En Brasil, uno de los mayores referentes de la literatura infantil es argentino. Adalberto Cornavaca, quien lleva más de 40 años radicado en el país vecino, forjó una carrera en el ámbito gráfico tan completa que pasó por el diseño, la ilustración, la edición y, finalmente, la producción de libros propios. Sus obras, presentes en miles de escuelas brasileras, defienden el cuidado del ambiente, ingrediente que lo conecta con su Córdoba natal.

Colaboración

  • Candelaria Aguirres Nóbile y Mora Pedrón 
  • 4to Año. Instituto Educativo Nuevo Milenio. 
  • Miranda Montibello, Paloma Acosta y Santino Vargas 
  • 4to Año. Instituto Milenio Villa Allende.

La ciudad de Vinhedo, en Brasil, es el paraíso donde fluye la imaginación de José Adalberto Cornavaca, diseñador gráfico, ilustrador y autor de libros para niños oriundo de Villa Allende. Tras una vasta carrera en distintas ramas de la comunicación, hoy, a sus 82 años, afirma que se encuentra “en plena actividad”. “Me siento con todo el ‘pique’ para crear libros e historias. Cuando sos creativo, cuando realmente tenés interés por algo, no hay límites de ningún tipo”, señala Adalberto a través de la pantalla de Zoom, con el portugués profundamente impregnado en su español natal.

Sobre su vida en el país hermano, lugar que le permitió desarrollar su vocación y construir una carrera más que prolífica, destaca que logró “reencontrarse con la naturaleza”. Alejado de los grandes centros urbanos, su residencia le permite rodearse del verde que lo mantiene conectado con su lugar de origen.

“Lo que me quedó más marcado de Sierras Chicas es el amor por la naturaleza, por las cosas bellas y simples que siempre procuro expresar en mis libros”, reflexiona al hablar sobre su infancia. “Cuando era chico me quedaba dando vueltas en el monte con amigos, encantado por el paisaje que me rodeaba”, recuerda con cariño.

Aquel niño que deambulaba en las sierras ya tenía definida una pasión: el arte. “Creo que es una vocación que nació conmigo, no tenía interés por otra cosa y hasta hoy sigo siendo un niño fascinado por la magia de las ilustraciones”, confiesa. Por esa época, cultivaba su afición leyendo historietas, pero también le gustaba ir al cine Orión para conocer “qué se estaba haciendo de nuevo en el dibujo”


 “La literatura infantil es mi pasión y creo que la vocación por el arte nació conmigo. Hasta el día de hoy, sigo siendo un niño fascinado por la magia de las ilustraciones”


El comienzo de una búsqueda


La educación de Adalberto lo llevó desde el Colegio Nacional de Monserrat a la Escuela Superior de Bellas Artes, lugar del que guarda preciados recuerdos. “Era un edificio de madera, con una arquitectura fascinante y un ambiente encantador donde se respiraba arte en cada rincón. Allí conocí maestros muy talentosos y entusiastas”, rememora.

Una vez concluida la carrera, Adalberto comenzó a desempeñarse como publicista en Córdoba, pero no fue hasta que se trasladó a Buenos Aires que amplió sus fronteras laborales. “Tuve oportunidad de convivir con grandes profesionales y fueron la mejor escuela que tuve”, valora de aquella etapa.

Su incipiente júbilo se vio interrumpido por el servicio militar obligatorio. Un año y medio después, la convicción de retomar la publicidad y la recomendación de un amigo, lo condujeron a un viaje que cambiaría el rumbo de su vida. “Flaco, vení volando a Brasil que los publicitarios argentinos tienen un prestigio bárbaro acá”, fueron las palabras que lo impulsaron a marcharse. “Me fui corriendo y en un mes encontré trabajo, tuve mucha suerte en todos los sentidos”, reconoce.

De la sierra a la selva


Una vez en suelo brasileño, se enroló como ilustrador freelancer en las filas de la reconocida Editorial Abril, de São Paulo, hasta que el destino lo colocó ante la “gran oportunidad” de su vida. “Conocí a un director de arte que se encantó con mi trabajo y me invitó a integrar el equipo de una nueva revista que estaba naciendo. Ahí descubrí otra vocación: la del editor de arte. Así que abracé la posibilidad con todo mi amor y cariño”, cuenta con una sonrisa.

A lo largo de 30 años, se afianzó como editor de arte de casi todas las revistas de la firma. Sin embargo, no relegó su pasión original, la ilustración, y también trabajó en Círculo Do Livro, donde se dedicó principalmente a realizar las tapas de distintas producciones literarias. “El primer libro que ilustré fue uno de la gran autora Ruth Rocha, que es como la María Elena Walsh de Brasil. Esa edición fue la más vendida de su carrera, con doce millones de ejemplares”, contó con orgullo.

“Eran dos amores que convivían muy bien juntos. Editar era un desafío constante y fascinante, mientras que la ilustración era algo que me salía del corazón”, reflexiona. En el camino, tomó contacto con periodistas que le enseñaron “el arte de escribir, observar y entender las cosas” que hoy despliega en sus propios libros (cinco ya publicados y dos a la espera). 

Impronta ecológica


Hoy, ya jubilado, Adalberto se dedica íntegramente a escribir e ilustrar, incorporando, paulatinamente, las herramientas digitales. En sus libros, la impronta ambientalista es ineludible. “Vivo en un país donde la selva más grande del mundo está siendo destruida y sus pueblos nativos son víctimas del maltrato. Eso me duele mucho, por eso pongo mi granito de arena en los libros que hago”, explica. Un ejemplo es «A floresta éa nossa casa» (“El bosque es nuestra casa”), que aborda el tráfico de animales silvestres.

Para elegir las temáticas, simplemente se pregunta qué le gustaría leer a él mismo. “Siempre consulto con mi corazón. Creo que el corazón de los niños es igual en todas las épocas y procuro transmitir ese encanto, pensando en temas actuales”. “Los primeros libros que hice fueron solamente de imágenes. La ilustración en sí misma tiene un lenguaje universal que llega incluso a niños que todavía no fueron alfabetizados”, apunta el diseñador.

Con esta filosofía conquistó las escuelas brasileras, que adoptaron sus libros como material de trabajo. Así, Adalberto se convirtió en un referente de la infancia. “Me hace muy feliz saber que estoy en el corazón de muchos niños y que pude llevarles el mensaje que quiero transmitir. Recibo muchas cartas afectuosas con frases y dibujos muy lindos”, comenta con emoción. 

Si bien hoy en día se siente realizado, el ilustrador reconoce que su gran cuenta pendiente es lograr esa conexión con el público infantil argentino, ya que sus obras nunca fueron traducidas al español.  Sin embargo, espera que sus próximos títulos (en pausa a raíz de la pandemia), finalmente le permitan llegar a los niños de su tierra natal.