Varios estudios coinciden que los videojuegos podrían ser una valiosa herramienta de aprendizaje, esto se contrapone a la mirada que se tenía hasta hace pocos años que eran considerados elementos destructivos del intelecto.

Si bien los juegos en pantalla no son una novedad, en la era de la digitalización, se expanden cada vez más. Hoy en día, su acceso no se limita al uso de una consola, ni siquiera de una computadora, ya que los usuarios disponen de cientos de aplicaciones recreativas en sus celulares. Las propuestas son diversas y van desde lo pedagógico o estratégico, hasta lo deportivo, pasando por juegos de simulación, de acción, recreaciones tipo arcade o de mesa, musicales, etc.

En el imaginario popular, los videojuegos no son bien vistos. Muchos los consideran un vicio para niños y adolescentes e incluso la Organización Mundial de la Salud ha reconocido la adicción a los mismos como un trastorno mental.

Sin embargo, frecuentemente, los prejuicios de la sociedad (y, sobre todo, de los adultos) llevan a ignorar el potencial de estas herramientas tecnológicas para el desarrollo de numerosas habilidades y competencias, especialmente significativas para los más jóvenes, principales consumidores de estas innovaciones.

Beneficios en potencia


Más allá del entretenimiento que ofrecen, muchos juegos están diseñados de tal manera que ayudan a adquirir conocimientos y estimulan el desenvolvimiento de ciertas destrezas, tanto físicas como mentales, que se desarrollan a partir de la diversión, sin que el usuario/jugador perciba siquiera las aptitudes que está poniendo en práctica.

A la hora de jugar, no sólo la concentración es un elemento clave, sino también la sincronización entre manos y ojos, la alerta permanente, los reflejos y la capacidad de reacción. Asimismo, es necesario aplicar la lógica crítica y el pensamiento deductivo para analizar las diferentes situaciones que plantea el juego y lograr una respuesta eficaz.

En este proceso, el jugador se convierte en el protagonista de una situación virtual y aprende a través de un sistema de prueba y error, desarrollando también la memoria y la creatividad. Así, la atención al contexto y la velocidad a la hora de tomar decisiones, se vuelven dos factores importantes para alcanzar la victoria. Todas estas cuestiones son desplegadas por los jóvenes minuto a minuto durante las partidas, casi naturalmente.

Por último, y contrariamente a la creencia popular, también hay que reconocer las posibilidades de socialización que ofrecen los videojuegos. Ya sea en línea o personalmente, los jugadores se ven obligados, en la mayoría de los casos, a interactuar con sus pares, formar equipos y coordinar maniobras. En individuos donde la timidez o la vergüenza se vuelven una barrera para el contacto con los otros, los videojuegos aparecen como aliados para la creación de vínculos sociales.

Límites y precauciones


Esta ruptura en la visión que muchos adultos tienen de los videojuegos, no excluye la necesidad de adoptar ciertos cuidados para promover un uso responsable de los mismos. El Milenio dialogó con profesionales de la psicología y la psicopedagogía para contraponer el lado negativo, ampliamente difundido, de los videojuegos, con las oportunidades que estas tecnologías plantean.

Carolina Galleano, psicóloga de Río Ceballos, señaló que, en primer lugar, es fundamental “dejar de temer a estas tecnologías y empezar a conocer más los distintos tipos de juegos”. “Es importante tener en cuenta varios factores: cuántos años tiene el jugador, la etapa de desarrollo en que se encuentra, el contenido, etc. Son todas cuestiones que se deben saber antes de adquirir un juego”, continuó.

En este sentido, señaló que existen diferentes tipos de videojuegos y que cada uno será más apropiado para un niño o joven en particular, en función de su personalidad, su edad y otras características relevantes.

Por otra parte, la profesional destacó la importancia de no sustituir otras actividades por horas de pantalla, ya que esto puede derivar en sedentarismo y otras conductas no saludables. Ante la posibilidad de que se genere una dependencia o comportamiento adictivo, Galleano comentó que es algo factible, pero que se puede prevenir prestando atención a las conductas y actitudes de los jóvenes. “Cuando un niño genera dependencia, se observa cierta abstinencia que es fácil de reconocer en sus reacciones. Si el tiempo de juego es prudente, el individuo continúa su rutina con normalidad”, explicó la psicóloga.

Para evitar estos infortunios, Galleano recomendó medir y controlar la cantidad y frecuencia de horas jugadas por día. “Otro indicador clave es el sueño, porque al estar demasiado inmersos en el juego, muchas veces los jóvenes quedan ‘pasados de vuelta’ y no pueden dormir o tienen trastornos, como pesadillas nocturnas relacionadas con el contenido de los videojuegos”, agregó. Por este motivo, se aconseja que los jóvenes no pasen tiempo frente a las pantallas antes de la hora de descanso.

Por su parte, Adriana Belén, psicopedagoga del Instituto Educativo Nuevo Milenio (IENM), destacó que el control parental es primordial, ya que la estimulación recibida a nivel sensorial y neuronal es muy masiva. “La regulación en los tiempos de exposición frente a las pantallas debe ser muy estricta”, sostuvo.

En su opinión, el tiempo de juego debería ser alrededor de dos horas por día y resaltó la importancia del rol de los adultos como “referentes”. “Que estén al tanto de qué juegos se utilizan, cómo, para qué y, por qué no, que jueguen con sus hijos, que se involucren de manera genuina con ellos”, dijo la psicopedagoga.

Herramientas para el aula: ¿sí o no?


Actualmente, también se debate la introducción de los videojuegos en el ámbito educativo. Diversas investigaciones hablan de la necesidad de romper con los modelos unidireccionales de aprendizaje, permitiendo la instalación de metodologías que despierten el entusiasmo de los estudiantes y su interacción activa.

En este panorama, las tecnologías actuales se presentan como una alternativa novedosa que puede “extrapolarse con fines pedagógicos”, planteando un “interesante desafío”, en palabras de Adriana Belén.

Por su parte, Agustina Benavidez, psicóloga del IENM, destacó el reto que implica utilizar estos mecanismos para actividades didácticas, sin descuidar la interacción personal. En este sentido, indicó que, si bien los juegos digitales en el aula pueden ser instrumentos muy provechosos, no hay que olvidar que “el espacio físico, real y concreto fomenta otras cuestiones que se descuidan al trabajar sólo con la computadora”.

“A veces incluso jugás con un algoritmo en línea y no una persona real. Es decir, es óptimo utilizar las pantallas como sistemas lúdicos para cuestiones específicas, pero siendo cuidadosos”, concluyó la profesional.