"Es la oportunidad de estas generaciones conscientes de dejar un mundo mejor a nuestros hijos y a nuestras próximas generaciones"

Lic. Natalia Boffelli

Asesora Pedagógica y Coordinadora Sopp Fundación Josefina Valli de Risso


Hace 42 días que nuestras vidas se vieron interrumpidas, porque no arrasadas por un virus, de golpe, de un plumazo, el caos se hizo presente y como todo cambio, depende desde donde se mire, ¿vaso medio lleno o medio vacío?

Seguramente, este cambio que vino como tsunami a la calma del mar o terremoto a la meseta, genere sus réplicas, oleajes de diferentes magnitudes, pero algo sí sabemos, todos vamos a ser alcanzados por este virus o sus réplicas, y aquí es donde me detengo ante la puerta cerrada o abierta, ante la negación o la oportunidad.

En estos días, muchos, por cierto, mi trabajo viró, mis formas cambiaron, mis contactos y sus modos, mi ingreso y egreso, todo se transformó. Cercanas o lejanas, observo actitudes, reacciones, pero como todos, desde mi burbuja, soy consciente como no lo fueron otras generaciones que vivieron la peste negra o las guerras mundiales o nuestras Guerra de Malvinas, hoy somos conscientes de lo que pasa, aún sin querer, aún con resistencia.

Claro está, que el cambio vino para quedarse, que hay cosas y/o situaciones que nos vulneran al punto de lo inimaginable, quizás o mejor dicho creo estar segura, es la oportunidad de estas generaciones conscientes de dejar un mundo mejor a nuestros hijos y a nuestras próximas generaciones; un “mundo mejor” literalmente, porque nos sucede a todos, en todo el mundo. La sincronía, asincronía, diacronía, no importa, en el momento o al transcurso de estos, llega con delay o no llega. Y sí, como decir que no a la oportunidad de algo mejor, en este caos.

Esta alerta y reaccionar en consecuencia, mirar y recrear lo que se ve o tiene, vivir y sobrevivir, observar y analizar tomando decisiones, logró poner en evidencia que el ser humano despojado de la maldad y del egoísmo, aferrándose a la solidaridad, puede adaptarse, a lo que sea y todos, más rápidos o más lentos, en el cargo o lugar, status o rol que estemos, somos iguales y nos llega la oportunidad.

Lo importante es no negarse ni resistirse a este cambio, que tocó a la puerta y sin permiso, entró por la ventana. Con esto hay algo que hacer, no aferrarse al conformismo de “es lo que hay” -palabras vacías de contenido-, hay que reinventarse, replantearse aún de cero, pero abriendo la puerta a esta oportunidad que no creíamos podía suceder y hoy podemos dar despliegue a la inventiva bien entendida.

Vemos al comerciante reinventándose; al empresario acomodándose o cambiando absolutamente su objetivo empresarial sea grande, chica o mediana; escuelas vacías y con tristeza por el silencio que las cubre, llegando a los hogares a pesar de todo; a las familias conociendo estrategias como roles propios y ajenos, y otros roles,  profesiones, oficios dejando el alma al servicio, almas desnudas y cubiertas de esperanza como lo son médicos, enfermeras, bomberos, policías, maestranza, técnicos e instrumentistas, y cuántos más haciendo lo que saben, lo que pueden, lo que aprenden, lo que crean para una nueva oportunidad de vida y modo de vida, nada más ni nada menos.

Porque algo hacemos todos y al mismo tiempo, y no nos estamos dando cuenta, estamos en la lucha por la vida, por uno, por el otro, y sin lugar a dudas: con la fuerza de la entraña esa que da la vida, con el corazón icono de las emociones, cerebros humanos con capacidad, desde lo rudimentario que es sobrevivir hasta desarrollo de altas capacidades humanas que nos marcan la creatividad, ingenio, reinvención de lo imposible en posible, para todos.

Un virus microscópico, adrede o por naturaleza, error o acierto, ya no importa, pudo con el mundo, pero no con la oportunidad de la humanidad y de su capacidad en sociedad de replantearse una nueva forma de vida y de modos de vida.

A pesar de la profundidad del dolor, de las tristezas o emoción de las lágrimas, de las pérdidas y los duelos, los cambios, lo que no fue o no hicimos, se nos presenta la oportunidad, un día soñado, soleado, nuevo, una obra de arte a diseñar, a crear, un nuevo olor del césped mojado, del ruido de la lluvia en el descanso, el abrazo de un amigo/a, la mirada de un padre, el arrullo de una madre, la caricia de un hijo, la sonrisa del enamorado/a, la oportunidad de lo nuevo, de un mundo reflejado en cuantos nacimientos que están sucediendo y llegarán.

Un virus microscópico, adrede o por naturaleza, error o acierto, ya no importa, pudo con el mundo, pero no con la oportunidad de la humanidad y de su capacidad en sociedad de replantearse una nueva forma de vida y de modos de vida.

Con sensaciones y sentimientos variados, pero frente a una oportunidad, con lágrima y llanto del recién nacido que no sabe dónde está, pero con las ganas de vivir que se aferra a la vida, nos demos la oportunidad de contar la historia, una mejor historia de la que formamos parte, cada cual desde donde está, sin ser más ni menos, con abrir la puerta a un mundo y modo de vida distinto y mejor. No estamos solos, en cada soledad hay alguien con esta oportunidad y el mundo la tiene, hoy.