Desde Medicina hasta Economía, pasando por Derecho, Psicología o Nutrición, pocas facultades de la UNC están preparadas para garantizar que se mantenga la distancia social recomendada para prevenir los posibles contagios del SARS-CoV-2. Además, al abarrotamiento en las aulas, frecuente en los primeros años, es una de las principales causas de deserción.

“Están dictando Anatomía”, contaba un joven estudiante de Medicina, sentado en la puerta de un saturado anfiteatro ubicado en el corazón de Ciudad Universitaria, una noche de lunes. No le quedaba otra alternativa, la clase era obligatoria y la mayoría de sus compañeros habían llegado una hora antes para asegurarse un asiento dentro del aula.

La misma escena se repetía en las facultades de Derecho, Economía, Comunicación Social, Psicología y Nutrición, entre otras, hasta marzo de este año, cuando la aparición del SARS-CoV-2 obligó a paralizar toda la actividad universitaria del país. Una semana antes de que se declare la cuarentena obligatoria, la Facultad de Abogacía había sido noticia por tomar exámenes a más de mil ingresantes en aulas poco ventiladas y pequeñas.

La pandemia desnudó un viejo problema de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) que ninguno de los rectores que pasaron en los últimos 50 años pudo resolver: aulas sobrecargadas de estudiantes en las materias de primer año de las principales carreras.

En el contexto actual, este problema resurge como el principal impedimento para permitir un regreso seguro al dictado normal de clases. ¿Cómo asegurar el derecho de los estudiantes a una educación digna, si no se puede garantizar el espacio mínimo requerido por los especialistas para evitar la propagación del nuevo coronavirus?

Mientras tanto, clases virtuales, colaciones de grado por videoconferencia y exámenes a distancia son algunos de los formatos que la UNC adoptó para continuar con la actividad académica durante el aislamiento (a diferencia de otras casas de estudios, como la Universidad de Buenos Aires, que decidió suspender las clases hasta el segundo semestre).

Esto es una excepcionalidad global, cada uno ha hecho un esfuerzo enorme para mantener la mayor normalidad posible. Nosotros tenemos miles de estudiantes de otras provincias, en lugar de irnos de vacaciones, nos preparamos para migrar a la virtualidad”, declaraba en abril Hugo Juri, actual rector de la UNC.

Sin embargo, la gran pregunta es cómo y cuándo se podrá producir el retorno a las clases presenciales. El pasado 14 de mayo, la universidad presentó un Protocolo Básico Preventivo orientado al regreso de las actividades administrativas, sanitarias, técnicas y de gestión en el corto plazo. En su segundo ítem, el mismo establece que “las personas deben mantener en todo momento una distancia de 1,5 metros entre sí y evitar toda aglomeración”, medida que será difícil de implementar en el contexto normal de clases, con aulas saturadas.

Un problema de larga data


Sentarse en el piso, terminar trabajos en los pasillos y escuchar la clase parado son escenas típicas durante los primeros años de Arquitectura. / Foto gentileza La Voz del Interior.


Para los estudiantes de la UNC, el drama de quedarse sin lugar es moneda corriente durante primero y segundo año. “Hay clases teóricas donde las aulas no dan abasto. Hay que ir una hora antes para sentarse adentro. Cuando llego a horario, con suerte consigo lugar en alguna ventana o en el mismo escenario donde habla el profe”, apuntó Florencia Caro, estudiante de Psicología y vecina de Río Ceballos.

Las condiciones de cursado son pésimas. No es digno estar sentado en el suelo, en la puerta del aula o incluso en los pasillos, tratando de escuchar al profesor desde la distancia”, se lamentó la estudiante de cuarto año. “La sobrepoblación ocasiona un terrible déficit de atención”, comentaba por su parte una profesora de la Escuela de Nutrición, apuntando al inevitable deterioro de la relación docente-estudiante que se produce en este marco.

Si bien el problema desaparece hacia los últimos años de las carreras al disminuir la cantidad de estudiantes, irónicamente, la misma sobrepoblación es una de las principales causas de deserción. Además, provoca que muchos estudiantes dejen de cursar las clases teóricas, lo que significa una merma en su formación académica.

A esta situación, se suma otra igual de grave para los estudiantes de Sierras Chicas, y es que, para llegar a clases, tienen que viajar en colectivos interurbanos, que muchas veces también están abarrotados. “Los colectivos ya son un gran foco de contagio de por sí. Yo creo que las clases presenciales son lo último que se va a retomar”, comentó Lighuen Gómez, estudiante de Trabajo Social que vive en Villa Allende.

Deserción, otra cuestión clave


En los primeros años, encontrar lugar puede ser difícil incluso en las aulas más grandes, como el auditorio de la Facultad de Ciencias de la Comunicación. / Foto gentileza FCC.


Según los últimos datos de la UNC, sólo uno de cada tres estudiantes que ingresan a la universidad, logra terminar sus estudios. Antes de las elecciones universitarias del año pasado, Hugo Juri, había reconocido que la sobrepoblación y la deserción escolar eran problemáticas que iban de la mano, afirmando que estaban trabajando para mejorar las condiciones de cursado.

En ese marco, destacó la creación del título intermedio de Bachiller, como incentivo para que los estudiantes de primero y segundo año completen el tramo inicial de su formación académica, ya que en esa etapa se concentra el 50% de la deserción.

Sin embargo, la sobrepoblación no es la única causa de abandono estudiantil. Ya el año pasado, la decana de la Facultad de Psicología, Patricia Altamirano, se había mostrado crítica con el actual trayecto educativo, un tema al que muchos apuntan dentro de este debate. “Hoy tenemos programas educativos rígidos que no permiten que el estudiante explore sus intereses. Ese es el primer anzuelo para la deserción”, había señalado en diálogo con La Voz del Interior.

Mientras tanto, los estudiantes tratan de no perder el año educativo, sorteando las dificultades de la educación a distancia y esperando la incierta vuelta a las clases presenciales, con la esperanza de que el desafío que atraviesa la UNC actualmente lleve a las autoridades a mejorar aspectos como las condiciones de cursado, las cargas docentes y los programas académicos obsoletos.

El texto original de esta nota fue publicado en nuestra edición impresa 267.