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28 octubre, 2020

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Desafíos a contracorriente

El instructor de canotaje olímpico, Oscar Quiroga, es uno de los referentes más importantes en la disciplina a nivel nacional. Desde su mirada experta, analiza al deporte como herramienta de superación constante y habla de su trabajo como entrenador de personas con discapacidad.

Colaboración:

Agostina Budrovich, Florencia Destéfano y Rocío Robledo

5to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio


Cuando la embarcación comienza a deslizarse en el agua, las preocupaciones quedan de lado. Lo que persiste es el empuje, el movimiento al compás de un ritmo preciso, cada músculo en comunión, contracción y extensión. El contexto ayuda, y es tan diverso como se pueda imaginar. Hay quienes se enamoran de los atardeceres en el oscuro Paraná y quienes se deslumbran ante los majestuosos ríos cristalinos de la Patagonia argentina.

El futuro será para ellos, quienes practican el canotaje, un desafío diferente. Tal como para la mayoría de la población, ante una crisis global que marca un punto bisagra, remar contra la corriente, trabajando solos, pero formando parte de un equipo, será la premisa.

Oscar Quiroga, director e instructor de la Escuela de Canotaje Córdoba, sabe lo difícil que será atravesar la tormenta. Sin embargo, no se paraliza ante la magnitud del reto. Quizás tenga que ver con su manera de dirigir, centrada y paciente. Tal vez responda a eso que les transmite a los deportistas, pero también a aquello que los deportistas le devuelven a él.

Sucede que Oscar, de 56 años, lleva 44 en el ejercicio de esta profesión, con un importante desarrollo sobre sus espaldas, tanto a nivel local, como en campeonatos mundiales, panamericanos, europeos, sudamericanos y argentinos.


El reconocido entrenador potenció su formación en Alemania y República Checa.


Desde hace tiempo, una de las cruzadas de Quiroga es la potencialidad del deporte para trabajar con personas que tienen alguna discapacidad o se recuperan de enfermedades. “Son deportistas ante los que hay que sacarse el sombrero. Tenemos competidores con lesiones medulares altas. El sólo hecho de ser usuario de silla de ruedas y en este país, es un desafío a superar. A eso hay que agregarle ir a entrenar, con lluvia, sin pistas acordes, etc. Son personas con objetivos muy claros”, sostiene con admiración el entrenador.

En cierta manera, Quiroga se nutre de esa fortaleza, tal como se nutrió del legado familiar para montarse por primera vez en un bote. “Mi bisabuelo era un remero, allá por 1890. Se ve que de alguna forma cargo eso en los genes. Fluyó en mí, me hice cargo de ese estímulo”, comenta el deportista.


“El sólo hecho de ser usuario de silla de ruedas y en este país, ya es un desafío. A eso hay que sumarle ir a entrenar, con lluvia, sin pistas acordes, etc. Son deportistas para sacarse el sombrero”.


El Parque Sarmiento, en la capital cordobesa, es el lugar que Quiroga eligió para formar a sus alumnos durante los últimos tiempos, mientras tramita los permisos necesarios para poder desarrollar su tarea en el Dique La Quebrada.

Hoy la realidad que atraviesa el mundo lo tiene brindando clases desde plataformas virtuales, a través de videollamadas. “Ahora estoy haciendo un seminario virtual en el que participamos profesionales del canotaje de 14 países. La idea es llevar lo mejor y lo más actualizado a los alumnos de la escuela”, cuenta.

El Milenio: ¿Tu familia siempre estuvo vinculada a los deportes de orden náutico?

Oscar Quiroga: Totalmente. Mi madre es alemana, estaba asociada al Club Náutico de Córdoba y era la intérprete de la empresa germana que hizo gran parte de La Cañada de Córdoba. Esa gente se asentó en el sector de Villa General Belgrano. Aprovechando la conexión que tenía, mi madre les explicó que acá existían espacios para remar. Había un club, pero faltaban los botes, así que los de la empresa los trajeron. Eran botes de remo, como parte de un desarrollo. En ese entonces se trataba de un deporte de élite para nuestro país.

EM: ¿Te acordás de algún momento particular en el que se haya vuelto más fuerte tu relación con el canotaje?

OQ: Sí, creo que el impacto empezó precisamente en 1975. Ese año se hizo en Córdoba un calendario a nivel nacional de la Federación Argentina de Canoa y Kayak. Ahí se dio mi primer contacto visual importante, sentí atracción por los gestos, había mucha calidad en todo lo que veía. Y empecé a sentirme interesado por este deporte e invadido por las ganas de experimentarlo.


“El canotaje adaptado es más complejo que el deporte convencional”, afirma el instructor.


EM: ¿Qué elementos son necesarios para practicar esta disciplina? ¿Son de fácil acceso?

OQ: Lo básico es un módulo de flotación, en este caso, el kayak. Hay muchos y de variados costos y formas. Se pueden conseguir, los más básicos y recreativos, en un hipermercado. O bien, en caso de buscar un rendimiento de mayor calidad, los que estamos dentro del circuito conocemos cómo llegar a los astilleros, que trabajan tanto en el sur del país como en Buenos Aires.

En cuanto al valor podemos hablar de usados o nuevos. En costos tenés desde 13.000 pesos hasta 40.000 o más. Nosotros trajimos desde Portugal botes para competir que salen 250.000 pesos, que los utilizamos para mundiales o sudamericanos. Esos botes son específicamente para un desarrollo deportivo de alto rendimiento.

OQ: ¿Qué lugar ocupa Argentina dentro del canotaje internacional?

OQ: Nosotros como país estamos liderando el sistema americano. En ese proceso somos 17 entrenadores, que venimos acompañando una evolución que se empezó a reflejar en resultados desde aquel panamericano de Canadá 2015, donde se obtuvieron medallas de oro y el canotaje pudo tomar un gran impulso.

Tenemos una base de conocimiento para entrenar. Hay esquemas de trabajo y, a partir de ahí, se ven los frutos. A eso se le suma el don del atleta. Hay deportistas con mucha potencia y poca masa muscular, eso está bueno para determinada categoría. Y también hay un proceso para que las personas lleguen a las competencias con la cabeza bien alineada.


El ex gendarme Ariel Atamañuk perdió las piernas en un accidente mientras trabajaba en Río Ceballos tras la inundación de 2015. Entrenado por Quiroga, se consagró campeón panamericano y competirá por una plaza en los Juegos Paralímpicos Tokio 2021.


EM: ¿Qué fue lo que incorporaron al entrenamiento para poder elevar el nivel de los deportistas?

OQ: Traemos conceptos que son de orden interdisciplinario. Hoy en día, los competidores tienen una asistencia psicológica deportiva, un masajista, un plan, una estrategia. Son un montón de detalles.

Los efectos de la física respecto a la embarcación donde está montado el deportista, son cuestiones que tienen que manejar tanto los atletas como su equipo. Es como pilotear un Fórmula 1, quien conduce en este caso debe ser capaz de transmitirle al mecánico qué modificaciones mejorarían el funcionamiento del instrumento. Nuestra motorización es toda la cadena muscular y tenemos que trabajar en todos los detalles que nos permitan ir más rápido.

Ahora estoy impulsando ese tema acá, en Córdoba. Le pedí permiso a la Federación de Canotaje para empezar pronto con la capacitación de entrenadores mediante conceptos mecánicos y físicos. Gracias a esos conocimientos, se mejora el rendimiento en décimas o centésimas de segundo. Parece poco, pero son detalles que definen una carrera: siete centésimas dividen al primero del séptimo, en esa línea vienen siete botes. Así se consagra un campeón del mundo.

EM: Tomaste la decisión de ir, durante un tiempo, a desarrollarte a Europa. ¿Cómo fue ese camino?

OQ: Mi desarrollo fue puntualmente en un pequeño pueblito de Alemania, Rodenkirchen, a orillas del Río Rin. Ahí fueron mis inicios en Europa, pero donde más crecí fue en República Checa, donde junto a otro argentino, comenzamos a realizar trabajos con la niñez y lo incorporamos al deporte olímpico. Los latinoamericanos realizan las pretemporadas o concentraciones en República Checa, que es un lugar muy neurálgico para el canotaje mundial.

OQ: ¿Integraste algún equipo representativo de Europa?

OQ: No, siempre que competí lo hice para Argentina. Llegué al tercer puesto en mi categoría a nivel nacional, y estaba precalificado para la selección. Pero en aquella época, 1982, estaba el mundial de Moscú, y en ese proceso, llegaba la Guerra de Malvinas. Eso frenó mi desarrollo como deportista, ya que, si bien no me tocó ir a la guerra, el servicio militar era obligatorio.


«Hay que considerar conceptos mecánicos y físicos, son los detalles que definen una carrera: siete centésimas dividen al primero del séptimo, en esa línea vienen siete botes. Así se consagra un campeón del mundo».


EM: ¿Se necesita una sinergia particular a la hora de competir en formatos de canotaje en dupla o incluso más participantes? ¿O alcanza con poner a los mejores juntos en un bote para asegurarse un buen rendimiento?

OQ: Claramente no alcanza con poner a los mejores juntos en el mismo bote. En primer lugar, porque varían los pesos, tengo que tener en cuenta que a veces los cuatro supuestos mejores sumergen demasiado al bote, le generan mucha presión y el elemento va muy cavado. Entonces necesitamos otro tipo de comunión. 

Hay estrategias, el que va ubicado en el último lugar es el que remata la carrera, es el que hace sentir su potencia para el envión final. El que va adelante es el más liviano. En un formato de cuatro deportistas en el bote, salen todos tirando su mayor fuerza en el comienzo. Luego, con cierto impulso, son los dos del medio los que mantienen el ritmo, el uno y el cuatro, es decir el primero y el último, hacen un trabajo más de acompañamiento en esa fase.

La idea es no cargar a todos con el mismo peso, porque son atletas con diferentes características. El último, por ejemplo, es una persona capaz de hacer un ejercicio típico de gimnasio ‘press banca’ con 150 kg de peso, en siete repeticiones. Y su momento en la regata es al final, él tiene que generar la inercia ahí.


El Parque Sarmiento es uno de sus lugares de entrenamiento de la Escuela de Canotaje Córdoba, aunque Quiroga busca trasladar algunas prácticas al Dique La Quebrada.


EM: ¿Cómo son las categorías de los atletas que presentan alguna dificultad física o discapacidad?

OQ: Se diferencian por distintas lesiones, ya sean de orden medular alta o diversas amputaciones. Existen también diferenciaciones de orden neurológico o psicológico. KL1, KL2, BL1, BL2, BL3, son algunas de las categorías. En las primeras hay una lesión medular alta y el deportista no siente, en caso de que tuviese, sus piernas. El torso y fundamentalmente la parte escapular son las que traccionan el bote.

En KL2, por ejemplo, compiten deportistas con doble amputación. Se van dando esas diferenciaciones, pero aún faltan categorías. No todos los accidentes son iguales, las percepciones son distintas, el cuerpo es tan complejo que a veces nos volvemos un poco injustos al momento de definir una categoría.

Esto hay que ampliarlo más, no puede quedar fuera de una categoría una persona que, ya de por sí, mantiene una lucha constante en su vida cotidiana. Incluso hay personas que no están incluidas por el Comité Paralímpico y no pueden participar en sus certámenes.

EM: ¿Cómo se trabaja para incorporarlos?

OQ: Yo trato de ir generando un grupo, trabajar las emociones y la autoestima del deportista. Este año, en Argentina, vamos a hacer un campeonato para incorporar a personas con síndrome de Down, Asperger y Trastornos del Espectro Autista. Esa gente tiene que estar y formar parte.

EM: ¿Hay una concepción distinta, en cuanto al objetivo, en el deporte adaptado?

OQ: En realidad es más complejo que el deporte convencional. Las percepciones son distintas, la evolución es diferente. Lo digo desde el punto de vista de entrenador, no cualquiera se encarga de esta tarea. Tiene que ser una persona tranquila, estudiosa, con un grupo de trabajo. El entrenador puede tener un don, pero por, sobre todo, debe tener paciencia para hacerse entender.