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Las dueñas del in-goal


Florencia Brito y Giuliana Scurto son dos referentes del rugby en Sierras Chicas. A base de talento y determinación, destierran preconceptos y dejan su huella en un deporte que ya les pertenece.


Apenas seis meses atrás, se realizó en el Club Universitario de Buenos Aires una votación que ponía nuevamente sobre la mesa el debate sobre el lugar de las mujeres en las diferentes esferas sociales. Sucede que, lo que se elegía en los comicios de uno de los clubes más antiguos de todo el país, era justamente la inclusión (o no) de las mujeres como socias de la institución.

Siguiendo esa línea, un 73% del electorado (totalmente masculino) optó por la lógica e incluyó a las chicas como “socias plenas”, en detrimento del anterior título de “asociadas”, que solamente contemplaba a las esposas, hijas o madres de un hombre socio.

El deporte predilecto de Club Universitario es el rugby, una disciplina que en Argentina pertenece a la extensa lista de deportes “vedados” para las mujeres. A pesar de la contundente victoria del “sí” en torno a la asociación del género femenino al club, la asamblea de socios determinó que sólo podrían participar de las actividades “sociales y culturales”, manteniendo de esta forma la entrada prohibida a los espacios deportivos de la sede central.

A pesar de esta victoria a medias, existe en el panorama nacional una tendencia en amplio crecimiento, que sitúa a diferentes disciplinas como espacios apropiados por las mujeres, y el rugby, deporte de contacto por excelencia, está lejos de ser la excepción.

El reflejo de este notable progreso son los grandes rendimientos del seleccionado argentino de rugby femenino y los diferentes programas que integran a las mujeres bajo un proyecto deportivo nacional, con concentraciones regionales, planes de juego, entrenamiento y nutrición.

Miles de jóvenes de todo el país se encuentran dispuestas a echar por tierra los preconceptos de debilidad o falta de capacidad para jugar a un deporte que lleva la exigencia física al punto máximo. En ese sentido, Florencia Brito y Giuliana Scurto, de Río Ceballos, medio scrum y centro, respectivamente, del ACV de Villa Allende, son parte de esta poderosa tendencia e intentan, cada vez con más fuerza, abrir caminos en el mundo ovalado.

El Milenio: ¿Cómo comenzaron a practicar este deporte?

Florencia Brito: Yo empecé rugby por invitación de una amiga. Fui, probé y no me gustó, no quería volver más. La primera vez que entrenamos hicimos mucho choque y la verdad es que yo no estaba para nada acostumbrada. De hecho, nunca había hecho algo parecido, por mi tamaño quizás. Con el correr de los entrenamientos le empecé a agarrar el gusto, me fascinó el tema de la técnica, que es súper importante, y a partir de ese momento no frené más.

El Milenio: ¿Qué modalidad de rugby practican?

Giuliana Scurto: Al principio jugábamos seven. Luego, desde hace un año, comenzamos a jugar rugby de diez y, recién hace un par de semanas, participamos de un primer encuentro de rugby tradicional de quince jugadoras.

EM: ¿Pasaron por diferentes clubes? ¿Qué lugar se le da al rugby femenino en cada uno de ellos?

GS: Nosotras arrancamos en Sierras Chicas Rugby, pero no le daban mucha importancia al rugby femenino, por lo cual decidimos irnos al ACV, donde se ha desarrollado muy bien el rugby de mujeres. De ahí pasamos a Estudiantes de Córdoba, un club que está directamente anclado en el rugby femenino como pilar, y por último, volvimos hace un tiempo a armar el equipo del ACV.

EM: ¿Recibieron críticas por practicar rugby siendo mujeres?

FB: En mi caso sí. Siempre fui la más chica en casa y pensaban en mi tamaño, que no estaba capacitada, que me iba a golpear, que no es para mujeres. Al principio no tuve mucho apoyo. Pero por suerte eso duró sólo hasta que me fueron a ver jugar y vieron todo lo que disfruto adentro de una cancha. A partir de ahí me empujaron un montón.

EM: ¿Cómo manejan el tema de las lesiones en un deporte de tan alto impacto? ¿De qué manera entrenan?

GS: Nosotras tenemos dos días de entrenamiento, a eso le agregamos rutinas de gimnasio y hacemos fisioterapia. Está claro que en el rugby ocurren muchas lesiones, pero la idea es darle importancia a la prevención y el cuidado. Siempre hacemos tareas regenerativas para evitar lastimarnos.

FB: Además de eso, está toda la parte técnica del juego, que aprendemos en el club. Ahí nos enseñan cómo caer, cómo evitar golpes y cómo resolver una situación de juego sin ponernos en riesgo.

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EM: ¿Cuántos clubes cuentan con rugby femenino en Córdoba? ¿Existe suficiente competencia?

GS: En toda la provincia hay alrededor de treinta clubes con rugby femenino. El problema es que no cuentan aún con suficientes jugadoras.

FB: No todos llegamos a las quince jugadoras. Por lo tanto, lo que hacemos son encuentros en los que fusionamos equipos para poder competir todas. La idea más que nada es disfrutar del juego.

EM: ¿Con qué tiene que ver este crecimiento del rugby femenino?

GS: Yo creo que tiene mucha relación con el movimiento feminista.

FB: Tal cual, incluso muchas mujeres apuestan a este deporte para probarse, para dar cuenta de que están capacitadas para hacerlo de la misma manera que los hombres. Ya no hay tanto prejuicio alrededor del rugby.

GS: Hasta hace poco tiempo, los primeros comentarios siempre eran “estás loca, parecés un macho”. Ahora se empezó a cortar eso y es bastante liberador, para que más chicas se animen. Cuando nosotras empezamos en el ACV, éramos uno de los primeros equipos del interior de la provincia en tener rugby femenino. En el primer año, de hecho, no pertenecíamos a la Unión Cordobesa, que en ese momento abarcaba apenas al Club Universitario, a la UNC y algunos clubes más de primera en masculino.

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EM: ¿Se volvían dispares los enfrentamientos?

GS: Totalmente. Nosotras no podíamos armar un amistoso con ellas, porque aún no estábamos en ese nivel como equipo. Si bien entendían la situación, una vez que entramos a la cancha somos rivales y no te la van a dejar pasar por ser nueva. La adrenalina del juego nos lleva a defender nuestra camiseta con todo.

Por lo tanto, en un principio buscábamos equipos de otros lugares, con un nivel parecido al nuestro. El plantel se disolvió en su momento, justamente por ese motivo, la falta de competencia local. Es muy difícil seguir entrenando cuando llega el fin de semana y no podés enfrentarte a otras. Nosotras decidimos lucharla y entre todas volvimos a armar el equipo.

EM: ¿Tienen la cantidad de jugadoras necesaria?

FB: No completamente. De todas formas, eso no es problema, porque nos juntamos con otros clubes. Por ejemplo, Arroyito es otro equipo que no llega a completarse, pero nosotras, con tal de jugar, nos mezclamos. Vamos adaptando las reglas también porque lo más importante es que se acerquen cada vez más chicas.

EM: Es un desafío también para muchas chicas.

FB: Sin dudas. Porque se asume un compromiso y es difícil para las que recién empiezan. Es muy importante ir al gimnasio al menos tres veces por semana.

GS: Te empieza a gustar y las exigencias van creciendo. Yo, por ejemplo, además del entrenamiento normal, al ser la pateadora del equipo, voy un par de horas antes al entrenamiento a practicar tiros a la H, y luego, cuando se va la mayoría, sigo una hora más.

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EM: ¿Por qué la identificación con ACV en particular?

FB: Por el trato que recibimos fundamentalmente. Nosotras somos mujeres que vamos a entrenar después de trabajar o estudiar y lo primero que recibimos al llegar al club es alguien que nos pregunta “cómo te fue en la facultad o en tu trabajo”. Hay una gran predisposición y eso suma mucho.

EM: ¿Los entrenadores son hombres?

GS: Así es. Salvo el año pasado, en Estudiantes de Córdoba, donde teníamos un entrenador varón y una preparadora física mujer. Es súper difícil para ella, porque muchos entrenadores no ven con buenos ojos la idea de que una mujer comande a un equipo o un grupo de trabajo en rugby.

EM: ¿Fueron tenidas en cuenta para el seleccionado cordobés?

GS: El año pasado, jugando en Estudiantes de Córdoba, quedé preseleccionada por mi equipo para pelear un puesto en el seleccionado. En 2018, el plantel ya estaba fijo y muy bien armado, de modo que no incorporaron jugadoras nuevas. Este año, en cambio, me llamaron para avisarme que estaba entre las backs que están observando para el conjunto, pero que debía volver a sumar minutos de competencia. Por suerte pude realizar el fichaje y los estudios que te piden, que no son nada baratos, gracias a la ayuda de mi club, el ACV, que me apoya.

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