En el taller de la artista plástica Mariel Ruiz nacen muñecas personalizadas que cuentan historias y recuerdos en cada uno de sus detalles. Sus obras son elegidas para regalar ilusión y magia en un formato novedoso que captura la esencia de cada “soñador”.

Colaboración: Leonel Rocha y Pilar Robledo

4to Año, Instituto Milenio Villa Allende


Pasar de los lápices a los hilos y tijeras o saltar del papel al retazo de tela, son acciones recurrentes en el taller de la artista plástica Mariel Ruiz. Sobre su mesa, nacen muñecas que reflejan vidas e historias, muñecas que tienen alma y un mensaje para dar. Todas son acompañadas por un biombo pequeño, hecho a medida, que representa la “atmósfera” donde cada una vive y, en ocasiones, termina de complementar el motivo de su nacimiento, ya que allí suelen alojarse frases u objetos significativos.

Sucede que muchas de las creaciones de Mariel son “a pedido”, muñecas de trapo personalizadas según los deseos de sus “soñadores”, como Ruiz llama a las personas que le encargan estas pequeñas piezas de arte. Ella les da forma y vida con cada puntada, inspirada en cartas, fotos, canciones e historias.

Sus muñecas incluso llegan a representar actitudes humanas, como la simpatía, o bien recuerdos y hasta mensajes, expresados a través de objetos simbólicos (un espejo, un moño o una guitarra pueden parecer simples detalles, pero encierran un gran significado para las personas a quienes van destinadas).

Estas obras, hechas con diversos materiales, recuperan ese valor especial que se les da a los juguetes en la niñez, cuando su poder va mucho más allá del simple entretenimiento. “Cuando somos chicos, los muñecos son seres que viven, respiran, nos acompañan, los metemos en la cama, los sacamos a jugar. Me pareció que era el objeto por excelencia, donde se podían trabajar y resignificar muchas cosas”, señaló la artista sobre sus motivaciones.

“El que cree en la vida que tienen las cosas, porque tiene un poco alma de niño, cree en los muñecos. Es como revivir lo mágico del mundo y de la infancia. Quien recibe un muñeco a través de lo que yo hago, lo siente de esa manera. Por ahí lo que yo ofrezco es esa ilusión de creer en el juego y en la vida. Esa es la magia, el alma que le ponemos al muñeco”, explicó Ruiz.

Camino propio


Para conocer más sobre la artista y sus peculiares obras: Mariel Ruiz Art Dolls (en Facebook e Instagram).


Recordando sus orígenes, Mariel habló sobre sus primeros pasos en el descubrimiento de su vocación artística. “Empecé de muy chiquita. Vivía en un pueblo muy pequeño de Buenos Aires, de esos con calles de tierra, donde el tren pasaba sólo tres veces por día. Hablar de arte en un lugar así y en una familia donde tampoco había artistas, fue difícil. Pero mis padres escucharon mi inquietud y así empecé un taller”, contó la artista rememorando su infancia, ese tiempo de imaginar y maravillarse por todo.

Antes de terminar el secundario, ya daba clases en su pueblo natal. Al recibirse, empezó a estudiar arquitectura, pero la carrera no tenía la veta artística que esperaba. Así, pasó a la Escuela de Bellas Artes (en Buenos Aires), donde encontró “su lugar”. “Siempre me sentí como un bicho raro, pero en la escuela había muchos bichos raros como yo, así que todos hablábamos el mismo idioma”, contó entre risas.

Hace diez años, decidió mudarse a Río Ceballos, donde instaló un taller de expresión artística en su propia casa, para así cumplir con el rol simultáneo de madre, artista y docente. Allí da clases a niños, adolescentes y adultos, aunque hoy esas enseñanzas se han trasladado a la virtualidad de internet.

Dar alma


“El que cree en la vida que tienen las cosas, porque tiene un poco alma de niño, cree en los muñecos. Es como revivir lo mágico del mundo y de la infancia. Eso es lo que busco ofrecer con mi trabajo”


Las particulares creaciones de Mariel nacen en parte de su familia, de mujeres inmigrantes y costureras. “A lo mejor lo que pasó es que me crié en una casa donde todo el amor tenía que ver con las telas, el hilo y la aguja. Recuerdo que mi madre (que era costurera, al igual que mi abuela) me hacía muñecas de trapo. Cuando estudié en la Escuela de Bellas Artes me especialicé en escultura, me gustó el diseño, el volumen, hablar con el espacio, y siempre me pareció que la tela era un material hermoso para trabajar”, detalló Ruiz.

Aun así, el desarrollo de muñecas personalizadas fue un poco accidental. “Empecé haciendo muñecas que hablaran de cosas que me interesaban a mí y, paulatinamente, la gente empezó a pedirme su propia muñeca para regalar. Así, empecé a trabajar para otros, haciendo muñecos con alma, el alma de esas personas que me cuentan una historia, me mandan una foto o me escriben una carta, que luego yo resignifico en las obras. Yo pongo a su disposición mi oficio, pero el que me pide una muñeca, se entrega completamente”, explicó la artista.

Una crisis para el cambio



El momento de aislamiento social que atraviesa el país y el mundo a raíz de la enfermedad COVID-19 afecta a cada uno de distintas maneras. Desde su rol de artista, Mariel Ruiz reflexiona sobre la otra cara de la pandemia y lo que puede enseñarnos. Así nació su nueva muñeca (actualmente en proceso de creación), a la cual bautizó “Reina Covid”.

“Trabajo a la Reina Covid desde un sentimiento. Para mí, lo que nos está ocurriendo, en algún punto, es necesario. Me sorprendió cómo la naturaleza se está recuperando en ausencia del hombre y decidí crear desde ese lado, y no desde el miedo o el dolor. Por eso la muñeca tiene una falda con animales y peces en ronda, bailando”, explicó la artista. “Estos momentos son difíciles de entender, pero, a pesar de todo, creo que estamos en el lugar indicado, trabajando en lo que tenemos que trabajar como sociedad”, concluyó.