Sol, es periodista y consultora en comunicación gerontológica. En los últimos años estuvo al frente del proyecto "Porota Vida: historias de una mujer que envejece", dedicado a compartir experiencias y anécdotas de personas mayores con el objetivo de visibilizar las vejeces desde una perspectiva de derechos. En diálogo con El Milenio, explicó cómo el virus y sus consecuencias, no son excusas para dejar de ver a los adultos mayores cuál sujetos de derechos.

  • Magalí Dentesano y Celina Fernandez Nirschl
  • 6to Año, Instituto Milenio Villa Allende

Un estudio de junio de este año de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Córdoba destinado a estudiar cómo afrontan los adultos mayores la pandemia, arrojó que tres de cada diez vive en soledad. De ese porcentaje, el 86 por ciento toma algún tipo de medicación habitualmente. Un poco menos de la mitad sale a buscar sus medicamentos y sólo un 32 por ciento contestó que alguien les acerca los remedios, mientras que el 21 por ciento pide envío a domicilio. 

Pero otro problema surge desde los medios de comunicación y las redes sociales, cuando se alerta continuamente de que se tratan de personas de riesgo, alentandolos muchas veces a que la única solución que existe para “sobrevivir” a la pandemia es el de quedarse encerrados, sin tener en cuenta que esto puede ser en una completa soledad.

No debemos pensar que los adultos mayores están excluidos”, sostiene en diálogo con El Milenio, la Licenciada en Comunicación y experta en Gerontóloga, Sol Rodríguez.



Una de las cosas que sucedieron con esta pandemia desde un primer momento, es el de tratar a las personas mayores como población de riesgo”, dijo la especialista, y agregó: “Se empezaron a vulnerar sus derechos porque una cosa es que sean personas potencialmente vulnerables a la pandemia o al virus de la COVID-19 y otra cosa es, hacerlos vulnerables simplemente porque son personas mayores”.

De esta forma, la especialista sostuvo que es importante diferenciar el ser una persona mayor, al ser una persona de riesgo: “No es lo mismo ser una persona mayor con alguna enfermedad crónica o con alguna enfermedad de base, que ser una persona mayor absolutamente sana”.

No es lo mismo ser una persona mayor con alguna enfermedad crónica o con alguna enfermedad de base, que ser una persona mayor absolutamente sana”.

En esta entrevista, Sol brinda su opinión sobre la situación actual de los adultos mayores con respecto al manejo de la pandemia, cuáles son los verdaderos riesgos que asumieron, cuál debería ser el trato de la sociedad en general, cómo ayudarlos a sobrellevar este tiempo de crisis y evitar aislarlos ante un problema de alcance mundial.

El Milenio: ¿Qué cree que se puede hacer en la pandemia por parte de la sociedad para que los adultos mayores no queden excluidos totalmente?

Sol Rodríguez: Primero no debemos pensar que los adultos mayores están excluidos. Se empezaron a vulnerar los derechos de las personas mayores porque una cosa es que sean personas potencialmente vulnerables a la pandemia o al virus de la COVID-19 y otra cosa es, hacerlos vulnerables simplemente porque son personas mayores.

No es lo mismo ser una persona mayor con alguna enfermedad crónica o con alguna enfermedad de base, que ser una persona mayor absolutamente sana. Es decir, el virus no va a reaccionar del mismo modo con una persona mayor sana que otra que no lo está. Lo mismo pasa con personas de otras edades.

Entonces, si de entrada vamos a definir que las personas mayores son población de riesgo y por ende, hay que empezar a tutelarlas y aislarlas, comenzamos a cercenar sus derechos a decidir sobre su propia vida.

Es como un hilo muy delgado, ya que las personas mayores saben –como sabemos todos– los riesgos que corremos y son lo suficientemente “grandes”, para poder también medir las consecuencias.

Hay un montón de cosas que se están haciendo para que nadie quede excluido, no solamente los mayores. Acá lo que hay que decir, es que tanto los niños como los adultos mayores en esta sociedad productivista, en donde las personas valemos en función de lo que producimos, han quedado para el discurso mediático político aislados porque no son quienes culturalmente aportan productividad en esta vida occidental que tenemos.

Entonces, los derechos más vulnerados han sido los de las personas mayores, de los niños, las personas con discapacidad, de todos aquellos grupos que entendemos, simbólicamente, que no generan riqueza.

EM: Y por parte del Gobierno, ¿Qué políticas se empezaron a llevar a cabo para ayudarlos?

SR: Por lo pronto, en el Gobierno de la Provincia de Córdoba se ha puesto en marcha un servicio de voluntariado a través de 0800, que atiende las demandas puntuales de las personas mayores. Sobre todo, los mayores que sí están en situación de vulnerabilidad, pero que es una vulnerabilidad que no está asociada a su condición etaria sino más bien, a su condición social.

Son personas que han sido toda la vida vulneradas en sus derechos y que han envejecido en esos contextos. Por ejemplo, las personas mayores pobres o las personas mayores sin redes comunitarias, sin redes sociales, sin posibilidad de acceder a los bienes y servicios básicos, sin posibilidad de acceder a la comunicación y a la información, que están privados de su libertad, que están tutelados permanentemente por personas que los violentan.

En el año 2017, Argentina adhiere a la Convención Interamericana de Protección de los Derechos Humanos de las personas mayores, una herramienta jurídica absolutamente vinculante para nuestro país y para las provincias, comunas y municipios, en donde el derecho inherente a la convención es considerar a los adultos mayores como autónomos.

¿Qué quiere decir esto? Son autónomas para decidir cómo vivir su propia vida, y sí, en algún momento pueden perder independencia física, –porque el cuerpo puede ir mostrando cierto deterioro-, pero la pérdida de independencia física no es sinónimo de pérdida de autonomía, del derecho a decidir sobre mi propia vida.

EM: ¿Cree que hay acciones que los estudiantes y jóvenes pueden hacer para ayudar en esta problemática?

SR: Yo creo que sí. Las personas más jóvenes pueden hacer y mucho, primero tratando de acercarse a las personas mayores de las zonas en las que viven.

Hay que entender que hay “vejeces”. La vejez es diversa, yo no puedo hablar de un solo modo de envejecer y no puedo hablar de una vejez estereotipada. Sí, tengo que entender que hay tantas vejeces como personas mayores habitan este suelo, en este mundo. No es lo mismo envejecer en el campo que en la ciudad, no es lo mismo envejecer en un barrio vulnerado socialmente que en un barrio clase media o de clase alta, no es lo mismo envejecer en Europa o en América Latina, no es lo mismo envejecer en África o en Centroamérica.

Lo que mejor pueden hacer los jóvenes, es intentar acercarse a las personas mayores que tienen en sus contextos, en su radio de diez cuadras a la redonda. Preguntarse: ¿Quién vive en mi barrio? ¿Cuántas personas mayores viven en mi barrio, en mi zona, en mi cuadra? ¿Quiénes son? ¿Cuáles son sus redes de vinculación? ¿Qué hacen? ¿Qué hicieron?

Indagar, y en función de los datos que les arroje esta entrevista que pueden tener manteniendo el distanciamiento, el uso de barbijo y todas las condiciones de seguridad necesarias para cumplir con lo que se nos está pidiendo como sociedad para cuidarnos del coronavirus, bueno, hacer un relevamiento, para poder tomar decisiones. No podemos presuponer qué va a necesitar el otro de mí, si yo no conozco a quién por el que estoy tratando de hacer algo.

Además, se pueden crear redes, crear canales de comunicación para que no queden aislados. No fomentar las miradas viejistas, estereotipadas, prejuiciosas de los medios de comunicación, en donde asociamos permanentemente a las personas mayores y a la vejez con el deterioro físico, cognitivo, con la incapacidad de seguir aprendiendo, con su deserotización y la asexuación.

EM: ¿Las prohibiciones de reuniones familiares y sociales a nivel nacional afectaron a los adultos mayores?

SR: En realidad, todos nos hemos visto afectados. No hay una respuesta concreta para ver qué les pasa a los adultos mayores con esto. Primero, porque no sabemos si para ellos son importantes las reuniones familiares, y si lo son: ¿Las están teniendo?.

También, hay modos de reinventarse. Personalmente estoy en contacto permanente con personas mayores que a lo largo de todo este contexto han activado un montón de dispositivos y de herramientas para no sentirse solos y solas, para no perder el vínculo afectivo con sus seres queridos aún sin poder estar cerca físicamente.

Personas mayores que han aprendido a usar las herramientas digitales, que se las rebuscan para estar presentes en las mesas de sus familias cocinando todos los domingos y yendo uno de sus hijos a buscar la comida para repartirlas hacia sus hermanos.

Hay miles de maneras para reinventarse, hay gente que le manda por WhatsApp cuentos a sus nietos, que les cantan, que se conectan a través de plataformas digitales para ayudarles a hacer la tarea. Hay un montón de formas para sentirnos cerca, a pesar de que este contexto nos esté impidiendo vernos, reunirnos, juntarnos. No es algo que les afecta solamente a los adultos mayores.


EM: Hay adultos mayores que no tienen familia, ¿Cómo están llevando la cuarentena con la prohibición de actividades diarias para ellos?

SR: En realidad, nadie les ha prohibido realizar las actividades diarias, se sugiere obviamente que todos tengamos los cuidados mínimos pero las personas mayores tienen la libertad y la plena autonomía para poder gestionar sus necesidades de la vida diaria saliendo. Nadie les ha cercenado el derecho a poder circular libremente en este contexto.

A principio de la pandemia, en abril más o menos, la ciudad de Buenos Aires sí intentó tomar una medida parecida a la pregunta que ustedes me hacen. Salió todo el colectivo de los gerontólogos que trabajamos en Argentina junto con el colectivo de personas mayores de 70 años a quejarse por esta medida, por esta decisión que vulneraba absolutamente el derecho de las personas, independientemente de la edad que tengamos.

“¿Y cómo la están llevando?” Habría que preguntarles a ellos. Hay una encuesta muy interesante que la Universidad de Buenos Aires realizó a más de 800 personas en CABA durante la Fase 1 del aislamiento, y esa encuesta destapó un montón de prejuicios.

Creíamos que las personas mayores estaban solas, deprimidas, tristes y en definitiva, las respuestas a esa encuesta dan cuenta de la potencia psicológica de las personas mayores, de cómo se pudieron adaptar a estos cambios, de reinventarse y no caer en estados depresivos, como sí han caído en el consumo abusivo del alcohol y de pastillas para dormir, como sí sucedió en generaciones más jóvenes.

Reitero, que hoy nos ocupemos de las personas mayores que no tienen familia es coyuntural, pero: ¿Nos hemos preocupado por ellos antes de este contexto? No tengo datos exactos.

EM: Sabemos que los adultos mayores pueden ser los más afectados por Covid-19: ¿Cómo afrontan esta situación?

SR: Bueno, creo que lo dije al inicio, es una generalización, lo digo también porque he estado en contacto permanentemente con geriatras, gerontólogos, sobre todo, por ejemplo de España, en donde están muy enojados con esta generalización que se ha hecho de creer que por ser persona mayor ya directamente somos más vulnerables al COVID-19. En realidad, la vulnerabilidad pasa por un montón de factores y otras variables, y que el porcentaje que tiene que ver con la edad es muy bajo.

Hay otras variables que hacen que las personas sean mucho más vulnerables al virus que ser una persona mayor, no porque yo tenga 60, 70 u 80 años voy a serlo más que una de 30 con una diabetes crónica o con una persona de 40 con una deficiencia pulmonar.

Las personas mayores están en Situación de Vulnerabilidad, pero el virus no los hace vulnerables en sí.

También, es necesario analizar la situación en contexto, ¿Quiénes son vulnerables? ¿Quiénes están en situación de vulnerabilidad? De repente los adultos mayores están de moda y activamos un montón de estereotipos, prejuicios, que lo único que hacen es perpetuar las miradas estereotipadas de la vejez y evitar que quienes venimos detrás, que las generaciones más jóvenes podamos identificarnos con vejeces más activas, dinámicas y positivas, que en definitiva son los modelos que nos hacen falta para aprender a envejecer de manera más saludable.