29 septiembre, 2026

El Milenio

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Zacarías García: A fondo

Heredero de una tradición en el mundo del rally, Zacarías García continúa dejando huella en el campeonato nacional junto a Santiago Baldo, a bordo de un Hyundai. Con victorias y destacadas participaciones en equipo con pilotos como Nicolás Díaz, Esteban Domínguez y Federico Cadamuro, se consolida como uno de los navegantes más talentosos del país, manteniendo viva la pasión por este deporte que corre por las venas de su familia.

DEPORTES

  • Por: Milena Zulueta y Benicio Torres 4° IENM – Milagros Boetto y Nazaret Montemurro 4° IMVA.
  • Redacción: Alejandra Boldo.

Zacarías García (31) nació en Villa Allende y también en el corazón del automovilismo. Creció en un entorno donde los motores rugían y las conversaciones familiares giraban en torno a las carreras. Inspirado por las leyendas de su papá, siempre tuvo claro que su destino estaba sobre los caminos de ripio y tierra. 

Es que, el joven es parte de una familia de navegantes, junto a su papá, Santiago García, y su sobrino Nicolás. De esta manera, el navegante está corriendo en el campeonato nacional de rally junto a Santiago Baldo, con quien ganaron varias carreras a bordo de un Hyundai. A nivel nacional corrió con Nicolás Díaz, con un Skoda, y con Esteban Domínguez, también con una máquina del fabricante surcoreano. Además, corrió algunas carreras con pilotos cordobeses, como Federico Cadamuro, con muy buenos resultados. 

Así, lo que comenzó como una afición, con pequeñas incursiones en competiciones locales, pronto se transformó en una carrera profesional. ‘Zaca’, como lo apodan, hoy divide su tiempo entre los tramos sinuosos y su trabajo administrativo en la empresa familiar, García Servicios Sociales. Igualmente, prefiere presentarse como navegante de rally y priorizar su verdadera vocación.

“En un momento de mi carrera me di cuenta de que ganar o salir campeón no lo es todo, si no estás disfrutando el proceso”.

El Milenio: ¿Cuál es el papel de copiloto en la carrera y qué es lo mejor y peor de eso?

Zacarías García: Es crucial para el éxito del equipo, ya que es el encargado de gestionar tiempos, seguir la hoja de ruta y proporcionar información precisa al piloto en todo momento. Es como el caddy de un golfista, ya que debe estar atento a cada detalle y llevar el control de varios aspectos técnicos y logísticos durante la carrera.

El copiloto lleva un carnet con los horarios asignados para cada tramo de la carrera. Debe presentarlo en el tiempo exacto, ni un minuto antes ni un minuto después, ya que cualquier error resulta en penalizaciones. También tiene que calcular el tiempo que le queda para llegar a los distintos puntos y asegurarse de que el equipo no se adelante ni se retrase.

Cualquier error en la lectura o interpretación de esta hoja puede causar pérdida de tiempo o penalizaciones. Además, durante los reconocimientos previos, el copiloto hace anotaciones personales sobre referencias visuales como ferreterías o kioscos para tener más claridad durante la carrera. 

EM: Comparaste la tarea del navegante con la del caddy que está bastante subestimado, como que no es considerado un deportista, ¿Pasa lo mismo con el navegante?

ZG: Aunque no siempre se reconoce, el ritmo lo impone el navegante, ya que el tono y la manera en que se cantan las notas determinan cómo el piloto aborda cada tramo del recorrido. Si bien puede empezar de manera estrictamente profesional, con el tiempo se desarrolla un vínculo más fuerte, que puede transformarse en amistad. 

Esto es especialmente importante porque el trabajo en el rally es intenso y estresante, y el equipo pasa largas horas dentro del auto, bajo presión constante. El cansancio físico y mental, sumado a la necesidad de resolver problemas inesperados como una pinchadura de goma, crea un ambiente donde la confianza y la comprensión mutua entre piloto y copiloto son fundamentales para el éxito. Una buena relación puede ayudar a manejar mejor el estrés, mientras que una mala puede intensificar los desafíos del rally.



EM: ¿Cuáles son tus puntos fuertes y débiles como navegante?

ZG: Creo que mi punto más débil es la mecánica. No soy un navegante que tenga un conocimiento profundo en este aspecto. Me defiendo, sé cambiar un palier, las cubiertas, y alinear un auto si se desalinea, pero no entiendo completamente el funcionamiento de componentes más complejos, como una caja de cambios. 

Hay colegas que vienen de la parte mecánica y tienen la ventaja de saber exactamente qué hacer al levantar el capó; yo, en cambio, debo estudiar más en este aspecto. Este conocimiento te da una ventaja, como saber que el líquido de freno y el líquido hidráulico pueden cumplir funciones similares, lo que te permite ser más eficiente al cargar repuestos en el auto. A pesar de no ser un experto, esto nunca fue un impedimento para mí, ni motivo de reproches por parte de mis compañeros. Me defiendo, pero es un área donde sé que debo mejorar.

En cuanto a mis fortalezas, creo que mi fuerte es la hoja de ruta. Me gusta mucho trabajar en ella y me adapto bien a los pilotos. Trato de entender por qué anotan ciertas cosas y cuándo puedo aportarles una sugerencia. Pero es importante saber cuándo intervenir y cuándo no. Hay que ser muy cuidadoso para sumar en el momento adecuado y no interrumpir el flujo del piloto.


EM: ¿Cuáles son tus metas en el mundo del automovilismo?

ZG: Al principio priorizaba lo deportivo, querer ganar todo. Después me di cuenta que el bienestar personal es más importante. Hoy tengo claro que no correría con alguien que la pase mal o con el que no me sienta cómodo. Son muchas las cosas que influyen en el rendimiento de uno. El navegante tiene mucha responsabilidad arriba del auto. Además, en nuestro deporte, muchas veces se prioriza lo económico por encima de lo deportivo. 

A veces te encontrás en una situación donde tenés que decidir si preferís correr con alguien que te pague mejor o con alguien que te permita competir a un nivel más alto. Yo valoro mucho lo deportivo, pero también aprendí a priorizar mi bienestar y con quién me siento bien trabajando. También trabajo con una psicóloga deportiva antes de cada carrera para mantenerme enfocado y alinear mis pensamientos. Todo esto me ayudó a valorar más mi bienestar y a entender que el rendimiento también depende de cómo me siento.


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