CULTURA
- Por: Emilia Destefanis, Federica Villalba y Lola Arguello 4° Imva. Alexis Actis Piazza y Rocío Bartolini 4° Ienm..
Patricia de los Ríos, docente de primaria y humorista de stand-up, lleva años combinando dos mundos que, a simple vista, parecen lejanos, pero que ella supo entrelazar: la enseñanza y la comedia.
Nacida en otra provincia, pero criada en Córdoba Capital, hace más de una década que reside en Unquillo, donde encontró una comunidad que disfruta tanto de su faceta educativa como de su sentido del humor único. Sus experiencias en el aula se convirtieron en material para hacer reír, y sin darse cuenta, construyó una carrera que combina los roles que la definen.
En tanto, su llegada al stand-up fue por accidente. En 2012-2013, recién separada y buscando nuevas experiencias para superar la tristeza, un amigo le sugirió tomar un taller de comedia. “Vos sos graciosa”, le dijo, y fue el empujón para lanzarse a explorar el mundo de los monólogos cómicos. Si bien aclara que no fue el dolor de una ruptura lo que la llevó directamente a este arte, Patricia admite que la comedia surgió en un momento donde necesitaba redescubrirse.
“Hice un curso, son como talleres donde te enseñan a producir textos de humor”, recuerda, resaltando también que el stand-up le permitió desarrollar su creatividad y transformar lo cotidiano en algo divertido.
A pesar de no haber tenido formación previa en el área, Patricia descubrió que tenía un don natural para hacer reír, por lo que incursionar en la comedia resultó algo natural.
La fusión

El humor de Patricia se nutre profundamente de su experiencia como maestra. Para ella, el estilo de comedia que eligió es una forma de expresar sus percepciones y vivencias personales, y pocas cosas conoce, tan bien, como el mundo escolar. “Al principio me daba vergüenza. No me posicionaba como artista, sino siempre como maestra”, admite y confiesa que le costó separar ambas facetas cuando se encontraba frente a un público que, a veces, incluía a familiares de sus alumnos.
Es que, el hecho de ser una maestra en el escenario, en lugar de dar una imagen rígida, desafiaba ciertos estereotipos. Sin embargo, Patricia logró encontrar un equilibrio, distanciando su labor educativa de su trabajo como comediante. De esta manera, hoy afirma: “Una cosa es mi trabajo como docente y otra mi trabajo como humorista”.
Sobre su desembarco en un escenario cuenta que, tras finalizar la instancia formativa, se organizó una muestra donde todos los participantes debían presentar su material. Ese fue su debut oficial, pero el verdadero momento vino poco después, cuando un grupo de amigos decidió presentarse en un bar.
Al inicio, ella dudaba si subir a las tablas, pero cuando finalmente lo hizo, quedó atrapada por la energía del público. Y recuerda: “Me encantó, y no me bajé más”. Desde entonces, forma parte del boom de este formato de presentación, presentándose en distintos bares y espacios culturales. Asimismo, con el tiempo, fue perfeccionando su estilo y ampliando su repertorio.
Entre el aula y el escenario

Patricia resalta que el aula y el escenario tienen similitudes, ya que implican dominar la palabra y la atención del público. “El aula tiene una contención que el escenario no te da. Aunque en el primero se establece una relación de confianza y el segundo espacio impone un desafío mayor: exponerse a la reacción inmediata del público, donde una palabra mal dicha o una pausa fuera de lugar puede cambiar completamente el clima”.
Igualmente, una de las principales fuentes de inspiración para ella son sus estudiantes. “Lo que tienen las infancias es la inocencia”, asegura. Y sigue: “las ocurrencias y malentendidos de mis alumnos suelen convertirse en chistes para los monólogos”.
La profesora reconoce que su humor es personal. A diferencia de algunos comediantes que recurren a chistes reciclados o copiados, ella construye sus monólogos desde su experiencia y visión del mundo.
En esta línea, expone: “Mis monólogos son muy sentidos, porque hablo de lo que yo pienso”. Así, trasciende el ambiente de colegio y trabaja su capacidad de observación que va más allá: desde los diálogos en la sala de docentes hasta las interacciones con los padres. Todo lo que ocurre en su entorno puede convertirse en material para la comedia.
Además, no teme hablar y compartir sus reflexiones sobre la vida cotidiana. A través de ellos, logró crear un vínculo con su audiencia, especialmente con aquellas personas que están involucradas en el ámbito educativo.
La evolución del humor y sus propios cambios

En sus años en el mundo de la comedia, Patricia fue testigo de la evolución del stand-up, tanto en Córdoba como en Sierras Chicas. Si bien al comienzo de su carrera era tendencia en los bares, reconoce que, en la actualidad, las redes sociales han cambiado la forma en que se consume.
Igualmente, sigue participando en shows, a menudo en circuitos culturales y sindicales, donde su nombre ya es conocido. No obstante, admite que no tiene una gran presencia en redes sociales, porque prefiere la interacción directa con el público. Para ella, el humor en vivo tiene una magia que la pantalla no puede replicar.
Por otro lado, reconoce que ciertos temas han dejado de ser aceptables, mientras que otros han cobrado relevancia. “Yo fui cambiando, entonces lo que me hacía reír antes, ya no”, confiesa. “Un ejemplo de esto es un antiguo monólogo que hablaba de vivir sola, algo que en su momento me representaba, pero que hoy ya no tiene cabida”.
Sin embargo, sigue fiel a su impronta, con el propósito de jamás recurrir a la burla o a los estereotipos, aseverando que “el respeto es una línea que no se cruza”. Bajo estos lineamientos, su carrera sigue en crecimiento, explorando nuevas formas de hacer reír, siempre manteniendo su autenticidad.

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