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La promesa de un nuevo hogar

Tras pasar unos meses agitados, con la posibilidad de perder su espacio de funcionamiento, la Escuela Especial Juana Manso de Río Ceballos ya empieza a celebrar sus 17 años de existencia (que se cumplen en agosto) con el ansiado anuncio de un edificio propio. A la espera del inicio de las obras, la directora Alicia Castañeda repasó la historia de un proyecto que hoy cobija a 27 jóvenes con discapacidad.

Los primeros meses del año no fueron sencillos para la Escuela Especial Juana Manso. El anexo de la institución ubicado en Río Ceballos, que carece de un edificio propio, volvió a enfrentarse a la incertidumbre ante el vencimiento del contrato de alquiler del inmueble donde funciona actualmente, ubicado en Nuestra Señora de Itatí 74. 

Alicia Castañeda, quien comparte la dirección del colegio junto a Andrea Federico, dio más detalles sobre el conflicto. “Nos teníamos que ir en abril del año pasado, pero ante el panorama de la pandemia, se extendió el margen de tiempo. En febrero me citaron desde la Municipalidad para informarme que teníamos que desalojar y buscar otro lugar antes de mayo”, recordó.

En ese momento, empezó la odisea de encontrar un nuevo hogar para la escuela. Con el correr de los días, y aunque el plazo se extendió hasta junio, la desesperación de la comunidad educativa fue aumentando, ya que ningún espacio reunía las condiciones óptimas para efectivizar el traslado.

Familias, gobierno y autoridades directivas continuaban la búsqueda sin éxito alguno; mientras la formación de 27 estudiantes con discapacidad quedaba en vilo, a pesar del esfuerzo mancomunado. “Aunque el municipio estaba muy predispuesto, los papás seguían preocupados y armaron una carta para el Ministerio de Educación provincial. Como no llegaba, decidieron hacer visible la situación a través de los medios”, narró la directora.

Tras hacerse pública la problemática, el 17 de mayo se concretó una reunión entre miembros de la institución educativa y diversos funcionarios gubernamentales, donde se anunció la tan esperada construcción de un edificio propio, que se emplazará en el Polo Educativo de Barrio Loza. El proyecto se realizará con fondos provinciales en un terreno cedido por el municipio de Río Ceballos.

Además, hasta que se efectivice el traslado, la escuela podrá permanecer en su ubicación actual. Castañeda, emocionada, explicó: “Nos dijeron que las obras comenzarían en la segunda mitad del año, con una demora estimada de entre cuatro y seis meses, con lo cual podríamos mudarnos a fin de año o a comienzos de 2022”.

Pasado y presente

La Escuela Especial Juana Manso nació originalmente en Villa Allende, hace 40 años. En 2004, el Estado Provincial dispuso la instalación de un anexo en Río Ceballos y, más tarde, otro en La Granja. “En esta modalidad educativa, generalmente se crea una base primero y luego, según las necesidades de la zona, se agregan instituciones”, indicó Alicia.

Según señaló la directora, desconoce por qué al instalarse el anexo de Río Ceballos no se contempló la edificación pertinente, aunque cree que fue por “razones presupuestarias”. En ese entonces, el colegio se puso en marcha en una casa ubicada en Amuchástegui al 132, costeada por la Municipalidad. “Al ser una escuela pública, la Provincia envía fondos para su mantenimiento, pero no para el alquiler, del cual siempre se hizo cargo el gobierno local”, agregó sobre la dinámica de funcionamiento. 

En este marco, la escuela pasó por distintas instalaciones en sus 17 años de vida, hasta que finalmente llegó a la residencia brindada por la Fundación COAS, donde se encuentra hoy en día. Actualmente, el establecimiento cuenta con Nivel Primario y Secundario. Además, un grupo de docentes extiende su labor fuera de la institución, asesorando a las escuelas clásicas para que puedan recibir a estudiantes con discapacidad. Castañeda detalló que se trata de una tarea institucional que aborda una “nueva mirada desde la inclusión”. 

Pandemia y educación especial

La llegada del coronavirus demandó una reinvención en los modos de enseñanza y aprendizaje de todas las instancias académicas. En el caso de la educación especial, el desafío fue quizás mayor, pero gracias a la tecnología pudieron sostener una educación a distancia. En este sentido, la herramienta predilecta de la Escuela Juana Manso Anexo fue WhatsApp. 

Desde la plataforma de mensajería, docentes y estudiantes organizaron grupos para intercambiar actividades y resolver dudas. “La mayoría de nuestros alumnos no tiene conexión a internet, entonces plantear encuentros virtuales se complicaba”, detalló Alicia y añadió: “Manejarnos con el celular fue lo que más resultó, enviamos propuestas para imprimir, audios aclarando las consignas y algunos videos”.

Respecto al retorno a la presencialidad y la modalidad de “burbujas” que se implementó este año, Castañeda comentó que no les significó grandes cambios, porque “la escuela especial siempre se caracterizó por grupos reducidos”. El trabajo es muy individualizado en función de lo que cada niño o joven puede hacer, de la mano de un docente y alguien del equipo técnico, como psicólogas o psicopedagogas”, explayó. 

En cuanto a la organización interna, la directora señaló que, si bien se sigue una currícula, “es todo bastante flexible” para atender a las necesidades de cada alumno. Las clases se llevan a cabo en aulas multigrado y los cursos se distribuyen por ciclo (en el secundario, por ejemplo, el ciclo básico se ubica en un aula y el ciclo orientado en otra).

Finalmente, Castañeda remarcó el orgullo que siente por la adaptación lograda en el último año. “Lo edilicio siempre ha sido un problema, pero la calidad de enseñanza en las propuestas se mantuvo. Destaco el trabajo comprometido y en equipo, fundamentalmente en este contexto, como así también el vínculo sostenido con las familias, que es muy importante”, concluyó.

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