Desde el primer garabato a las encumbradas ilustraciones en películas o videojuegos, “Burda” sigue guardando un as bajo la manga en su enorme imaginario. Con un toque retro futurista, sus obras combinan arquitectura, vehículos y fantasía junto con referencias de la vida cotidiana y la cultura popular urbana. “No hice otra cosa que dibujar mi infancia”, cuenta el artista.

Colaboración:

Valentina Schiavelli y Candela Muntaner

6to Año, Instituto Milenio Villa Allende

Lucía Vélez y Martina de Resa

6to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio


Los colectivos tenían otra forma en los 80 o los 90. La carrocería era contundente, la trompa sobresalía y acorazaba los motores, los firuletes adornaban cada letra o número que los identificaba. A fines del milenio, cada uno tenía su identidad, algunos más excéntricos, otros más sobrios. Todos contaban una historia. Las luces azules, rojas o violetas, los nombres escritos, las llantas brillantes.  

Para muchos, el paseo cotidiano carece de relieve, se torna rutinario y quizás no recuerden los transportes de antes, ni los carteles del barrio, ni la arquitectura desordenada que caracteriza a las grandes urbes argentinas. No es el caso de Alejandro Burdisio. Para él la calle es una fuente inmensa de recursos. El motor de su arte, que se encuadra en una estética denominada “diesel punk”, está ahí, al alcance de la mano.

El garabato cobra vida, la cotidianidad se vuelve mágica y entonces, los retazos de recuerdos que parecen extraídos de otro tiempo, aparecen en los dibujos de “Burda”. El contexto es extraño, mitad pasado, mitad futuro. La composición final es hermosa y al mismo tiempo ilógica. Casi como un juego onírico. “Mundo chatarra”, el colosal universo retro futurista creado por el ilustrador, es un ejemplo de su particular estilo.


“Soy un obsesivo de intentar mejorarme. Muchos de mis dibujos son en realidad una búsqueda personal”, explica Burda. Foto gentileza La Voz del Interior.


A los cinco años, Alejandro descubrió que tenía en el dibujo una gran herramienta. “En realidad mi madre lo descubrió”, se corrige Burdisio mientras rememora. “Ella se dio cuenta que tenía alguna habilidad manual, que me gustaba armar cosas. Cuando salíamos a hacer las compras me llevaba con un pequeño cuaderno y mientras ella hacía la cola, yo dibujaba. Podía pasar horas así”, comenta el artista cordobés que, desde hace años, participa en grandes producciones para series, películas internacionales y videojuegos de escala mundial.

EM: ¿Qué elementos utilizás para dibujar?

AB: Yo pasé un poco por los dos mundos. Vengo de lo analógico, el óleo, el acrílico; pero también trabajo hace 15 años con una tableta digitalizadora y un lápiz óptico. Lo fantástico de lo digital es la velocidad con la que me permite mandarle un dibujo a una empresa para la que estoy trabajando.

Utilizo también Photoshop que, al trabajar por capas, me da la posibilidad de dibujar diez personajes, por ejemplo, y agrandarlos, achicarlos o moverlos en el escenario sin modificar el resto del dibujo. El proceso de boceto, generalmente, sí lo hago a lápiz y luego lo escaneo. De hecho, puedo hacer diez de esos dibujos con lápiz en un día.


«Yo estudié arquitectura once años. No me recibí, pero fue clave para mí, porque queriendo ser arquitecto, me di cuenta definitivamente que era ilustrador. A mí me interesaba dibujar, sin importar si eso que estaba en el papel se construía o no». Foto gentileza La Voz del Interior.


EM: ¿Cómo se relacionó tu paso por la carrera de arquitectura con el dibujo?

AB: Para mí fue clave entrar a la Facultad de Arquitectura. Yo estudié once años, no me recibí. Pero fue fundamental, porque queriendo ser arquitecto me di cuenta definitivamente que era ilustrador. Tuve que dibujar mucho en la carrera universitaria y eso me potenció. También pude estudiar historia del arte, analizar las ciudades, cómo funciona la urbe, la perspectiva, el color. Todo eso lo dibujé y me encantaba. Pero supe que no me interesaba diseñar viviendas, ni tipologías. Me interesaba dibujar, sin importar si eso que estaba en el papel se construía o no. Hoy cuando dibujo un escenario para un videojuego, básicamente hago arquitectura. La ambición artística siempre estuvo ahí, de hecho terminó cayendo por su propio peso.

EM: En algún momento encontraste un techo en el mundo de la arquitectura y tu trabajo, ¿no?

AB: Yo necesitaba otro tipo de motivación u horizonte en lo que hacía. Armé un blog de humor gráfico y luego surgió el empujón de participar en la revista “La Murciélaga”, con Nicolás Di Mattía y “Pupi” Herrera. Era lo que necesitaba, un espacio para mostrar algo de lo que podía hacer. Eso me abrió camino, empecé a conocer a muchos artistas vinculados a este mundo de la ilustración. Fue una puerta para dar a conocer mi arte.

Más tarde, en un cierto momento en el que estaba cambiando mi forma de pintar y buscaba evolucionar, surge un dibujo que fue el comienzo de la serie Universo Chatarra. Ese trabajo marcó un antes y un después, dejé de hacer humor gráfico y me posicioné como conceptualizador.


Universo chatarra toma elementos de la vida cotidiana del pasado y los coloca en un espacio ingrávido y futurista.


EM: ¿De qué se trata Universo Chatarra y cómo se relaciona con tus otras obras?

AB: Es la obra personal más importante que tengo. Esa serie la empecé hace más o menos ocho años. Ya trabajaba como dibujante, pero cuando arranqué con esos dibujos, me di cuenta que se viralizaban rápidamente y que generaban una cierta complicidad con muchas personas. La obra toma una línea de tiempo, con autos históricos de 60 años atrás, combinados con la ciencia ficción.

Agarro cosas de la vida cotidiana: una carnicería, un taller mecánico, y lo mezclo en ese universo extraño que parece estar flotando. Ese combo le llamó la atención al público, porque reconocía esos elementos. Para mí no fue otra cosa que dibujar mi infancia. Esa serie es como yo me muestro al mundo, es muy personal. Y tiene que ver también con lo que dibujo para empresas de videojuegos, porque ellos también me piden fantasía.

EM: ¿El puntapié del proceso creativo está en lo que a veces denominamos común u ordinario?

AB: Para mí ser creativo es observar. Y observar es ver y absorber, ponerse a pensar en lo que vemos. Yo observo, voy a la esquina y veo la cara del carnicero, la de la señora que está comprando. Lo veo en la esquina de mi casa y también tengo la suerte de que el dibujo me llevó a viajar por todas partes del mundo. Entonces tomo esa información, que en definitiva es gratis y está abierta a cualquiera que camine, y la uso.