Por: Martín Aliaga, Ignacio Bustos y Matías de la Rúa 4° IMVA – Juliana Atea y Frida Zacchino 4° IENM.
Muchas de las grandes ilusiones del fútbol de Sierras Chicas viajan en colectivos interurbanos. Es casi un leitmotiv: para crecer tener que sortear la distancia, armarte una rutina que te saca horas cada día e intentarlo en los grandes clubes de Córdoba.
La pregunta es entonces: ¿cómo acercar la jerarquía y la calidad de los grandes clubes de la provincia a las localidades del corredor? Parte de esa respuesta tiene mucho que ver con la historia de la Academia Talleres Mendiolaza.
Una historia que no tuvo su origen en un dirigente deportivo o un exjugador, sino en un padre que acompañaba a su hija de tres años a entrenar y que, desde el costado de una cancha, empezó a preguntarse por qué muchas familias de Sierras Chicas debían trasladarse para encontrar un espacio deportivo de calidad.
Ese padre es Mauro Paiaro quien reconoce entre risas que él nunca fue un gran jugador, sino más bien un “nueve rústico” de los picados entre amigos. Su relación con el fútbol se fortaleció mucho después, de la mano del vínculo entre su hija y la redonda.
“Ella con 3 años empezó a pedirnos a mí y a mi esposa ir a jugar, y la llevamos. En ese proceso mi mujer también se enganchó y no sólo la acompañó sino que también comenzó”, cuenta.

La experiencia también le permitió observar aspectos que, desde su mirada, podían mejorarse. Vestuarios inadecuados, instalaciones incómodas y espacios poco pensados para el crecimiento del fútbol femenino fueron algunas de las situaciones que terminaron impulsando un proyecto mucho más ambicioso.

Al respecto, resume: «Queríamos hacer un lugar donde las chicas y chicos estuvieran cómodos, donde las familias también se sintieran bien y donde la calidad fuera una prioridad». Así nació Club Mendio, un espacio deportivo, social y recreativo ubicado frente al Colegio Pías de Mendiolaza, que además de las canchas de fútbol incorporará gimnasio, canchas de pádel, cafetería y un quincho como parte de una propuesta integral.
El siguiente paso fue la llegada de Talleres. Si bien el club cordobés trabaja desde hace tiempo la expansión de su marca a través de academias, la coincidencia entre ambas iniciativas terminó convirtiéndose en una oportunidad mutua. Desde septiembre del año pasado comenzaron las primeras charlas, y apenas unos meses después, la Academia Talleres Mendiolaza abrió oficialmente sus puertas.
¿Qué implica la marca Talleres?

La impronta del club de Barrio Jardín atraviesa toda la actividad de la escuela. “Podríamos decir que el conjunto de actividades que se hacen acá, son más parecidas a la forma de trabajo de un club que de una ‘escuelita’”, cuenta Paiaro.
El proyecto no solo incorpora a profesores formados en Talleres, sino que también apunta a llevar adelante la misma metodología que aplica la “T” en sus categorías inferiores e infantiles.
“El método de trabajo es el mismo, -indica Paiaro- pero obviamente se realizan adaptaciones porque los chicos que están viniendo a jugar actualmente, están en un nivel inicial”. Esta metodología también incluye un mayor nivel y tiempo de entrenamiento que una típica escuela de fútbol, con una mayor carga horaria y una planificación profunda de los aspectos a desarrollar en cada clase.
Cada entrenamiento cuenta con objetivos definidos que se modifican a lo largo del año siguiendo una lógica similar a la que utiliza el club profesional. Asimismo, la propuesta excede ampliamente el aspecto técnico. Para Paiaro, formar un jugador implica también construir hábitos y valores que muchas veces resultan determinantes para el futuro deportivo.
Y ese enfoque también alcanza a las familias. Paiaro recuerda situaciones vividas en otros clubes donde los padres insultaban a los árbitros, cuestionaban entrenadores o trasladaban una presión innecesaria a los propios chicos. Según su visión, el deporte debe enseñar mucho más que cuestiones tácticas o técnicas.
«Lo que pasa alrededor de la cancha también educa», afirma. Actualmente en la academia funcionan categorías mixtas Sub-10, además de divisiones Sub-13, Sub-15 y Sub-17. Mientras tanto, se busca consolidar también el fútbol femenino con categorías específicas.
Una comunidad que crece junto al deporte

Mientras continúan las obras del gimnasio, las canchas de pádel y otros espacios, el movimiento cotidiano comenzó a darle vida al predio. Las familias llegaron primero para alquilar, pero luego conocieron la academia y poco a poco empezaron a inscribir a sus hijos.
Sin embargo, la apuesta trasciende por mucho la cantidad de alumnos. En el corto plazo la academia apunta a comenzar a competir en torneo formativos. Mientras que, en el largo plazo, Paiaro pretende consolidar una verdadera cantera para Talleres de Córdoba.
«Nuestra mayor aspiración es perder jugadores», dice con una sonrisa. Es decir, que sean convocados por Talleres gracias al nivel alcanzado durante su formación.
Paiaro recuerda que el proyecto nació cuando su familia evaluaba emigrar al exterior. Durante ese proceso conocieron clubes donde el deporte funcionaba como un verdadero punto de encuentro comunitario y decidieron intentar construir algo similar, sin abandonar Sierras Chicas.
«Queríamos hacerlo acá porque vivimos acá y queremos generar un impacto positivo en nuestra comunidad. A nuestro modo de entenderlo el club es un lugar en el que la gente se junta, donde te podés olvidar del teléfono. Un espacio que nos hace bien a todos en lo deportivo, pero también en lo social y en la posibilidad de fortalecer el sentido de pertenencia», destaca.
Por eso, además de aspirar a que algún futbolista de la región llegue algún día a la Primera División de Talleres, espera que la experiencia sirva como inspiración para que aparezcan nuevas propuestas de calidad en toda la zona. De alguna forma, para quienes impulsaron este proyecto, el verdadero partido comenzó mucho antes de que rodara la primera pelota.

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