El prestigioso médico Roberto Chuit advirtió que los períodos interepidémicos de transmisión del dengue se están acortando dramáticamente en Argentina. Recalcó, además, la necesidad urgente de concientizar a la población sobre los cuidados y medios de propagación del mosquito Aedes aegypti para evitar que los casos sigan aumentando año tras año.

Colaboración:

Antonella Monguzzi y Valentina Solís

5to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio

Pilar Robledo y Leonel Rocha

4to Año, Instituto Milenio Villa Allende


Opacada por la emergencia de la COVID-19, la enfermedad del dengue afecta a más argentinos cada año. Al cierre de esta edición, el Ministerio de Salud de la Nación informó que entre agosto de 2019 y la segunda semana de abril de 2020, fueron confirmados 14.237 casos en el país. En Córdoba, el Programa de Zoonosis del área de Epidemiología reveló que hay más de 2.300 personas afectadas, siendo la Capital cordobesa, Jesús María y Colonia Caroya las ciudades con mayor circulación en la región.

Consultado por El Milenio, el reconocido médico cordobés y actual director del Instituto de Investigaciones Epidemiológicas de Argentina, Roberto Chuit, aclaró diferentes puntos esenciales sobre esta enfermedad que se expande en voz baja y cuyos periodos interepidémicos se están acortando alarmantemente.


Roberto Chuit fue elogiado recientemente por el presidente Alberto Fernández por su trabajo en el marco de la pandemia COVID-19 (foto gentileza CEDOC Perfil).


El Milenio: ¿De dónde proviene el dengue?

Roberto Chuit: Originalmente,el mosquito Aedes aegypti apareció en África. Circuló ampliamente en América transmitiendo la fiebre amarilla, hasta que, hacia la década del 60, fue eliminado en gran parte del continente. A partir de 1986, América comienza a reinfectarse, incluida Argentina, aunque recién a mediados de los 90 se distribuyó más ampliamente en nuestro país. 

La característica fundamental de este mosquito es que vive en nuestras casas. Se encuentra principalmente en pequeños recipientes que tienen agua como, por ejemplo, floreros, tapas de gaseosa, botellas, bebederos, etc.

Además, el Aedes transmite otras enfermedades, como el virus del zika y el de la fiebre chikungunya, cuyas sintomatologías son relativamente parecidas a la del dengue (los casos se distinguen a través de un análisis de sangre).

EM: ¿Por qué el dengue no se expande en el mundo tan masivamente como la COVID-19?

RC: Porque el dengue depende de un vector, es decir, no hay transmisión de persona a persona, necesita del mosquito y de condiciones propicias para que este se reproduzca en cantidades suficientes (y, además, personas infectadas a las que pueda picar).

En el caso del SARS-CoV-2, una persona contagiada se lo transmite directamente, sin intermediario, a dos, tres o cuatro sujetos más. Alguien que estuvo en Italia ayer, hoy puede contagiar a alguien en Córdoba. En cambio, si una persona vino (como sucedió en el pasado) con dengue, con paludismo o con otra infección similar, al no haber vectores, queda focalizado, sin otro huésped que se infecte.

EM: ¿Por qué cree que este año hay más casos?

RC: El mosquito Aedes se encuentra conviviendo con nosotros hace muchísimos años y las intervenciones de control sobre el mismo no han sido sostenidas en el tiempo en todo el país. Este insecto va dejando huevos, los que pueden durar de una temporada a otra, y en la medida que le vamos dando espacio para que se críe, hay una mayor densidad de mosquitos que pueden transportar el virus de una persona infectada a una sana.

Lo preocupante en este momento es que los llamados periodos interepidémicos se están acortando. En Argentina, inicialmente, teníamos brotes muy focalizados en algunas provincias como Salta, Jujuy y regiones de Formosa. En 2008/09 tuvimos una gran epidemia, con casi 40 mil casos, que afectó a Catamarca, Chaco y gran parte del noroeste argentino. Posteriormente, vino la de 2015/16, con aproximadamente 70 mil casos distribuidos ampliamente en el país, y ahora vivimos otra epidemia, la de 2019/20. Entonces, entre la primera y la segunda, pasaron casi siete años, pero entre la segunda y esta tercera, hay solo tres.

Esto lleva a pensar que si no se intensifican las acciones del control vectorial vamos a estar en situación de riesgo casi permanente, como muchísimas áreas de Brasil o Paraguay, que tienen millones de casos anualmente.

EM: ¿El cambio climático influye en la propagación del mosquito?

RC: Puede haber alguna influencia del calentamiento global. En áreas frías, donde no existía este mosquito, ahora está apareciendo, por ejemplo, en viviendas de Bahía. Hay una asociación de causas que están dadas por los conceptos ambientales, la modificación de los ecosistemas, el calentamiento global y también la actividad del ser humano, que genera lugares propicios para el desarrollo del mosquito.

EM: ¿Cuáles son las medidas preventivas más efectivas?

RC: La medida preventiva fundamental, es que no haya mosquitos. El Aedes aegypti puede volar o ser llevado por el viento entre 100 y 200 metros. Esto quiere decir que yo puedo limpiar mi casa, pero si mi vecino no lo está haciendo o existe un terreno cercano donde se están generando criaderos, el mosquito va a seguir estando.

Entonces, hay que reforzar la protección personal utilizando repelente, telas mosquiteras en las ventanas e ingresos de la vivienda o espirales y pastillas a la noche para ahuyentarlo, pero lo principal es eliminar los criaderos.

EM: ¿Y cuáles son las políticas que están adoptando las autoridades para combatirlo?

RC: Sé que hay distintas municipalidades que están haciendo control de malezas, eliminación de criaderos y fumigaciones. El problema de la fumigación es que solo mata a aquellos mosquitos que están volando, por ende, hay que repetirla varias veces en cortos periodos de tiempo.

Por eso, la mejor medida es que todos los vecinos cuidemos que no haya criaderos. Hay que limpiar los bebederos de los animales, mantener los matorrales bajos, dar vuelta las botellas, eliminar los restos de plástico, cubiertas, basura y cualquier otro elemento que pueda juntar agua, ya sea de lluvia o de riego, porque hasta una simple tapita de gaseosa es suficiente para que un mosquito ponga huevos.