Ezequiel Juncos, profesor de educación física y propietario de un gimnasio en la ciudad de La Calera, presenta una alternativa de clases para la inclusión y formación de personas con diversas discapacidades.

Ezequiel Juncos, profesor de educación física y propietario de un gimnasio en la ciudad de La Calera, presenta una alternativa de clases para la inclusión y formación de personas con diversas discapacidades.

Colaboración: Agostina Budrovich


Son muchos los estigmas que se tienen en la sociedad acerca de las personas con discapacidad. La psicología social usa el término “estigma” para referirse a «un atributo especial que produce en los demás un descrédito amplio«.

Durante años se fueron instalando ideas y tabúes, y son estas las que producen que el trato para con ellos no sea el adecuado. “Si los tratas con lastima, no van a avanzar y si pensás que ellos pueden, lo van a lograr”, el pedido de Ezequiel Juncos es claro: necesitan ser tratados como iguales y motivación.

Desde sus inicios en el área de la enseñanza de la educación física, Ezequiel ya tenia bien en claro que era “un amante de la educación y la docencia”.

Sus ganas y motivación lo llevaron a que su gimnasio sea uno de los más concurridos de la zona, ubicado en La Calera (Los Álamos esquina Los Tulipanes – Intercountry), no solo por el reconocimiento de su trayectoria, sino también por la adaptación que él y sus compañeros emplean para que niños y adultos con diferentes discapacidades (como paraplejia, parálisis cerebral, síndrome de down, asperger…) puedan realizar todas las actividades que se propongan, sin discriminarlos, ni limitarlos.

Ezequiel Juncos brinda un espacio para todo público.


Como profesor, destacó que “en varios casos los docentes de la educación física no saben accionar correctamente en una clase ante la presencia de un niño con discapacidad, ya que usualmente se les pide realizar actividades que no impulsan la inclusión con el resto del grupo”. Además, como instructor de gimnasio resaltó que la mayoría de los profesores de educación física “no están preparados y capacitados para dar clases a todo público en general”.

Su equipo de trabajo, compuesto por cinco profesores y profesoras de educación física, busca a través del deporte y la motricidad que las diferencias no sean una prohibición para realizar ejercicios. Tratando de explotar aquello en lo que cada uno sea bueno: “El objetivo es brindarles alternativas a los alumnos para que ellos mismos puedan adaptarse lo mejor posible a la sociedad, el deporte y a la vida”, aseguró Juncos.

Juncos adapta distintos ejercicios según las necesidades de cada alumno.


Para comenzar las clases, primero realizan una evaluación que se lleva a cabo durante dos meses, en la que mediante juegos determinan el desarrollo de la parte cognitiva y la movilidad articular. Asimismo, trabajan dentro de las barreras de los límites y las reglas, de este modo, ayudan a corregir conductas y desempeñarse en la sociedad. Ezequiel denomina su método de trabajo como “L.E.N.A. (Límites En Niños y Adolescentes)



Considero que todos somos capaces de hacer todo dentro de nuestras posibilidades, siempre exigiéndonos. Es mi filosofía de vida, la exigencia es la clave para incentivar a los alumnos para no aflojar y continuar avanzando cada clase”, asegura Juncos. 

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Auto – superarse



Juncos contó que el proceso de cada niño es diferente. “Cada uno sigue su propio ritmo, tiene sus propias limitaciones y sus objetivos por vencer. En cada paso que dan están acompañados por los profesores y sus familias, quienes cumplen un papel fundamental en el proceso de sus hijos”, aseguró.

Y destacó que los instructores deben tener los conocimientos básicos de anatomía, psicología y psicomotricidad, pero sobre todo, que existan “ganas” para generar cambios y trabajar sobre la problemática que atañe a cada alumno, impulsándolos a ir más allá de lo que ellos creen que pueden hacer. “Especulan mucho con su discapacidad y si no los motivan se dejan estar”, agregó.

En esta línea, el profesional agregó: “Los padres son quienes más influencia tienen sobre el avance de sus hijos, de ellos depende gran parte de los comportamientos del niño. Su mala conducta y su dificultad para acatar órdenes, derivan de la sobre-protección. La mayoría de las veces, es una cuestión de que ellos no les ponen límites, y a raíz de la discapacidad les tienen lastima”. 

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Paramaratón

En la búsqueda de la empatía y la inclusión, Ezequiel Juncos propuso una actividad, la cual había sido planeada sólo para sus alumnos y sus familias, pero debido a la gran divulgación terminó convocando a más de 300 personas.

El objetivo era crear un evento donde cada integrante participara en igualdad de condiciones, por lo que en cada tramo se propuso un desafío diferente.

Los primeros metros se correrían con los ojos vendados, los siguientes con las manos atadas, luego con las rodillas atadas y los últimos metros, libres. De este modo todos los participantes pudieron vivenciar, de algún modo, lo que les ocurre a las personas con diferentes discapacidades.

La maratón inclusiva contó con la participación de 300 personas.


Cobraron una entrada mínima, con la cual se cubrieron los gastos básicos de la organización, y lo restante fue donado al Hospital de La Calera. Fue tal el éxito que la Municipalidad ya propuso a los organizadores planear una segunda edición, con más sponsors y una convocatoria que supere a la anterior. La idea es realizarla durante el mes de septiembre.