María “Pelusa” Ponce es parte de un momento en la historia del deporte nacional que cobra aún más relevancia visto desde el presente. La ex futbolista santafecina y hoy vecina de Sierras Chicas, fue protagonista de la primera experiencia mundialista de las mujeres del país. Con sus 76 años recién cumplidos, la pionera recuerda sus primeros pasos en la cancha y la experiencia de México 1971.

Colaboración:

 Janice Bel y Agostina Budrovich 

5to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio

Francesca Lagrottería y Ramiro Figueroa 

5to Año, Instituto Milenio Villa Allende


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“El fútbol es cosa de hombres”, solía repetirse de manera absurda en torno al deporte más popular del planeta por escándalo. Nada más alejado de la realidad para miles de mujeres que hoy se acercan a las canchas a competir, e incluso poseen en nuestro país una liga profesional en la que pueden participar y demostrar sus cualidades. 

En la actualidad, las barreras del prejuicio a la hora de jugar a la pelota se van difuminando y, aunque queden preconceptos por cambiar, las mujeres han tomado ya un espacio que, en realidad, siempre les perteneció. 

“Pelusa” fue pionera y en la actualidad es referente de miles de mujeres futbolistas. Foto gentileza.

No obstante, si nos retrotraemos a fines de los sesenta o principios de los setenta (cuando estas concepciones androcentristas aún gozaban de plena vigencia), podremos valorar y entender la verdadera dimensión que tuvo la primera participación de Argentina en un Mundial de Fútbol Femenino, en México 1971, para el espíritu de la época.

Muchos lo llaman “La Copa olvidada”, pero las jugadoras actuales miran con emoción las imágenes de entonces y anhelan imitar la epopeya de aquellas 15 valientes mujeres. Ellas tomaron un camino diferente, sin esperar el apoyo ni la aprobación de una cultura futbolera tradicionalista que poco entendía del deporte.

María Esther Ponce es un estandarte de aquel notable logro. De origen santafecino, “Pelusa” como le gusta que la llamen, se mudó a Dock Sud con sus padres a los tres años y allí vivió una infancia plagada de fútbol. 

Desde el barrio del sur bonaerense (ubicado en el límite con Capital Federal), hasta la cancha de Independiente de Avellaneda, la distancia era corta. Su padre la hizo hincha del “Rojo” y entre los ecos interminables de la antigua Doble Visera vivió algunos de sus días más felices. “Yo empecé a relacionarme con el fútbol porque mi papá me llevaba siempre a la cancha, era un entretenimiento hermoso para el tiempo que compartíamos juntos”, recuerda Pelusa.

Ponce era inquieta y disfrutaba profundamente del juego. Tanto es así que comenzó a patear entre primos y primas en sus vacaciones en Santa Fe. Hombres y mujeres se entreveraban en un picado cualquiera, donde se jugaba hasta el cansancio. 

Hace pocos días cumplió lo que ella llama sus “primeros 76 años”. Y ocurre tal cual lo describe, porque para la vecina de Río Ceballos la vida es una búsqueda constante e infinita. Su espíritu fuerte no es distinto al que reflejaba en la cancha. Se vive como se juega, y Pelusa lo hizo dejando todo en la cancha. “No era una jugadora habilidosa, mi trabajo estaba claro y era proteger el propio arco”, cuenta la zaguera santafecina.

Nadie le regaló nada, todo lo que obtuvo fue por prepotencia de trabajo y ante todo, sin pedir permiso para ser una mujer protagonista. María Esther fue siempre hacia lo que la movilizaba, del modo que fuera. Así pasó los años vendiendo comida en los estadios porteños, o recorriendo la ciudad a bordo de su propio taxi. “Me encanta manejar. Los autos, junto con el fútbol, son mi pasión”, afirma entre risas.

Yo vivía sola y trabajaba. Pedí permiso para ir al Mundial y no me lo dieron, así que renuncié y me dediqué a entrenar. Vivimos todo como un sueño, no sé si logramos entender la dimensión de lo que se venía


El Milenio: Vos eras defensora e hincha de Independiente, ¿quién era tu referente? ¿Existía en los setenta la posibilidad de observar a una jugadora en el barrio que suscitara cierta idolatría? 

María Esther Ponce: No teníamos “ídolas” mujeres en ese entonces, porque no existía la posibilidad de ir a una cancha a ver a muchos equipos. Por el contrario, era toda una travesura la de ser jugadora. Yo seguía a jugadores como el “Chivo” Pavoni, referente de un Independiente que ganó todo. También me gustaba Roberto Ferreiro, pero eran ídolos inalcanzables, no pretendía jugar como ninguno de ellos.

La primera vez que pude ver mujeres realmente futbolistas, fue en un torneo que organizaba Canal 13. Ellos invitaban a todas las que quisieran probarse para formar parte de un equipo. Así nos presentamos en una cancha y formamos un conjunto con el que salíamos a jugar en algunos barrios bajo el nombre de “Las Estrellas del 13”. De allí surgimos cuatro o cinco chicas que terminamos integrando el seleccionado nacional. Lo hacíamos por fuera de AFA, que ni se enteraba de nosotras. 

EM: ¿Cómo surge el grupo elegido para conformar el seleccionado?

MEP: Surge de una manera un poco espontánea. Nosotras éramos un conjunto de chicas con nuestros veintitantos, porque en ese momento no abundaban las jugadoras adolescentes. Sólo la arquera que fue al mundial tenía 18 años. Nos juntábamos en el barrio a jugar, a divertirnos y competir. Las mujeres que fui conociendo y formaron parte del combinado iban de gira por todas las provincias. Ver chicas jugando era un espectáculo que le llamaba la atención a la gente en algunas ocasiones.

A este encuentro lo organizaron en México, un año después del triunfo de Brasil en el Mundial de 1970. Armaron una comisión para buscar selecciones en América del Sur que compitieran contra las europeas. Decidieron que nosotras éramos las únicas que reuníamos las condiciones necesarias para participar y nos invitaron a la fiesta. Éramos humildes y fuimos a competir sin dinero.


Argentina derrotó 4 a 1 a Inglaterra y en honor a ese triunfo, el 21 de agosto se celebra el Día de la Futbolista Argentina. Foto gentileza.


EM: ¿Te acordás cómo fueron los días previos al Mundial? 

MEP: Yo vivía sola y trabajaba. Pedí permiso para ir al Mundial y no me lo dieron, así que decidí renunciar y dedicarme de lleno a entrenar para viajar. Ese mismo año, unos meses antes de la fecha, vinieron las mexicanas a jugar a Buenos Aires. Jugamos en la cancha de Nueva Chicago, Mataderos, y ganamos 2 a 1.

Poco más tarde, ese día, nos avisaron que teníamos que prepararnos como seleccionado para ir a México. Yo fui a buscar un poco de ropa a mi casa y le dejé dicho a una vecina que le avise a mi padre que iba a concentrar para ir a un Mundial. Esa etapa conjunta se dio dos meses antes de la competencia, para preparar el cuerpo. Nos llevaron a un camping de la UTA. No tuvimos mucho tiempo de reaccionar, vivimos todo como un sueño. No sé si logramos entender la dimensión de lo que se venía.

EM: El debut fue con México, en el Estadio Azteca, ante una multitud gigante. ¿Sentiste muchos nervios? ¿Cómo lo viviste?

MEP: Algunos diarios dicen que ese día, en el estadio, había más de 100 mil personas. La verdad es que pisar semejante monstruo sin estar acostumbradas emocionaba un poco. Pero no nos afectó para nada, la futbolista reacciona cuando tiene una pelota en frente y punto.

EM: ¿Te gusta Sierras Chicas? ¿Qué te trajo hasta Río Ceballos?

MEP: Mi hermana menor se mudó a Río Ceballos, casada con un cordobés. Nosotras conocimos esta ciudad por unos viajes que se dieron allá por los noventa. Decidí venirme hace diez años yo también, y me agrada la tranquilidad de este lugar. Lo que pasa es que viví demasiado tiempo en Buenos Aires, me acostumbré a la ciudad y a veces la extraño un poco. Pero aquí la gente es muy buena y yo soy una persona dada, así que me siento bien.


En marzo de este año, María Esther Ponce fue reconocida junto a otras grandes mujeres en el Estadio Libertadores de América. Foto gentileza.


EM: ¿Qué pensás que cambió para que tantas chicas se metan en el fútbol y qué les dirías a aquellas que sueñan con la oportunidad de llegar a vestir la celeste y blanca?

MEP: Cambió la sociedad. Si bien la mujer no logró aún ocupar el lugar que le corresponde, por tratarse de un mundo machista, sí tiene la fuerza y el coraje para lograr lo que sea que se proponga. Y a las jóvenes les diría que sigan adelante, con muchas ganas. Hoy es más fácil para ellas jugar al fútbol y hay mayores libertades que ayudan a lograrlo. Depende de cada una llegar a conseguirlo.

EM: Hace apenas unos meses te homenajearon junto a otras mujeres importantes para el deporte, en la cancha de Independiente. ¿Cómo viviste ese reconocimiento?

MEP: Al estar en esa cancha, pisar ese césped que pisó tantas veces Ricardo Bochini, “Pepé” Santoro, muchachos que ahora son abuelos y formaron parte de ese equipo tan grandioso y glorioso de Independiente, sentí un nudo en el estómago, realmente se me llenaron los ojos de lágrimas.


Esta nota forma parte de la Edición Impresa de Periódico El Milenio 268.