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Veinte años de un sueño

Mayo fue un mes de celebración para la Fundación Josefina Valli de Risso, que conmemoró el aniversario de la creación de sus dos colegios, el Instituto Educativo Nuevo Milenio (IENM) de Unquillo y el Instituto Milenio Villa Allende (IMVA). Las dos décadas del IENM y los doce años del IMVA reflejan la consolidación de una visión educativa de vanguardia en Sierras Chicas.

Colaboración: Amira López Giménez 


Desde su nacimiento, el Instituto Educativo Nuevo Milenio (IENM) ha crecido no solo como un espacio de formación y aprendizaje, sino como un hogar para cada uno de sus integrantes. El proyecto educativo, que surgió a partir del impulso de un grupo de familias que buscaban una oferta de enseñanza diferente, logró consolidarse como tal a lo largo de dos décadas sumando voluntades y personas preocupadas por la educación en Sierras Chicas.

Para Marta Cristina Parisi, una de aquellas pioneras, al principio el IENM era “solo una chispa que alimentaba un sueño”, el cual poco a poco comenzó a cobrar vida, “convocando a personas que lo hicieron crecer al calor de sus propios sueños para que este colegio sea lo que es hoy”, en palabras de su actual directora general.

En el aniversario de su creación, Cecilia Bertone, representante legal de la Fundación Josefina Valli de Risso (FJVR), también recordó los inicios del colegio y celebró el avance en materia de infraestructura, que permitió no solo sostener una propuesta cuya continuidad peligraba, sino que también brindó la posibilidad de abrirse a los tres niveles de enseñanza.

“Los aniversarios rescatan lo importante del tiempo transcurrido. Hoy cumplimos 20 años en el IENM que, aunque joven, avanza hacia adelante por muchos más junto a este gran equipo que, con amor y dedicación, le da a los niños, niñas y adolescentes lo mejor de cada uno. Con el apoyo de tres jóvenes que nunca olvidaron el lugar en que nacieron, se concretó este hermoso sueño. Feliz aniversario para todos con orgullo y agradecimiento”. Graciela Risso, presidenta FJVR.

Hoy, como desde sus orígenes, “el Milenio” avanza cada día en su objetivo de cabecera: instaurar una educación de referencia nacional, a través de una estructura curricular y extracurricular innovadora que brinde estrategias a sus estudiantes para convertirse en ciudadanos del mundo.

Más que una escuela

Para la magister Alejandra Gait, directora del Nivel Secundario del IENM, la escuela es su casa, un sitio de “seguridad, esfuerzo y compañía”, una institución que “nació pequeña y se hizo grande, un lugar al que siempre se quiere volver”. 

En la misma línea, Silvia David, directora del Nivel Primario, no dudó en llamar al colegio “su segundo hogar”. “Desde afuera podemos ver un edificio con grandes patios, pero encima de todo eso hay un sentimiento de pertenencia y empatía que me cautivó desde el primer día”, afirmó la educadora.

Su colega del Nivel Inicial, Claudia Mabel Castellanos, también destacó el compañerismo que caracteriza al colegio, así como “el espíritu de compromiso y las ganas incansables de hacer de su comunidad”.

“El IENM es una parte muy importante de mi vida, vi crecer este proyecto como vi crecer a mis hijos. Pasé por diversas funciones formando parte de esta iniciativa que tiene una misión tan importante como es la de contribuir a la formación de individuos que serán una porción de la sociedad del mañana”, declaró Carolina Pesasi, representante legal de la institución.

Una comunidad disruptiva

Con el respeto como eje transversal, valor que motiva la solidaridad, la empatía y la convivencia armónica con el ambiente, el IENM establece procesos educativos para erigir una comunidad digna, consciente tanto de los derechos y normas, como de sí misma.

“La especialidad del secundario (Comunicación), así como la cultura de los miembros de la Fundación (idiomas) han construido la identidad de una institución que sale de sus puertas, se involucra con el entorno y tiene presente esta idea de conexión y comunidad en todos sus proyectos, buscando que sus estudiantes desarrollen el pensamiento analítico y crítico”, explicó Bertone.

Como logro, la representante legal de la FJVR destacó que, aun siendo una escuela tan joven, se fortaleció el sentido de pertenencia y las posibilidades de proyección. En este marco, expresó que los tiempos que corren son uno de los más adversos que la institución ha tenido que atravesar, obligando a repensar los “modos de hacer escuela”. 

No obstante, rescató que la experiencia es “enriquecedora y necesaria para el desarrollo de la persona” y destacó la importancia de “mantener los vínculos físicos, la mirada, la sonrisa y la escucha sin la intermediación de ningún dispositivo”.

Para Bertone, los veinte años del IENM no dejan más que orgullo por cada miembro de la comunidad educativa. “Me refiero a todas las personas que transitamos los pasillos físicos y virtuales. Tenemos una comunidad disruptiva, que no se conforma, que trabaja en equipo y siempre está en busca de la mejora”, concluyó la representante.

“El IENM se quedó con mi corazón en 2005. Me marcó el rumbo profesional en amplio sentido y estaré siempre agradecida por haber sido parte de sus inicios. Cada día aprendo junto a docentes, estudiantes y familias. Nunca me fue fácil, pero siempre fue mi motor el compromiso de dejar lo mejor de mí para ver crecer el bordó en las calles de Sierras Chicas”. Natalia Boffelli, asesora pedagógica y coordinadora SOPP (IENM-IMVA).


El IMVA, también de festejo

En mayo no sólo se celebra el cumpleaños del Instituto Educativo Nuevo Milenio de Unquillo, sino también el de su hermano más joven, el Instituto Milenio Villa Allende (IMVA). Doce años trascurrieron desde que una familia de Sierras Chicas emprendió la dificultosa tarea de gestar este emprendimiento educativo y cultural en la ciudad del golf.

Marisa Allasia, directora del Nivel Secundario, y Carolina Bueno, directora del Nivel Inicial, definieron a la experiencia como «inigualable» y «apasionante». “Por lo general, los docentes llegamos a escuelas que ya tienen su historia, pero aquí la fuimos escribiendo, construimos identidad y generamos un fuerte sentido de pertenencia”, apuntó Allasia.

«Vamos hacia una escuela transformadora, desafiante, inclusiva y heterogénea. Lugares donde el conocimiento se crea y se recrea en todos los espacios, con docentes comprometidos y apasionados, estudiantes activos, críticos y creativos, y familias que se involucran y confían en la propuesta», proyectó Allasia.

Desde el Nivel Inicial, el acento también se pone en la comunidad educativa como eje de una construcción permanente de aprendizajes. “Es una constante interacción entre todos los que formamos parte. Es trabajo en equipo, intercambio de ideas, cooperación, diversidad, empatía, desarrollo de habilidades y capacidades para lograr aprendizajes significativos y de calidad», señaló Carolina Bueno.

“Compartimos esta gran tarea de aprender y enseñar un poquito todos, de acompañarnos en las buenas y en los momentos en que necesitamos más abrazos. Miren si habrá motivos para festejar doce años», celebró Jaqueline Bueno, directora del Nivel Primario.

Aunque la pandemia de Covid-19 desafió a estudiantes y docentes en los modos de aprender y enseñar, el crecimiento de la institución en los últimos años proporcionó flexibilidad y una adaptación exitosa. «La docencia en estos tiempos es una tarea en constante transformación. Creo que el Milenio no solo ha logrado adaptarse, sino que ha desarrollado una amplia red de trabajo educativo», valoró Bueno.

Según Allasia, la pandemia permitió «repensar y resignificar» las prácticas educativas. «El presente nos encuentra con un equipo docente consolidado y comprometido, que derribó barreras y llevó la escuela a cada hogar, compensando las distancias a puro corazón”, sostuvo.

“Hoy nos encontramos con una modalidad diferente, pero con más experiencia, optimizando tiempos y recursos. Nada ocurre por casualidad, el presente es el resultado de años de trabajo por una mejor educación», cerró la directora del Nivel Secundario.

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