo, donde impulsó una propuesta participativa con cerámica para los asistentes.

CULTURA

Por: Lourdes Rossi y Álvaro Acuña 4° IMVA; Francisco Bonino, Mattia Mozzoni y Gennaro Ligato 4° IENM.


Durante el mes de abril, en Unquillo tuvo lugar el Simposio de Escultura, del cual participó Pablo Curutchet, entre otros referentes. El artista, aunque ya había formado parte en otras dos oportunidades, destacó las particularidades de esta edición. 

En esta ocasión, no se trató solo de mostrar de mostrar a los escultores en acción, sino de socializar el encuentro, permitiendo que el público, tanto niños como adultos, participara activamente en un taller de escultura en cerámica. 

Esta dinámica distinguió al evento y emocionó a los espectadores que pasaron por el mismo. A su vez, otro aspecto crucial de esta experiencia fue la quema de cerámica en hornos sencillos de aserrín, una forma primitiva de cocción que se convirtió en un ritual compartido. 

De las calles a las galerías

Intervención urbana efímera con cajas de cartón embaladas emplazada en Bv. San Juan y Cañada, Córdoba

Pablo Curutchet llegó a Unquillo desde Buenos Aires y se radicó en Cabana, adoptando a la ciudad serrana como su hogar y un lugar donde transitó instancias formativas claves. Los cursos en la localidad le permitieron trabajar con distintos materiales y tener recursos para explorar y producir obras, especialmente las de gran escala. Así, construyó una impronta basada en la constante exploración y la ruptura de los límites convencionales del arte.

De esta manera, su carrera pasó por diversas etapas, en las que trabajó con metal, madera, cartón, inflables y cerámica, gestando una identidad ecléctica. Actualmente, se le reconoce tanto por su labor como ceramista como por sus obras en cartón, que se abrieron paso en el ámbito urbano.

No obstante, el artista nunca se había pensado como «escultor urbano», pero la definición le pareció interesante y aplicable a su proyecto. De esta manera, presenta piezas a gran escala, como también otras que entran en la palma de una mano.


La motivación detrás de sus intervenciones, fuera de los museos y galerías surgió tras recibirse en 2001 cuando notó que el acceso a estos sitios era limitado. Por lo tanto, quienes asistían suponía un cupo reducido y se propuso trascender los sitios formales, para «llegar a otra gente”, comentó. 

Inicialmente, juntaba materiales de la calle para introducirlos en el museo, pero luego entendió que ese material debía estar en la calle, junto con su público objetivo. A lo largo de sus 20 años de carrera, expuso en prácticamente todos los espacios de renombre de Córdoba, incluyendo el Museo Caraffa. Sin embargo, para él, a veces lo importante es «cómo se produce esa experiencia”. “Cómo yo la atravieso en ese lugar, más allá del prestigio que tenga”, añadió.

Uno de los destinos más impensados a donde llegó su obra, o al menos el interés por ella, fue la frontera entre Corea del Norte y Corea del Sur. Se interesaron en hacer una de sus obras de cartón en el aeropuerto de Incheon. Aunque el proyecto no se concretó, le sorprendió mucho el reconocimiento desde tan lejos.

En cuanto a la venta de su producción, Curutchet señala que no es un artista convencional que venda cuadros regularmente, sino que quizás proyectos o intervenciones para empresas como Nike o eventos. Igualmente, en los últimos dos años, decidió enfocar su trabajo más hacia las galerías y comenzó a comercializar de forma más regular.

Cambios en el taller


La obra más conocida de Curutchet, la escultura de cartón, se situó en un periodo que duró aproximadamente de 2009 a 2015. Estas buscaban explorar las relaciones contemporáneas, lo efímero, la fragilidad y la idea de las cajas como elementos vacíos. El artista expresó con orgullo que “la obra de La Cañada es el mayor logro personal hasta el momento”.

Otra etapa de su carrera fueron las esculturas inflables, un período corto, aunque volvió a mostrarlas recientemente en Casa Foa. Hoy, la cerámica marca otra etapa en su producción.

Curutchet tiene una relación con el barro desde niño, habiendo asistido a talleres en Villa Allende y con Julieta Celia. Su reencuentro con la actividad se dio inicialmente con fines terapéuticos. Recomendado por un médico, comenzó a modelar y quemar en hornos de aserrín como un «cable a tierra». 

Más tarde, empezó a dictar talleres introductorios para los interesados en probar, orientando estos hacia al arte, aunque siempre pregunta a los alumnos si prefieren hacer vajilla. En tanto, se define como un artista visual que también se desempeñó como director de museos, gestor, productor y galerista. 

Igualmente, su tarea actual requiere, según explicó, «gestionar o hablar con otros», alejándose de la idea romántica del artista encerrado en su taller. Una materia pendiente y un objetivo claro es llevar la estética lograda en los inflables o cerámicas a esculturas en metal que puedan estar en el exterior de forma permanente, saliendo del aspecto efímero. También aspira a realizar obras de cerámica de mayor tamaño, investigando la máxima capacidad que le permita el material. 


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