El acroyoga es una práctica novedosa que atrae seguidores por lo completo de su propuesta y la noción de comunidad que esconde detrás. Constanza Guevara, gran referente y formadora de esta disciplina, explicó los principios que rigen su ejercicio. Tras recorrer el mundo transmitiendo sus saberes, hoy pasa la cuarentena en Villa Yacanto y espera retornar pronto a Salsipuedes, donde comparte un espacio de enseñanza con su pareja.

Tiempo atrás comenzó a resonar en la región el concepto de “acroyoga”, una disciplina que se abrió paso entre otras propuestas del mismo rubro, sumando adeptos constantemente. En líneas generales, podría describirse como una fusión de acrobacia, yoga y masaje tailandés, donde se trabaja el cuerpo, pero entendiéndolo como un medio para conocerse a uno mismo, a partir del contacto con el otro.

En Sierras Chicas, el centro pionero en el dictado de esta actividad es “Son de Paz. Ecotemplo”, un espacio ubicado en Salsipuedes conducido por Rodrigo Alvarellos y Constanza Guevara, una pareja de trotamundos que se unió gracias al acroyoga.

“Coni”, como todos la llaman, se introdujo en la formación de esta práctica hace aproximadamente diez años. En ese entonces, residía en Buenos Aires, pero pronto decidió adoptar un estilo de vida nómade. Junto a su maestro, Jason Nemer, empezó a recorrer distintas partes del globo. Fue en este devenir que conoció a Rodrigo, quien estaba arrancando la instalación de su espacio en Salsipuedes.

A la par, continuaron ese rumbo, bajo los preceptos de la Escuela de Acroyoga Internacional. Destino a destino, junto a su pequeña hija, imparten los fundamentos de lo que consideran un modo de vida. Mientras tanto, Son de Paz sigue funcionando dictando clases a través de diferentes profesores de la zona y periódicamente recibe la visita de sus responsables.

Hoy en día, Constanza y Rodrigo pasan la cuarentena en Villa Yacanto y, a pesar del parate generalizado, en agosto pudieron retomar su actividad educativa de manera virtual. “En un par de meses nos adaptamos, por suerte nos va muy bien. Somos afortunados de haberle encontrado la vuelta a algo que parecía imposible y estamos descubriendo cosas muy positivas”, valoró Guevara. 

El Milenio: ¿Cómo es una sesión típica (presencial) de acroyoga?

Constanza Guevara: La práctica tiene principalmente dos aspectos, uno solar y uno lunar. El primero tiene que ver con lo acrobático y el segundo, con lo terapéutico, es decir, la parte del masaje tailandés y los vuelos. 

Generalmente se realiza en grupos de tres porque hay tres roles: una persona que es base, alguien que vuela y otro que cuida. Entonces, alguien sostiene, otro confía y se entrega, mientras por fuera, uno más ayuda a que esto suceda.

Una sesión puede tener ambas partes o enfocarse en una de las dos. En lo terapéutico, el que está de base es el que sostiene desde la fortaleza y la alineación, mientras que quien vuela está en un rol más pasivo. En lo acrobático, ambos son activos y requieren de una integración muscular.  

Se empieza manifestando una intención para la clase (ahí entra la parte humana), luego sigue una entrada en calor, progresiones que llevan a los ejercicios y finalmente, un estiramiento y un cierre. La duración depende de cada clase, pero nunca es menos de una hora y media. En cuanto a la regularidad, conviene hacerlo mínimamente dos veces por semana, para que el cuerpo adquiera un cierto entrenamiento. 

EM: ¿Qué características tiene que reunir una persona para adoptar cada rol?

CG: En esta práctica se busca que todos pasen por los tres roles. La idea no es que, si tenés un cuerpo fuerte seas siempre base, por ejemplo, sino que cada uno viva lo tres lugares, porque desde ahí es donde mejor nos encontramos y nos nutrimos como practicantes. Se trata de no encasillarse.

Podría decirse que la elección también tiene que ver con la personalidad, algunos quieren tener el control, otros se entregan y fluyen, pero nadie viene a una práctica a actuar solamente como cuidador. Lo fundamental es tener apertura mental: abrirse al contacto con el otro, a los desafíos y a las ganas de superar miedos. Por eso el acroyoga sirve mucho para trabajar la comunicación y los vínculos.


“Lo fundamental es tener apertura mental: abrirse al contacto con el otro, a los desafíos y a las ganas de superar miedos. Por eso el acroyoga sirve mucho para trabajar la comunicación y los vínculos”


EM: ¿Qué beneficios ofrece esta práctica?

CG: Principalmente tiene mucho de autoconocimiento, porque cuando nos ponemos en relación con otro a través del cuerpo, éste no nos permite mentir. Se ponen en evidencia nuestras habilidades y dificultades, los demás nos hacen de espejo. Ayuda mucho a la comunicación, tanto verbal como no verbal. Se comprenden muchas formas de esa valiosa herramienta y se aprende a escuchar, a construir con los otros. 

En cuanto a la salud corporal, trabajamos todos los aspectos que se necesitan para balancear el organismo, como la fortaleza, la elongación, el logro de ser fuerte y flexible al mismo tiempo, tanto en lo físico como en lo emocional. 

trabajamos todos los aspectos que se necesitan para balancear el organismo, como la fortaleza, la elongación, el logro de ser fuerte y flexible al mismo tiempo, tanto en lo físico como en lo emocional.

EM: ¿Qué diferencia a esta disciplina del yoga?

CG: El yoga es una práctica individual y dependiendo del estilo, puede tener diferentes ritmos y técnicas en la construcción de las posturas. Se basa en un trabajo personal: vos, tu cuerpo y tu mente. El acroyoga se diferencia principalmente en que siempre se trabaja con otras personas.

EM: ¿Por qué creés que se ha expandido tanto su práctica?

CG: Creo que tiene que ver con nuestra necesidad de encontrar valores en la comunidad, porque vivimos en el caos. Socialmente tenemos muchos desafíos, que al mismo tiempo nos traen el beneficio de tener que unirnos para buscar soluciones y alternativas que nos sostengan internamente. 

Esta práctica trae consigo un lugar de pertenencia y encuentro, porque eso es lo más importante que se construye, es lo que hace que la gente se sienta atraída por un espacio donde se trabaja la escucha y la comunicación positiva, donde uno se encuentra aceptado y sostenido.