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Tecnología para la inclusión

PROCER es un dispositivo portátil desarrollado por cordobeses que convierte texto digital o impreso en audio, contribuyendo a la autonomía de personas con discapacidad visual. Gracias a la participación activa de sus usuarios, la novedosa herramienta incorpora cada vez más funcionalidades y busca expandirse al mercado internacional.

Colaboración: Guadalupe Cagliero y Tobías Duarte (6to IENM) y Joaquín Mora y Gastón Rahal (6to IMVA)


El avance de la tecnología ocurrido en los últimos diez años permitió que muchas personas con distintas discapacidades pudieran integrarse a la esfera social, recuperando espacios y derechos históricamente postergados, como el poder trabajar o estudiar en igualdad de condiciones.

Un ejemplo de este tipo de desarrollos lo encontramos en Córdoba con PROCER, una herramienta de uso sencillo que permite convertir cualquier texto escrito (digital o impreso) en audio, mejorando la calidad de vida y autonomía de las personas con discapacidad visual.

En líneas generales, es un aparato del tamaño de un celular viejo que se conecta a un escáner de mano parecido a una planchita para el pelo, el cual se desplaza por la hoja para que el dispositivo la lea”, explica sucintamente Manuel Ferreiro, ingeniero que formó parte del desarrollo de este singular producto.

“La ventaja del escáner portátil es que, a diferencia de un lector de pantalla, permite leer cualquier formato de texto que se encuentre en cualquier superficie”, detalla el joven desarrollador a El Milenio. “Además tiene una herramienta muy útil que es la de ‘resumen’, que selecciona las ideas principales, como cuando uno estudia”, añade.

Sumar autonomía


“PROCER. Tecnología inclusiva” es el eslogan de esta empresa que propone soluciones tecnológicas para personas con discapacidad visual. La iniciativa nació en 2013 de la mano de cinco jóvenes egresados de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Córdoba que querían poner sus conocimientos al servicio de la inclusión.

“Teníamos la idea de ayudar con algo y pensamos en las personas ciegas como primera instancia, era como una filosofía de empresa”, explica Ferreiro. Así, él y sus compañeros (Mariano Lescano, Julián Guerrero, José Ribodino y Eduardo Carrizo) decidieron fundar su propia compañía con la premisa de incluir a los usuarios en el desarrollo del producto.

Creo que en Ingeniería existe cierta soberbia de pensar ‘yo hago tal cosa y luego la gente la va a usar’. En nuestro caso fue al revés: los usuarios nos fueron marcando el camino. Al principio, las personas con discapacidad visual sólo validaban el producto final, pero luego se formó una especie de comunidad que retroalimenta la toma de decisiones y hoy es fundamental para nosotros. Con sus aportes se generan las actualizaciones (las cuales son gratuitas)”, detalla el entrevistado.

Bajo esta forma de pensar nació PROCER 2, dispositivo que incorpora nuevas funcionalidades útiles para los usuarios, como la posibilidad de sumar notas de voz, editar documentos a través de un teclado que se conecta al dispositivo, reconocer billetes y leer en inglés.

Como destaca el joven, aunque para el común de la gente estas acciones puedan parecer insignificantes, para una persona con discapacidad visual poder leer un menú sin ayuda o contar su propio dinero es una contribución fundamental a la autonomía.

Los “antimarketing”


El primer dispositivo PROCER salió al mercado cordobés en agosto de 2017, tras cuatro años de desarrollo. De esa primera etapa, Manuel recuerda que lo más difícil fue que sus ideas fueran consideradas rentables por empresas e instituciones de desarrollo tecnológico.

En este sentido, no sólo destaca el aporte de un subsidio obtenido en 2015, sino también la atención que les dedicaron los medios de comunicación, lo cual les permitió captar el interés de nuevos inversores. “Nos hicieron notas en Clarín, Infobae y otros medios. Después tuvimos la suerte de quedar entre los diez finalistas de ‘Una idea para cambiar la historia’, un concurso sobre ciencia emitido por Discovery Channel, lo cual nos abrió un poco la difusión fuera del país”, explica el entrevistado.

En 2016 apostaron al crowdfunding (financiamiento colectivo), realizando una venta anticipada de su producto a través de internet. Necesitaban el valor de 40 unidades para continuar con el proyecto, pero en cambio llegaron a vender 70 dispositivos. “En un país donde tenemos fama de garcas (sic), hubo 70 personas que confiaron en nosotros porque les gustaba lo que hacíamos. Eso ha sido muy valioso”, afirma Ferreiro.

Actualmente, PROCER está presente en veintiún universidades (diecinueve en Argentina, una en España y otra en Chile). Además, el creciente interés en este producto logró que más de veinte obras sociales aceptasen subsidiar las compras personales del dispositivo, cuyo costo ronda los 70 mil pesos. “Es un valor alto, pero hay que tener en cuenta que el producto de la competencia cuesta 6 mil dólares. Si la persona no tiene obra social, también lo puede tramitar a través de la Agencia Nacional de Discapacidad”, añade el ingeniero.

Según detalló el joven emprendedor, su filosofía de negocios se basa en charlar a fondo con los clientes para conocer sus necesidades reales, explicándoles en el proceso todas las limitaciones del producto para que realmente sepan si les puede servir o no para la necesidad que buscan suplir. “Si no te hace falta, no te voy hacer perder el tiempo en esto”, resume Ferreiro.

Aunque no sea una estrategia muy tradicional en el mundo de los negocios, el profesional siente que nunca sale perdiendo: si logra vender el producto, se alegra, pero si no alcanza a satisfacer las necesidades del cliente, considera lo aprendido y trata de implementarlo en el próximo trabajo. “Hacemos una especie de ‘antimarketing’: comentamos todo para lo que no te va a servir el aparato y después te decimos para qué sí te sirve”, explica.

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